martes, 27 de julio de 2010

EU Workshop in Sant Cugat

I'm extremely pleased to know I'm a EU-girl-geek ;-) so would like to share it with you and invite you to join this event that will be held next Autumn (October 27-28) in the beautiful and pleasant village of Sant Cugat, in Barcelona surrounding area. There will be a workshop on " The EU 2020 - What Public Management Model for the next Decade", where all the four final winners from EPSA 2009 will present their projects. This event is open to all interested administrations and will be organised to present, share, award and inspire the EPSA best practices: it ensures a maximum benefit of lessons learnt across Europe and contributes to a faster adaptation by other public administrations.

Promoting the exchange of the EPSA 2009 best practice is a valuable mechanism to ensure maximum benefit of lessons learned across Europe. It contributes to a faster adoption of good practices by other public administrations as well as to better understand its trends and needs. The EPSA transfer workshop will focus on the promotion of accurate information on the locations where the projects have been implemented and will provide an opportunity for the exchange of experience between the “champions” who have already successfully achieved good results and those who are in the process of working on this

Another essential element is networking. The activity will provide the unique opportunity for participants and experts to meet peers and other decision-makers in the same areas. The workshop will thus support in building up a community for future activities or cooperations and to create a common European administrative space. These networks will also support in disseminating the results and achievements of EPSA, leading to synergies and customer centered dissemination.

Do not miss your chance to participate in this interesting event and book your seat in time. Registration is open now! I'll be there and look forward to meeting you...

De las cenizas renace un futuro en común

Tras la nebulosa de las cenizas del Eyjafjallajoekull, cuyos incordios padecimos todos los europeos en forma de caos aéreo hace un par de meses, Islandia renace y se acerca a su destino ¿natural?, a una Europa que sigue sedienta de extender su manto protector. Islandia es un pequeño país (320.000 habitantes) ubicado una isla atlántica, que estaba sumida hace sólo un año en una terrible quiebra financiera. El país periférico por excelencia inicia hoy martes las conversaciones oficiales para ser Estado miembro de la Unión. Parte con la ventaja de formar parte de la zona de libre tránsito de Schengen, y de ser país miembro del EEA, aunque dicen las encuestas de opinión que alrededor del 60 % de los islandeses son contrarios a su integración en la UE.

Sin ánimo de incurrir en sociología barata, el carácter isleño es tan propenso a la apertura comercial como al "vive y deja vivir", lo que naturalmente se traduce en un recelo al intervencionismo, máxime si éste es continental. Las reticencias son, por lo demás, un rasgo familiar para los que gustamos de analizar causas y consecuencias del euroescepticismo, aunque en caso alguno son insalvables. Además, no debe sorprender demasiado esa tendencia cuando existe un evidente problema de conexión entre instituciones comunitarias y opinión pública, un desentendimiento fomentado por muchos, directa e indirectamente, y en el que ahora no abundaré.

Con todo, el gobierno islandés se planteó justamente el verano pasado la necesidad de dar un giro de tuerca político para afrontar la desestabilización económica de un país, que había sido modelo de calidad de vida, y pasó a estar sumido en una terrible depresión debida a la brutal incidencia de los movimientos financieros. Las presiones recibidas de organismos internacionales, como el cierre del crédito por parte del FMI, se tradujeron en la ley Icesave, pacto de octubre de 2009, que consagraba la devolución de los 3,8 billones de euros de deuda a Holanda y Reino Unido (acuerdo debido al colapso del banco Landsbanki), proceso del que por cierto se asegura no interferirá en las negociaciones de adhesión. Creamos o no la versión oficial, la cuestión del gran rescate financiero producido hace apenas un año está directamente relacionada con la aceleración del proceso negociador, aunque no se ponga sobre el tapete, a diferencia de otras cuestiones medioambientales, como la política pesquera y los recursos marítimos, concretamente la pesca de ballenas (prohibida por la legislación comunitaria), o las grandes consecuencias medioambientales derivadas de las potentes extrusionadoras de aluminio islandesas.

La presidencia de turno belga anunció ayer lunes la aceleración del proceso islandés, acordada de forma unánime en el Consejo, aunque por distintas razones, ya que algunos Estados miembros desean justificar con este trato la aceleración de otros procesos, como el de la polémica Turquía, que solicitó su ingreso en 1987, aunque no inició conversaciones hasta 2005. Llamativo es que mientras Turquía lleva 23 años en el intento, Islandia logra, tras menos de un año de la solicitud, trabar conversaciones oficiales, respaldada también por el Parlamento Europeo, que dio luz verde a la negociación islandesa en el pleno del pasado 8 de julio. Se estima que el proceso negociador concluya a finales de 2011, a pesar de que deben tratarse hasta 35 áreas políticas distintas, que son las que cubre actualmente la legislación de la UE. Se espera que la larga tradición democráctica islandesa facilite el camino, y se cuenta con el buen acople de este país en el área económica europea. Ante un euroescepticismo bastante evidente en aquel periférico e isleño país, ahora llega el momento de trabajar para lograr consensos en la ciudadanía islandesa en el camino hacia la europeización.

viernes, 9 de julio de 2010

Europa en el mundo: otra institución de Lisboa empieza a caminar

Tal como anticipé aquí, ayer jueves 8 de julio fue un día importante en Estrasburgo, de esas sesiones para recordar con el transcurso de la historia. Una de las figuras más emblemáticas del Tratado de Lisboa toma por fin vida. Sin embargo, ayer los diputados tomaron varias decisiones, una relativa a la supervisión de los bancos y entidades financieras (importantísima y que merecerá mi próximo análisis), la otra sobre los intercambios de datos SWIFT con Estados Unidos y una última, ya mencionada, sobre la articulación de la diplomacia europea, tras el acuerdo que se había alcanzado en Madrid.

Ayer el Parlamento europeo ratificó (con 549 votos a favor, 78 en contra y 17 abstenciones) formalmente el Servicio Europeo de Acción Exterior, que dependerá de Ashton. Se trata de un hito tras 10 años de batallas institucionales para el desarrollo de la Europa política. La magnitud de este avance es enorme, aunque más bien a medio o incluso largo plazo, ya que por ahora quedan muchos flecos por resolver, en especial la financiación y el reparto de peso de los Estados miembros. Sin embargo, no se puede negar el mérito institucional de un SEAE que plasma el cambio de mentalidad de la acción diplomática y de pérdida de poder, o influencia, sobre el terreno de la acción exterior por parte de los Estados.

Imaginemos el cambio que supondrá disponer de una red diplomática propia, cuando hasta ahora el equipo de Ashton lo formaban una treintena de personas en la planta 12 del Berlaymont, con escasa capacidad para decidir, y sobre todo para actuar. A partir del 1 de diciembre, de ella dependerán 1.500 funcionarios en Bruselas, más los 800 diplomáticos de la UE en 136 embajadas extranjeras de la SEAE, aunque la pretensión es que este equipo se vaya nutriendo de nuevos activos, hasta alcanzar los 5.000, al tiempo que los cuerpos diplomáticos nacionales perderían dotación administrativa y presupuestaria.

Estas cifras no son nada exageradas si tenemos en cuenta que se espera que el SEAE ofrezca respuestas rápidas ante imprevistos en el escenario internacional, los conflictos y los problemas de seguridad que continuamente afectan a los territorios de la Unión Europea. Sin olvidar los grandes retos que se mencionaron en Madrid, como son básicamente instaurar el modelo europeo de buena gobernanza global y desarrollar el poder blando en mayor profundidad.

Con todo, no debemos caer en la ingenuidad de soslayar la tozuda realidad  de que, a día de hoy, las acciones exteriores de tipo militar o de seguridad deben tomarse por unanimidad en el Consejo, con la aprobación de todos los jefes de Gobierno de los Estados miembros, algo que se traduce en una práctica inacción e inexistencia de acciones exteriores, además de demostrar las diferencias de criterios que persisten. De todos modos, el mandato es que las misiones pacificadoras las controle plenamente el SEAE sin injerencias, aunque sí se someterá al control del Parlamento europeo, que supervisará la dotación presupuestaria en cada ejercicio.

Este control parlamentario, señal positiva y legitimatoria, no podrá disimular esta ausencia de contenido de la política exterior europea que denotan mis palabras anteriores, y que no surge de la especulación propia de la subjetividad, sino que se ha visibilizado perfectamente el pasado martes en Estrasburgo, cuando el primer ministro francés, Fillon, aseguró que sólo los Estados tomarán las decisiones en política exterior, y que en todo caso Ashton se limitará a aplicar aquello que decidan los Estados miembros. Incluso el ministro español, Moratinos, afirmó que en ocasiones los pactos bilaterales son más efectivos, como ocurriría en el caso de las relaciones Cuba-España.

Estos dos ejemplos ilustran a la perfección la renuencia de los Estados miembros a perder el control. Como bien dijo Verhofstadt, el presidente de ALDE, es urgente que a estas alturas los Estados-nación empiecen a cambiar de mentalidad. Y yo apostillo que esto es aplicable tanto a los Estados grandes como a los pequeños, que en la negociación han actuado en una posición defensiva, dificultando la estructuración de uno de los polos cruciales para el futuro de la Unión Europea y su credibilidad como actor global.