jueves, 30 de septiembre de 2010

Barroso en el papel de policía malo

Ayer miércoles 29 de septiembre, coincidiendo con una marcha de centenares de trabajadores en Bruselas contra las medidas de austeridad (y en varias ciudades españolas en el contexto de una huelga general), el presidente Barroso aprovechó para incidir sobre los problemas que ha generado el endeudamiento de algunos gobiernos, dificultando la llegada de dinero público a educación, sanidad o pensiones. Es duro admitir que no somos competitivos o que nuestros salarios son demasiado elevados, cuando tan complicado resulta cuadrar las cuentas personales. Otro tanto les ha ocurrido a algunos gobiernos que no han sido demasiado previsores. La Comisión, sutilmente, culpa de irresponsabilidad a los Estados miembros, y decide realizar ese anuncio precisamente en una jornada de movilización sindical en Europa.

Así, no parece casual que Barroso en su intervención de ayer asegurara que millones de ciudadanos en Grecia y otros países estaban pagando las consecuencias de políticas irresponsables o cortoplacistas. Por eso, en nombre de la Comisión, ayer mismo presentó un paquete legislativo diseñado para controlar el gasto, los niveles de deuda (no superar el 60% del PIB) y la pérdida de competitividad de los Estados miembros, acompañado de un sistema de multas para los países de la eurozona que incumplan las conocidas normas presupuestarias del viejo Pacto de Estabilidad y Crecimiento. Las multas se concretan en obligar a los gobiernos a aportar el 0,2% del PIB a un depósito, a modo de ejemplo, y según los datos de 2009 (del FMI) Irlanda debería pagar 330 millones de euros y España 2,1 billones de euros.

Como es conocido, hasta ahora jamás la Comisión ha multado a ningún Estado miembro, a pesar de que los incumplimientos del PEC fueron constantes, e incluso cuando en 2005 Francia y Alemania llegaron a superar los límites de deuda, finalmente se hizo un giro legal para eludir la sanción. Pésimo precedente que explica que en la actualidad no se concrete ninguna multa, a pesar de que hay varios Estados miembros que incumplen los criterios de deuda. Preguntado al respecto, Barroso justifica este hecho en el momento crítico que atraviesan todos los países, por la crisis.

Cabe decir que esta batería de propuestas son fruto de las deliberaciones producidas en el seno de la que se conoce como Task Force, presidida por Van Rompuy, y constituida por los 27 ministros de Economía y la presidencia del Consejo. Este tipo de propuestas no suenan demasiado novedosas, pero sí lo son en el sentido de que la pretensión es que sean aprobadas en el Consejo de Jefes de Gobierno, para que se adopten por el procedimiento de mayoría cualificada. Sin embargo, preocupa la oposición de Francia, que recela del intervencionismo y la pérdida de influencia política directa. Novedosas o no, lo cierto es que la Comisión pretende elaborar un plan de seguimiento de indicadores macroeconómicos, para vigilar las divergencias en la eurozona, cuya viabilidad correría peligro debido a las fuertes asimetrías competitivas. Hay países que fomentan salarios altos o sistemas de pensiones elevadas, mientras otros reducen salarios para ser competitivos y exportar, como es el caso alemán, algo que dificulta el equilibro que precisa una moneda única. Sin embargo, la Comisión ha ido más allá, y lejos de circunscribirse a la eurozona, propone introducir un sistema de multas (vía reducción de transferencias comunitarias) para los Estados miembros no pertenecientes al euro, que no sigan las directrices macroeconómicas de contención.

Este anuncio de ayer marca un nuevo punto de inflexión y culmina algunas de las propuestas que se han venido lanzando desde Bruselas, como lo fue la aprobación en el ECOFIN de la supervisión de los presupuestos nacionales desde las instituciones comunitarias, que en las últimas semanas ha sido muy cuestionada por los analistas, ya que dudan de su vinculación con un aumento de la competitividad o la mejora de la situación económica de la Unión. Recordemos que el mecanismo de supervisión presupuestaria tendría por fin detectar inconsistencias y desequilibrios, con la intervención del ECOFIN, aunque no deja de cuestionarse la eficacia de este mecanismo si no va acompañado de sanciones, quedando en apenas un ejercicio de presión moral sobre los gobiernos y la opinión pública.

A pesar de todo, el reconocimiento de que Bruselas realiza una supervisión explícita sobre las cuentas de los Estados miembros es visto por algunos como una interferencia en la soberanía fiscal de los países, sin la contrapartida de un gobierno económico que permita establecer una redistribución fiscal adecuada. La cuestión que se plantea ahora es hasta dónde pueden llegar las sanciones y si se contempla la posibilidad de expulsión de los Estados incumplidores, o si por el contrario se recurrirá a sanciones efectivas o reducción de los fondos estructurales, etc. En todo caso, se trata de un paso más en la pérdida de la soberanía nacional, al margen de las reformas del Tratado, ya que para aplicar esta supervisión previa no se necesitaría reformar la legislación comunitaria vigente, algo que sí ocurriría en caso de que se optara por suprimir el derecho de voto en el Consejo. Se trata de un paso hacia el gobierno económico, aunque si no se implementa adecuadamente y no tiene su reflejo en sanciones reales, amenaza con convertirse en un fracaso más en los sucesivos intentos por articular algo parecido a un gobierno económico en la Unión Europea. Por cierto, Barroso no tiene miedo a desempeñar el papel de "poli malo", lo cual es meritorio en los tiempos que corren.
 
* Imagen de Reuters/Yves Herman

domingo, 26 de septiembre de 2010

European Day of Languages

Avui dia 26 és el Dia Europeu de les Llengües. Amb motiu d’aquesta celebració la delegació de la Comissió Europea a Londres ha organitzat i promogut una mena de dia dels blocs multilingües, amb l’objectiu de motivar als blocaires europeus a fer l’esforç d’escriure un post en almenys una altra llengua europea diferent a la seva. Afirmen els organitzadors de la jornada que d'una manera creixent els ciutadans d'Europa i del món necessitem conèixer altres llengües per treballar amb eficàcia i desenvolupar les nostres relacions socials. Una sola llengua mai no és prou, i l'anglès, encara que sovint ho sembli, no és la única. Especialment a Europa, un continent molt ric en llengües, que esdevenen una eina per fer servir, parlar, escoltar, sentir, obtenir reconeixement i afecte i, al capdavall, una comunicació de major qualitat. La missió és fomentar el plurilingüisme, l’interès per altres llengües i cultures i fer conèixer les 23 llengües oficials a la UE.

Com poden veure estic escrivint en català que, malgrat no ser una llengua oficial a la Unió Europea, té un important àmbit d’influència i gairebé 10 milions de parlants a diferents regions d’Espanya, França i Itàlia, a més de ser la llengua oficial a Andorra. Potser l'adient seria parlar de literatura, l'expressió artística de les llengües, o recuperar aquells colpidors poetes europeus, però he decidit fer honor a la meva vocació de blocaire europeista i voldria aprofitar l'ocasió per fer una petita repassada als importants esdeveniments polítics que han tingut lloc aquesta setmana en l'àmbit comunitari en algunes de les llengües en què puc escriure amb certa correcció.

Continuaré escribiendo en mi lengua más habitual en este blog, el español, para luego seguir en inglés, francés y portugués. En este post querría resaltar la trascendencia de esta semana que cerramos en el ámbito de la construcción europea. Primeramente porque se ha reforzado la coordinación económica gracias a la decisión del Parlamento Europeo de poner en marcha las instituciones de Supervisión financiera, con el fin de evitar el riesgo de quiebra soberana en los países de la UE y, especialmente, de prevenir los desequilibrios en un mercado financiero que se ha mostrado altamente peligroso en un entorno desregulado. Sin duda, la gobernanza económica está creciendo a una velocidad asombrosa, a pesar de la oposición de algunos Estados miembros, como el Reino Unido, cuya capital Londres alberga el primer centro financiero mundial, y precisamente la necesidad de ceder soberanía es una de las grandes lecciones de la dura crisis que hemos vivido. Además de la evolución en la vertiente económica común, se han anunciado los primeros nombramientos del Servicio Europeo de Acción Exterior, con los que la UE pone cara (y nombres y apellidos) a los diplomáticos de diversos países de la Unión que desde hoy van a hablar en nombre de la UE, en una sola voz, en las viejas delegaciones de la Comisión, que ahora se reconvierten en embajadas comunitarias, por lo que no van a suponer un coste añadido al contribuyente europeo. Ambos hechos se caracterizan por una intensidad política enorme y además no tienen precedente en la historia de la construcción europea, y dan carpetazo a aquella sensación de letargo que se percibía de todo lo que tenía que ver con las políticas comunitarias. La Unión Europea, lejos de ser un ente estático,avanza con discreción y flexibilidad, sin dogmatismos. Mi deseo es que no sólo las circunstancias cambiantes sean las que fuercen los cambios, sino que el peso internacional de la UE crezca en armonía con el refuerzo de los lazos interiores, ilustrando así que se puede ser un actor creíble, que no actúa sólo por inercia, sin por convicción.

This week we have seen two developments at the European Union which, even they may not be intertwined, together represent the outcome of Monnet’s idea of Europe. Two new steps have been made in development of what I recall federality, or at least two facts that don’t conform to the theories of international relations. The European project is having a new momentum these days, despite this is not always welcome by some Member States, but this week the European Parliament has passed the Financial supervision package, ascribed to a number of factors beyond the financial crisis, and going far beyond the Treaty itself. Never before have had the European institutions adopted such an ambitious regulatory document.


I ask myself now what is behind this agreement and wonder if this means the Europa is taking the federal direction, bearing in mind this is a long-term commitment. Our challenge now is how to make economic governance work if we need to stick to facts rather than perceptions. The truth is that there are still fights over the extent to which the institutions should be allowed to defend EU law or even problems when applying EU policies by the Member States. This is the reason why we must reinforce the community method, together with the vital task of the European Parliament, which has shown a great commitment to the new economic governance.


As we know, the building of Europe has always been about the organization of power, though there is also an idealistic conception of Europe, which allows us to regard the EU as a part of a journey rather than a destination, because up to now Europeans have lived hard times, times when we could hardly agree about our precise destination. Today we are moving toward a new age of news forms of governance, but in the EU we have seen that national state actors are not in full control of the process any more. Some people have tended to overlook the existence of an EU agenda, ignoring the new decision-making process, no longer in the exclusive hands of national governments. European decisions are having an enormous impact on national policy agendas, but what about the people’s perception?


The mutual mistrust, the economic downturn, the weakness of leadership and so on have led us to a certain distortion and even misunderstanding of the original and famous motto “to an ever closer union among the peoples of Europe”. Worth observing there are peoples in Europe, but not just a single people, specially today when we stress our multilingual character, though is great to know that the European diplomacy is being set up, offering a new distinct European identity in world affairs.

L'Europe est formée par les cultures de différents pays qui possèdent un héritage commun, mais l’Union Européenne est une communauté de peuples, qui tend à se constituer politiquement. Par l’approfondissement européen il faut que l’Europe devienne un acteur stratégique de la politique mondiale, parce que les européens doivent se faire entendre dans les affaires du monde, avec une véritable stratégie de sécurité et développement et de coopération, pour dessiner de nouveaux espaces, expérimentent avec de nouvelles appartenances, une Europe solidaire avec les pays en développement, respectueuse de sa tradition humaniste. La Haute Représentante, Ashton, ha annoncé cette semaine la formation du réseau diplomatique européen, en une décision historique, en construire un service purament européen qui permet de travailler avec des partenaires stratégiques, et ça constituera aussi une épreuve de la capacité pour trouver un juste équilibre entre les intérêts des 27 États membres.

 
Europa já tem uma política externa e de segurança comum. O primeiro serviço diplomático unificado da União Europeia foi lançado com as primeiras nomeações esta semana, a realizar assim o velho sonho da política externa comum, passo natural trás o fim das barreiras internas e a consecução de moeda única. Além disso, é pertinente sublinhar que esta nova estrutura não custará um euro de mais ao contribuinte europeu. Este é um passo mais na consolidação do órgão que busca a independência diplomática da União Europeia, assim o poder do novo bloco europeu facilitará a interlocução com os outros atores mundiais para além da criação de novos partenariados. Também é notícia esta semana que o Parlamento Europeu decidiu aprovar a nova arquitetura europeia de Supervisão financeira, que estabelece três novas autoridades europeias na área da banca, mercados financeiros e seguros, consolidando assim os progressos na governação económica, porque deve existir um sistema de vigilância mútuo, pois as decisões de um país afectam todos os outros. Com o novo pacote de medidas os Estados deverão cumprir as regras, e até reforçarão a sua solvência ecomómica. Os movimentos indicam e antecipam que já está pronto um governo económico na Uniao Europeia.

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jueves, 23 de septiembre de 2010

Suecia y Turquía: paradojas en dos fronteras de Europa

El domingo pasado se produjo en Suecia la primera reelección de un presidente conservador en la era moderna de aquel país. La victoria de Reinfeldt nos debería invitar a reflexionar sobre cuál es la situación de un modelo del bienestar que tantos éxitos trajo al país nórdico y en el que muchos vimos nuestro referente. Sin embargo, el dato que incita mi preocupación, tras estos comicios, es el ascenso del extremista partido Demócratas de Suecia (SD), que ve así legitimado democráticamente un discurso de gran pobreza democrática. El gobierno del partido moderado podría verse amenazado por la parálisis que pudiera desencadenar un partido político que aspira a ser bisagra, cuyo ideario se sustenta sobre el miedo a la inmigración, o más específicamente al Islam, y que pretende construir una frontera cultural y política en plena Unión Europea. Ascenso que algunos medios vinculan con la ausencia de debate político sobre la inmigración, uno de los problemas más apremiantes, a pesar de ser considerado tabú por un exceso de corrección política en la contienda electoral. Tal vez eludir el debate no sea la forma idónea de trabajar por una mejor integración social, en un país en que abundan los guetos en las grandes ciudades. Hoy existen verdaderas sociedades paralelas en la periferia de las tradicionalmente abiertas y permisivas Estocolmo, Gotemburgo o Malmö, donde se constituyen núcleos en que se puede vivir sin hablar sueco. El hecho objetivo es que proliferan comunidades de origen musulmán, por ejemplo la iraquí (una pequeña ciudad sueca ya es popularmente conocida como Mesopotalje) en la que se han vivido ya algunas deportaciones por parte del gobierno sueco. Cuentan que centenares de personas han sido ya forzadas a regresar a Iraq, quedando posteriormente en un limbo de total indefensión, al ser rechazados en su propio país de origen por considerárseles ya cristianos. Estas situaciones son las que Europa no puede tolerar.

A pesar de que Suecia ha aplicado una importante restricción en los derechos de asilo y de las más recientes deportaciones, la inmigración sigue creciendo y parece un fenómeno difícilmente controlable. Por desgracia, el país escandinavo ha sido incapaz de integrar correctamente a las últimas oleadas de inmigrantes, debido a múltiples causas históricas, pero especialmente a la dificultad para emplear mano de obra no cualificada, causada por la reconversión de la vieja economía productiva, lo que ha generado bolsas de desempleo y ha lastrado la hacienda pública sueca, por no hablar de la creciente vinculación entre inmigración y delincuencia por parte de algunos formadores de opinión. Me pregunto si hay forma de suavizar la diferencia cultural o, simplemente, de vivir en un ámbito multicultural.

Siempre he apostado por el multiculturalismo en Europa. Como sociedad multicultural, también, somos paradigma de la convivencia entre modelos de conducta que se respetan desde la diferencia. Suecia podría ser un banco de pruebas. Los jóvenes suecos están acostumbrados a un elevado grado de libertad y autonomía desde la adolescencia, sobre todo en materia sexual (y baste a modo de ejemplo comentar que los padres suecos son más permisivos con el sexo que con el tabaco), mientras que muchos jóvenes procedentes de países musulmanes se ven sometidos a una férrea tutela paterna, importando así modelos sociales que son totalmente ajenos a los locales. Su presencia crece y con ella sus modelos de vida, algo que empieza a incomodar a un cada vez mayor número de ciudadanos suecos. No se esperaba una reacción así en una sociedad abierta, y por ello las causas merecerían un análisis sociológico profundo. Máxime cuando fenómenos similares de confrontación se vienen desplegando en Holanda, y en menor grado en Bélgica, donde también crecen las opciones políticas de carácter decididamente xenófobo, o incluso en Francia, que ha prohibido el velo integral, y donde se vive el pleno fragor de la polémica por la expulsión indiscriminada de la etnia romaní. Bien distinto es permitir que estos partidos condicionen la agenda política de un país, incluso de un continente como el nuestro, caracterizado en estos últimos sesenta años por una concepción del mundo plural y respetuosa con lo distinto.

Ahora bien, es pertinente que nos preguntemos ¿son el Islam y sus preceptos compatibles con la libertad y la democracia? La musulmana es una sociedad que no disgrega lo privado de lo público, que sacraliza la fe y que no ha dado el paso de relegar el Corán al ámbito estrictamente religioso, con todo lo que ello implica de retroceso cultural, perpetuación de situaciones de pobreza y marginalidad, incluso en aquellas sociedades que se hallan lejos del integrismo. Veamos lo que ocurre en una de las fronteras sur de Europa.

A unos 2000 Km. de distancia de Estocolmo, un turista europeo se acerca a una estampa poco habitual en Estambul, dos mujeres que sorben sendos cafés bien cargados a orillas del Bósforo. Las mujeres visten al estilo occidental, pero no hablan una palabra de inglés, algo bastante habitual en Turquía, donde por costumbre y tradición los jóvenes no pueden salir por las noches y están sometidos a una intensa vigilancia, incluso en las residencias de estudiantes. Se trata, una vez más, de un modo distinto de entender la individualidad o, yendo más allá, los derechos del individuo. Probablemente esta anécdota sea una entre tantas de las que nos ilustrativa sobre esas dos maneras distintas de concebir los valores prioritarios, pues incluso la democracia o los derechos humanos son percibidos de forma muy distinta entre un europeo y un turco.

Cuando reflexiono sobre cómo la Unión Europea debe afrontar uno de los debates imprescindibles para definir su futuro, el de los límites fronterizos externos, no dejo de referirme a esta unión en la diversidad que hemos fraguado, a los valores comunes que superan las diferencias políticas y la estrechez de miras de los gobiernos nacionales. Pienso en los casi 500 millones de europeos que vivimos bajo el paraguas de unas instituciones comunitarias, que cada vez son más representativas y democráticas y están más dotadas de capacidad de decisión y acción política autónoma. Unas instituciones que, ya estén situadas en Bruselas, Estrasburgo, Luxemburgo o Frankfurt canalizan la diversidad social y las inquietudes de las muchas sensibilidades europeas que han peleado siempre por su propio concepto de la prosperidad y el bienestar.

Y aunque Europa ha llevado la avanzadilla en los valores del humanismo, ha sido cuna del Renacimiento y de la Ilustración, aunque muchos europeos alberguemos en nuestro interior a un librepensador, mucho es el trecho por recorrer en conseguir una sociedad más justa, equitativa y cohesionada. Hace pocas décadas en muchos Estados miembros no existía el derecho al voto para la mujer, hoy todavía seguimos movilizándonos por la igualdad salarial o por unas instituciones comunitarias paritarias. Entretanto, las mujeres turcas apenas están empezando esa particular lucha por abrirse un hueco en una sociedad de hombres, y un día cualquiera, como hoy, apenas se ven mujeres solas en Estambul, muchas llevan el rostro cubierto, incluso hay algunas que usan peluca para evitar el velo y poder llevar su pelo cubierto, como símbolo de recogimiento.

Para una europea estas tradiciones son absolutamente inconcebibles, por no decir humillantes. Simbolizan el sometimiento total al hombre. El manto de la religión, o de la tradición, oculta el dominio de unos valores que relegan a media sociedad, a las mujeres, a permanecer al margen de los ámbitos de poder, y cabe preguntarse hasta qué punto está un estado que fomenta estos comportamientos preparado para asumir el laicismo, o para separar con nitidez los preceptos de la iglesia de las leyes del estado. El presidente Erdogan alardea de haber dejado atrás la teocracia, presume de que Turquía es un estado laico, democrático y en notable crecimiento económico. Económicamente no hay argumentos para oponerse a la adhesión turca, hasta el punto de que Turquía sería un gran activo para la Unión Europea desde el punto de vista comercial, estratégico y energético. Sin duda, esta valoración más estratégica es la que invitaría a soslayar los excesivos miramientos culturales, primando la potencialidad económica de una alianza plena con los turcos. La OCDE ha señalado en su último estudio que el PIB de Turquía aumentará un 6% en 2010, gracias a la estabilidad financiera y a un sector empresarial que mantiene su dinamismo, aunque el mismo informe también revela debilidades en el sistema fiscal, la opacidad de la hacienda pública, o la baja productividad laboral y el frágil mercado de exportaciones.

No olvidemos que Turquía ya es socio comercial de Europa, aunque de un modo no exento de conflicto. Baste mencionar que en la legislación y administración turcas persiste la discriminación hacia empresas extranjeras, asunto sobre el que este martes se votó una resolución en el Parlamento Europeo. Y a pesar de que Turquía se abra paso hacia el progreso económico (e incluso votó una reforma constitucional de tinte europeísta) tiene demasiados puntos negros en su trayectoria más reciente, ya que vive en permanente conflicto con kurdos o armenios, sin olvidar que se resiste a perder unas tradiciones que -cuando superan el ámbito estrictamente privado- podrían colisionar con las costumbres sociales europeas. Resulta ilustrativo el dato de que la mayoría de turcos no apoya la adhesión a la Unión Europa y desea alejarse de los valores occidentales. ¿Hasta qué punto hará mella la sociedad de consumo en aquél país o en el mundo musulmán en general? El tiempo lo dirá. Puede que esta diferencia en la concepción del mundo sea achacable a que las verdades no son absolutas, sino que dependen del contexto y del punto de partida de cada ser humano y su circunstancia, pero es más necesario que nunca trabajar en el ámbito de los puntos de encuentro y no incidir en lo que nos separa, es un reto que no puede esperar y que decidirá el futuro de la generación que nos sucede. El esfuerzo corresponde a ambas partes.

*Imagen: cortesía de www.cafebabel.com

martes, 14 de septiembre de 2010

França portada als tribunals per la UE?

Avui, en una fet sense precedents, la vicepresidenta de la Comissió, Viviane Reding, ha fet valer la posició de la Comissió europea com a institució guardiana dels Tractats, els quals garanteixen la plena llibertat de circulació per a tots els ciutadans de la Unió. Sabem que França és un dels països implicats fins al moll de l`os a la Unió, sabem també que els francesos majoritàriament comparteixen i defensen els valors comus. Difícilment podrem explicar, aleshores, com és que el govern de Sarkozy ha ignorat l'allau d'advertències rebudes, des de tots els fronts mediàtics i socials, sobre les derivades polítiques d'una decisió molt qüestionable.

La comissària ha expressat la voluntat de què el govern europeu expedienti a França per l'aplicació discriminatòria de la directiva de lliure circulació de persones, fet que no té a veure amb sospites de foment del racisme per part del govern francès, sinó que es sustenta en proves, i documents policials filtrats que demostren que la policia francesa ha rebut instruccions concretes d’accelerar expulsions dels ciutadans gitanos romanesos, que sumen ja gairebé un miler. Aquest fet atempta contra els drets fonamentals i implica dues infraccions, d’una banda l’aplicació discriminada de la llei europea sobre la llibertat de moviment, i d’altra la incorrecta adequació de la transposició d’aquesta llei a la legislació nacional. Reding, comparant la situació de la minoria ètnica amb els problemes de discriminació racial arreu d’Europa (ho ha comparat amb les deportacions de jueus del govern de Vichy) després de la Segona Guerra Mundial, demanarà al president Barroso que apliqui un procediment accelerat, a causa de la gravetat del cas, i la indefensió en que s’han vist ciutadans comunitaris dins del territori de la Unió.

Per això, s’espera que abans de finalitzar el mes de setembre la Comissió formalitzi la sanció, que inclouria l’obligació de modificar la legislació nacional francesa, i podria anar acompanyada a més, d’una multa, com a mesura exemplaritzant per a França i per a qualsevol Estat membre que pugui incórrer en comportaments similars.

A més de recolzar la decisió valenta de Reding, he de dir que no és tolerable que es transmeti la noció que es poden produir expulsions pel fer de pertànyer a una minoria concreta, sempre que no hi hagi raons penals per fer-ho, i més quan hi ha proves que el ministeri d’Interior de França ha donat ordres a les forces de seguretat d’actuar sobre els camps de romanesos de forma prioritària. Justament aquesta situació ha portat a la situació de desconfiança per part de la Comissió vers el govern francès, la resposta del qual ha estat evasiva i contradictòria.

La luxemburguesa Reding ha demanat una rectificació al govern francès i ha criticat el comportament de les autoritats d’aquell país, que han actuat contradient allò que determina el Tractat de Lisboa al respecte del moviment de les persones. El que està en joc és el paper de les institucions europees, especialment després que el ministre de relacions amb la UE del govern francès, Lellouche, advertís ahir que el parlament francès és qui ratifica la llei i qui ha de vetllar pel seu compliment i no pas la Unió Europea, cosa que contradiu greument els preceptes dels tractats, ja què els valors fonamentals i les lleis europees no es poden posar en joc sota cap pretext.

Reding ha fet el que havia de fer. Per la part que em correspon, em felicito per l’actitud ferma de la comissària Reding, actuant com a valedora d’una llei que uneix a tots els Estats membres sense excepció, i que articula el sistema europeu de llibertats, drets i deures, que ens igualen a tots els ciutadans europeus i dels quals els governs dels Estats no han de ser pas exempts. Cal continuar defensant la tolerància i la igualtat de tracte a nivell europeu, perquè en cas contrari, qualsevol en el futur podria legitimar la discriminació en el nom d'Europa.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Más presidente

Desde ayer, José Manuel Durão Barroso es más presidente de la Unión Europea. Y esto será así, a pesar de que los medios sigan empecinados en menospreciar lo que ocurre en el plenario de Estrasburgo, porque es innegable que ayer fue un nuevo día histórico en la construcción de la Europa política. Por primera vez en sesenta años de historia, se produjo en la sede parlamentaria europea un debate sobre el "estado de la Unión", con cierta inspiración en el que se produce en los Estados Unidos de América y que es capaz de retener a millones de ciudadanos frente a sus televisores. En un discurso sin precedentes, Barroso dio cuenta de la situación de todas las áreas políticas que afectan a la Unión Europea, en un estilo marcadamente presidencialista, demostrando que empieza a tomarse en serio su tarea como cabeza visible del gobierno de Europa. Ayer a primera hora, y ante un hemiciclo a rebosar (a pesar de que los grupos políticos habían ya retirado la amenaza de sanción por la no asistencia), el presidente de la Comisión pronunció un discurso de algo más de cuarenta minutos en el que no dejó puntada sin hilo, deteniéndose en su voluntad de hacer crecer el gobierno económico, implementar cuanto antes la regulación financiera o plantearse la emisión de bonos europeos para proyectos de inversion, además de recordar la necesidad perentoria de concluir el desarrollo del mercado interior, e insistir en la liberalización del mercado energético, momento en que estableció un símil con las ventajas que trajeron a los usuarios la eliminación de las tasas roaming en telefonía móvil. Asimismo se compromteió a trabajar insistentemente en el desarrollo del corredor de gas sureño (Nabuco, TAP, ITGI), para asegurar el suministro de gas a Europa y eliminar la dependencia de Rusia.


En el ámbito estrictamente institucional, Barroso recriminó la actitud de ciertos Estados miembros que todavía se comportan en clave intergubernamental, aunque agradeció al Parlamento europeo (que representa la soberanía popular) su masivo apoyo a una mayor integración, por su tarea en la profundización del método comunitario y por su decidida interpretación supranacional del Tratado de Lisboa. Barroso insistió en que su mayor deseo es que exista un consenso entre las principales fuerzas políticas en la Eurocámara en las decisiones políticas de gran calado, más allá de apoyar a determinados Estados miembros o reflejar posiciones en clave nacional, y lo hizo en reacción a la crítica del socialista Schultz, quien acusó a Barroso de dejar demasiada libertad de decisión al eje franco-alemán, al margen incluso del presidente del Consejo, Van Rompuy, como se visibilizó en la cuestión del rescate griego. Además, el presidente del PSE siguió exigiendo la creación de un impuesto a las trasnsacciones financieras, y anunció que su grupo fomentará una Inciativa Legislativa Popular (nuevo mecanismo ciudadano instaurado en el Tratado de Lisboa) para exigir la aprobación de dicha tasa.

Durante la intervención de Barroso fueron muy aplaudidas sus menciones al firme rechazo al racismo, o la condena sobre la sentencia de muerte de una mujer acusada de adulterio en Irán, aunque el popular Daul le recriminó la asuencia de la UE en la mesa negociadora palestino-israelí del 2 de septiembre, y se preguntó por qué la ayuda de la UE ante las catástrofes internacionales llega tarde y es escasa. El mismo Daul, presidente del PPE, puso sobre la mesa la necesidad de crear un impuesto europeo y exigió más contundencia a la hora de estructurar la política de seguridad y defensa europea. Por su parte, Verhofstadt, como presidente de ALDE, insistió en el desarrollo del gobierno económico europeo, acusando gravemente a los gobiernos de los Estados miembros que piden una reducción del 30% en sus contribuciones al presupuesto comunitario, lamentando además la ausencia de una estrategia exterior común.

Tras las dos horas del intenso debate posterior, Barroso concluyó implorando a que se abandonen definitivamente las guerras de guerrillas en las instituciones europeas y recordando que o nadamos juntos, o nos dirigimos a un seguro naufragio. A mi juicio, el discurso de ayer supone un paso más en la credibilidad, no sólo de la figura del presidente de la Comisión, sino de la Comisión en su conjunto como verdadero gobierno de la Unión Europea, cuyo proyecto tiene una cabeza visible capaz de enfrentarse a una cámara parlamentaria y de defender directrices políticas muy concretas, al margen de los Estados miembros. El mensaje de Barroso, en el discurso y en el debate posterior, es absolutamente nítido, coherente y comprometido, y si tiene algo bueno es que apunta a una europeización de la toma de decisiones, aunque el discurso es claramente deficitario en cuanto a la concreción de las medidas, mejorable sobre todo en lo referente al ámbito fiscal o presupuestario, y a la política exterior común, donde se echa de menos más voluntad política, por lo que debe avanzarse mucho más institucionalmente para que la jornada de ayer no se quede en nada más que una sesión de imagen para promocionar al presidente.

N.B.: Fuente imágenes Parlamento Europeo (flickr)

viernes, 3 de septiembre de 2010

La posada en marxa definitiva del control financer europeu

Com sabem, la globalització dels mercats financers n'ha demostrat la incidència negativa i procupant sobre l’estabilitat de les nostres finances i, al capdavall, economies. En el cas de l’Eurozona, els mercats monetaris estan integrats plenament mitjançant el sistema TARGET, que permet la liquidació en temps real dels grans pagaments en euros, i també gràcies a les fusions i adquisicions bancàries transfrontereres a dins de la Unió Europea.

En aquest context, l’estabilitat financera ha esdevingut un ben públic a protegir per part de les autoritats, per això calia desenvolupar normes comunes, i especialment assegurar-ne la seva aplicació homogènia. En aquest sentit s’ha buscat una proposta institucional de tarannà holístic, amb dues branques (macro i micro). La supervisió macro correspon a l'ESRB (Consell Europeu de Riscs Sistèmics), on participaran el president del BCE (es preveu que també com a president d’aquest Consell), el vicepresident del BCE (que seria essencialment representant dels interessos dels Estats membres que no són a l’Eurozona), els governadors dels bancs nacionals, els presidents de la nova autoritat de supervisió i un representant de la Comissió. Pel que fa a la supervisió micro, cau en tres noves autoritats sectorials, l'EBA (Autoritat Bancària Europea), l'EIOPA (Autoritat Europea sobre Assegurances i Pensions) i l'ESMA (Autoritat Europea sobre Mercats i Valors), les quals prendran decisions per majoria qualificada. Sembla complicat, però no ho serà tant, si veritablement trevallen amb independència sobre les seves àrees de supervisió. Per cert, no deu ser pas casualitat que la primera tindrà la seu a Londres, la segona a Frankfort (així compartirà seu amb el BCE) i la tercera a París.

Ahir dijous, la Presidència belga i els representants de la Comissió i el Parlament europeu van acordar el naixement d’aquesta estructura institucional sostinguda sobre una torre i tres branques, tot constituint així la primera entitat supranacional al món creada per supervisar les entitats financeres, la qual a més articula un nou sistema, que tindrà competències tan importants com controlar bancs, asseguradores i mercats; prohibir operacions de risc amb posicions curtes; o fer de mitjanceres en cas de conflicte entre entitats en transaccions transfrontereres. Supervisarà, tanmateix, les agències de qualificació de riscos i les cambres de compensació centralitzades, per ser organismes amb un funcionament transnacional. Fins i tot es podran dirigir decisions directes i obligatòries als bancs, quan s’incompleixi la legislació comunitària. Tot això amb la finalitat de controlar les futures fallides del mercat financer i garantir-ne l’estabilitat.

De tota manera, els Estats membre no han volgut quedar al marge de les futures actuacions d'aquest organisme, fin al punt que per evitar el conflicte amb les competències estatals, s’han establert tres escenaris on aquestes institucions hi intervindran per sobre de la sobirania dels Estats membres: a) quan el supervisor nacional incompleixi amb la llei comunitària, b) quan hi hagi discrepància entre més d’un supervisor estatal, i c) quan els Estats (individualment i sota la seva responsabilitat) declarin una situació d’emergència.

Les primeres passes d’aquest pacte es van definir ara fa més d’un any, al maig de 2009, en una roda de premsa on Barroso i el comissari Almunia van presentar el projecte de la Comissió europea, refusada contundentment pel Regne Unit, qui assegurava que atentava contra la sobirania fiscal dels Estats, i amb reticències per Alemanya. La tasca del Parlament europeu ha estat crucial durant aquest quinze mesos, en què els parlamentaris han pressionat per legislar sobre l'eliminació dels productes de risc en territori europeu, i també per aconseguir que el president de l’ERSB fos el president del Banc Central Europeu, persona amb una forta independència i autoritat moral, i no subjecte a pressions polítiques, que en aquest cas serà Trichet i tindrà un mandat de cinc anys.

L’important és que l’acord ja és un fet, i que es dóna per fet que el plenari europeu l'aprovarà en votació a partir del dia 20, a l’espera també del vist-i-plau de l'ECOFIN el proper dimarts, tot i que ja s'ha confirmat que les noves institucions començaran a funcionar el proper 1 de gener, un cop pactat i tancat l’acord interinstitucional ahir al vespre. Es tracta d'un acord que, tot i que és millorable en el seu disseny (on els Estats membres preserven encara molta capacitat de control), marca una nova fita en l’Europa política, ja què neix i es desenvolupa amb la finalitat de controlar la vulnerabilitat d’un mercat que pot ser altament perillós, i estableix una nova dimensió que esperem sigui exitosa en la prevenció del caos irracional que hem viscut en el passat.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Por una política de inmigración europea

La libertad de circulación de personas dentro de la Unión es una de las grandes conquistas ciudadanas en el proceso de construcción europea. Siendo obvio que ningún Estado miembro de la UE sería capaz de acoger hipotéticamente a todos los ciudadanos con derecho a residir en el mismo, hasta la fecha no se ha desarrollado una legislación propia y común en este ámbito, dificultando mucho el trato de las grandes masas migratorias, especialmente las que proceden de países no comunitarios, en ocasiones sujetas a una suerte de limbo legal.

Esta ausencia de norma comunitaria concreta, acaba redundando en el predominio de las normativas nacionales, lo que supone un riesgo. Concretamente el de que un Estado miembro decida endurecer su política de migraciones, y que esas medidas desencadenen un efecto desbordamiento hacia otros gobiernos, que obtendrían así justificación para el endurecimiento. Cierto es que la libertad de circulación desencadena muchos temores, como muestra el hecho de que en aquellos Estados miembros con una política más permisiva se hayan producido situaciones de abuso en la utilización de las prestaciones sociales (propias del atractivo estado del bienestar europeo) por parte de muchos que no han contribuido a su sostenimiento.

Entiéndase que la Unión no debe cerrar sus fronteras, sino que debe ser territorio de acogida, también por el riesgo que supone el envejecimiento de nuestra población, pero no es menos cierto que los ciudadanos que vengan a Europa deben estar dispuestos a integrarse y contribuir a la prosperidad de su territorio de acogida. Con todo, el debate sigue siendo incómodo y suele llevarse al terreno de las simplificaciones. A mi juicio, la libertad de circulación no está siendo, ni debe ser, cuestionada, porque ésta no tiene alternativa en una democracia libre y abierta como es la Unión Europea, pero precisamente las normas comunitarias se sostienen sobre necesidades y demandas reales, y los movimientos propiciados por la globalización, más en una zona sensible como la nuestra donde se producen diferencias de renta estratosféricas, el riesgo de no tener una norma común europea es evidente.