miércoles, 28 de septiembre de 2011

El estado de la Unión: Agallas y Eurobonos

No se le podrá acusar de nula visibilidad. Barroso nos ha ofrecido este miércoles en Estrasburgo el discurso más audaz de cuantos ha pronunciado en su carrera política. Reconocidas sus agallas hasta por parte del jefe de filas socialista en la eurocámara, Schulz, el presidente de la Comisión manda contundentes mensajes a muchos. Empezando por Obama, quien en fechas recientes acusó a los jefes de Estado y de Gobierno europeos de tardanza e indolencia, y siguiendo por ese conglomerado que forman los mercados, cuyas impresiones se traducen en episodios de nerviosismo e inestabilidad especulativa. Barroso les exige su peaje a los banqueros (deberían pagar una tasa en concepto de transacciones financieras por valor de 55000 millones de € anuales), recordando que comerciantes y agricultores pagan su precio por sostener un mercado interior, concebido para garantizar la libertad y mejorar la oferta para consumidores y productores. Nunca está de más recordar las bonanzas de pertenecer a una unión de Estados, cuando precisamente las trabas que perviven crear situaciones de injusticia entre sus integrantes. La eurozona ha sido un blanco fácil, y las sutilezas de las relaciones políticas y económicas entre los Estados miembros a veces no son perceptibles con claridad. El líder de los populares europeos, Daul, ha recordado a Barroso su función de líder del gobierno económico europeo. Mercados y políticos se necesitan mutuamente, y si se le achaca a la Unión Europea falta de liderazgo, es de justicia reconocer que Barroso nunca ha dado su brazo a torcer y ha situado a la Comisión en el eje de la iniciativa política. El presidente del Eurogrupo, Juncker, reclamaba ayer una mayor velocidad decisoria en la acción política europea. Una vez más, se trata de garantizar la capacidad de los agentes de gobierno de los que nos hemos dotado, por un lado el Parlamento como cámara deliberativa y, por otro, la Comisión como órgano independiente en la iniciativa legislativa. Tal vez en apariencia -sólo en apariencia- nada haya cambiado con el discurso de esta mañana, pero en sede parlamentaria ha quedado de manifiesto una triple voluntad; la de resistir con Grecia (que reduce la desmesura de su Estado hasta vendiendo activos nacionales) mientras mañana jueves el Parlamento alemán aprobará la ampliación del fondo de rescate común; la de que los gobiernos asuman el ajuste estructural, que no es ajeno a prácticamente ningún Estado miembro, cuando de facto estamos en una mancomunidad de riesgos; y la de demostrar que existe una verdadera unión política mutuamente comprometida. Hasta ahora, el Banco Central Europeo ha ejercido el poder monetario y ha adquirido deuda de los Estados periféricos, pero se asegura en corrillos que a finales de este año 2011 la figura de los Eurobonos será una realidad tangible, con mayor o menor flexibilidad, con o sin reforma del Tratado… El discurso de Barroso, por fin, recupera el método comunitario, asentado en los conceptos de estabilidad y desarrollo de capacidad supranacional. Su solidez y el respaldo recibido por la gran mayoría de grupos parlamentarios, recuperando viejos consensos, levanta la pared maestra para una unión fiscal en la Eurozona.