domingo, 28 de febrero de 2010

Con Chile

Ayer sábado fue uno de los días más opresivos de mi vida. Ya hace unos años, cuando llega el mes de febrero, mi hermano suele ir con su familia a pasar unos días a Chile, por motivos de trabajo. El viernes por la noche hablamos con ellos porque acababan de regresar del sur del país, y ya estaban hospedados en Santiago, esperando regresar mañana lunes a España. Tengo por costumbre recorrer la prensa mientras tomo el café del desayuno con mi hija. Ayer sábado a primera hora, Chile aparecía como primera noticia, junto a dos palabras: tsunami y terremoto, y una cifra: 8,8 Richter, dos ochos que se me clavaron como un puñal en el corazón (porque recordé los 7 de Haití).

Con lo dedos temblorosos empecé a marcar los números en el móvil, luego en el fijo, después el e-mail, recurrimos a todo lo que teníamos a nuestro alcance para tratar de dar con él. Todo parecía ser en vano. Por fortuna, al mediodía nos llegó un escueto sms: "estamos todos bien". No es que fuera especialmente alentador, pero respiramos. Aún así, nudo en el estómago. Incapaces de dominar las imágenes que nuestra mente fabricaba sin control alguno…. Mi hija nos dio una lección de madurez, contándonos la experiencia de los niños de Haití de la que habían hablado en el colegio. Era el relato de una niña a la que nada de lo que ocurre en el mundo le es indiferente. Se preguntaba cómo habrían pasado la noche sus dos primitos pequeños. Nos hacía preguntas sobre qué sensación habrían vivido, si se habrían despertado. Pero la gran pregunta es por qué, qué es lo que causa que la tierra se mueva sin avisar, y cómo poder evitarlo. No podemos evitarlo, ni siquiera predecirlo. A medida que nos llegaban noticias, empezamos a sentir un incontrolable temor a las réplicas, ante la angustiosa desinformación.

Al llegar a casa, después de la cena, verificamos de nuevo que sólo funcionaba el servicio de mensajería instantánea, y nos contaban en CNN on line que no había suministros ni de luz, ni de agua ni de teléfono en Santiago, y mucho menos en Concepción, en la zona del epicentro. Hacia las 23 horas recibimos otro sms: “me quedo sin batería”. Se sucedieron entonces varios intentos por entrar en contacto mediante el número de fijo, sin éxito, hasta que por fin a las 12 de la noche descolgaron al otro lado... Conseguí escuchar a mi hermano, con su voz serena, cansada, pero optimista. Fue un momento de inmensa alegría y emoción. Su zona acababa de recuperar el suministro eléctrico, y ahora la preocupación principal era poder marcharse del país, ya que hoy domingo por la noche debía partir su vuelo, y el aeropuerto Merino Benítez había quedado muy dañado.

España ya ha anunciado que mandará 3 millones de euros, y la Unión -a través del presidente del Parlamento europeo, Buzek- fue la primera en anunciar el apoyo incondicional. El terremoto de Chile tiene proporciones superiores al de Haití, y se ha llevado ya a más de 700 vidas. Es una herida abierta en canal en nuestro planeta, una herida sangrante causada en apenas un minuto, que nos viene a recordar la fragilidad de la condición humana y la muerte como hecho definitivo. La muerte que es el inicio de un nuevo viaje, para los que esperamos otra vida, para los que inconscientemente nos preparamos para ello, imaginando que en aquel lugar no habrá tristeza ni dolor, sino momentos mejores que los buenos momentos que hemos vivido en este mundo.

Es humano sentir temor hacia lo que no podemos controlar, ni siquiera imaginar. Pero humano es también el espíritu de superación, y en eso Chile nos está dando una lección.

Mi solidaridad con Chile y mi enhorabuena por demostrar que es un gran país, donde vive gente luchadora por la vida. Es injusto que todo el esfuerzo de los 17 millones de chilenos por construir un país de primera (afrontando tantas adversidades), se vea parcialmente arrebatado por una catástrofe natural. Cuesta aceptar la destrucción de todas esas estupendas infraestructuras, fruto de inversiones privadas y públicas, y del trabajo de los chilenos, que desde ayer mismo están manos a la obra por poner en marcha su nación, sin esperar a que la ayuda venga del exterior.

Santiago de Chile es una ciudad dañada, aunque no tanto como las zonas más pobres del sur, a pesar de que es un país sísmico con una normativa muy estricta en la construcción, pero la segunda ciudad, Concepción, deberá ser prácticamente reconstruida. Sorprende gratamente ver que ante una catástrofe así, los ciudadanos de Chile, lejos de arredrarse, se movilicen liderados por dos importantes figuras, la presidenta saliente Bachelet, y el presidente entrante Piñera. Ambos han dado una gran lección de liderazgo, decisiones rápidas, visitas a pie de obra, provisión de fondos, órdenes estrictas, y así hoy casi todo Chile ya dispone de los suministros básicos e incluso el aeropuerto de Santiago ha empezado a recibir vuelos internacionales. Sólo espero que pronto den el visto a bueno a la apertura de la terminal para que mi hermano y su familia puedan volver cuanto antes a casa.

Un intenso abrazo a los chilenos y mis mejores deseos para el nuevo desafío que afrontan: reconstruir una vez más ese gran país. Gracias por vuestro espíritu de superación.

miércoles, 24 de febrero de 2010

La lacra del debate identitario

Hace un par de semanas, en Francia, hubo una polémica tras la intención del gobierno de reforzar los signos de la identidad nacional, con medidas anunciadas por el primer ministro Fillon, como la inclusión de la bandera tricolor o el canto de la Marsellesa en los colegios, provocando un debate en el que se han llegado a confundir los conceptos de identidad nacional con la inmigración.

A mi juicio es un craso error que en el seno de Europa se produzcan estos viejos debates, más cuando Europa está derribando a gran velocidad todas sus fronteras internas. La discordancia entre el derribo de fronteras y la capacidad institucional para gestionar los nuevos cambios es la que genera una incertidumbre en la sociedad, que puede acabar acarreando graves consecuencias, los conocidos brotes de xenofobia, la proliferación de partidos extremistas, y más, porque estos debates identitarios tienen una fuerte raigambre nacionalista, y por tanto son peligrosos para Europa. A la Historia me remito.

Por ello, una vez más debo saludar las reflexiones del flamenco Verhofstadt, en este artículo aparecido hoy y que no ha pasado inadvertido. El líder de ALDE en el Parlamento, y ex presidente de los belgas, afirma entre otras cosas que el concepto de identidad "no resulta adecuado para conformar una sociedad que viva en paz y bienestar". Y sigue en esta línea cuando manifiesta que " la noción de identidad es un síntoma de nuestra incapacidad para aceptar el mundo tal y como es".

La identidad de un individuo no depende de la identidad del vecino, simplemente es. Creo que en una Europa de los ciudadanos sobra esa obsesión por delimitar identidades. Como bien predijo Monnet, Europa no se construirá sobre las soberanías nacionales, porque ellas conformaron el pasado. ¿Hasta qué punto debemos buscar esas identidades o fomentarlas? Ni siquiera la superposición de múltiples identidades nacionales, o subnacionales, parece aportar nada a la suma de fuerzas que necesita Europa para ser esa Europa del futuro que todavía no sabemos exactamente a dónde va, pero que con certeza no será la Europa de las Naciones, porque aquella es la del pasado, la de nuestro desastroso pasado de enfrentamientos y destrucción.

Aquella Europa que, citando a Verhofstadt, era "incapaz de solucionar sus problemas". Por eso, dejar que en Europa hoy se incidan en los particularismos difícilmente ayudará a que juguemos un papel significativo en el mundo multipolar del siglo XXI, lo que a mi juicio no significa que las regiones no deban cobrar protagonismo, al contrario.

Desde mi punto de vista no es contradictorio, en términos políticos, dotar de mayor capacidad de decisión y protagonismo institucional a las regiones y gobiernos subnacionales, al tiempo que se fomenta la coordinación de las políticas económicas y de cohesión desde un gobierno supranacional. Las regiones son a priori las entidades de gobierno y gestión política que se muestran más eficaces y más transparentes para los intereses del ciudadano, no obstante el derribo de fronteras internas en Europa debe fomentar la intercomunicación entre esas regiones, y no el aislamiento que presupone la creación de nuevas barreras, incluso culturales.

Sería absolutamente pernicioso derribar fronteras nacionales para levantar nuevas fronteras regionales. Si el futuro de Europa, como predijo Monnet, ha de ser posnacional, el debate identitario que procede en todo caso será el debate sobre nuestra identidad como europeos, poniendo el énfasis en lo que une, no en lo que separa, porque -e insisto en citar a Monnet- "los hombres de las distintas naciones pueden lograr prácticamente cualquier objetivo que se propongan, si logran unir sus recursos y energías, y evitan frustrar los esfuerzos del otro, mediante la obsesión por lograr sus particulares y estrechos objetivos nacionales". Creo que no hay mejor antídoto para los que tengan tentaciones nacionalistas que tener a mano las Memorias de Jean Monnet.

lunes, 22 de febrero de 2010

El irreconciliable doble mandato de Ashton

Que lady Ashton tendría que hacer malabares para no caer de la barra de equilibrio sobre la que transita, lo intuíamos, pero que tan pronto se fueran a visibilizar sus limitaciones tal vez no. Hoy es 22 de febrero, todos los ministros de Exteriores de la Unión están en Bruselas para la reunión del Consejo. Se siguen tratando de perfilar los nombramientos pendientes tras la instauración del Tratado de Lisboa, sobre todo con la intención de definir el cuadro del Servicio de Acción Exterior.

El Consejo representa los intereses nacionales, la Comisión es el Ejecutivo europeo (ratificado por el Parlamento, que es la soberanía ciudadana), y entretanto Ashton es la jefa de la diplomacia elegida por los Estados, aunque también vicepresidenta y comisaria de Exteriores, es decir debe lealtad al Consejo y a la Comisión, que no tienen necesariamente que tener los mismos objetivos y prioridades.

Todo esto viene a colación porque parece que a la británica le llueven los problemas. El último se deriva del conflictivo nombramiento del nuevo Embajador de la UE en Estados Unidos, el portugués Vale de Almeida (hombre de confianza y ex jefe de gabinete de Barroso), que ha sido el representante de la Comisión en los G-8 y G-20. Dicho nombramiento se ha efectuado según la norma que predominaba antes de Lisboa, es decir por cuenta y riesgo de la Comisión ya que, como sabemos, antes del actual Tratado las delegaciones de la Unión eran oficinas de la Comisión y no embajadas de la Unión, como es el caso.

He ahí el problema, si ahora existen embajadas, se espera que Ashton nombre embajadores, al menos así lo interpreta el ministro de Exteriroes sueco, Bildt (en la imagen junto a Barroso), que anteayer remitió una carta a Ashton solicitando explicaciones sobre el nombramiento de Almeida, y mostrando su disconformidad con el proceso. Bildt duda de la transparencia del nombramiento, y de la idoneidad del candidato ahora que EE.UU. atraviesa algunas dificultades con la Unión, tras la negativa del Parlamento Europeo a facilitar los datos SWIFT de los ciudadanos europeos a las autoridades estadounidenses.

Sea como sea, la carta es una muestra más de la rivalidad institucional que sigue existiendo en la Unión, a pesar del encaje de bolillos que el Tratado consigue entretejer. Por mucho descontento que haya, debe decirse en rigor que los Estados miembros habían sido informados previamente, y poco parece que se podía hacer por evitar el nombramiento, con el riesgo añadido de no lograr más que acrecentar el descrédito actual de la Unión como actor internacional. Tal vez Barroso, consciente de ello, aprovechó que la circunstancia de “vacío legal” le era favorable.

Objetivamente Barroso no ha incurrido en ilegalidad alguna, porque (por paradójico que parezca, estando ya Lisboa en vigor) la nueva arquitectura institucional y la nueva forma de realizar nombramientos todavía no está pactada, y la Comisión aún ostenta de facto el poder de nombrar embajadores. Ashton debe ponerse manos a la obra cuanto antes para evitar que con cada nuevo nombramiento se produzcan estas situaciones de confusión.

En mi opinión, el primer objetivo deber ser demostrar que la Comisión es el verdadero gobierno supranacional de la Unión, y que en caso alguno los Estados miembros pueden interferir continuamente en la gestión política que ésta realiza. Ashton debe cuanto antes dejar de transmitir la sensación de que los nombramientos en el entorno comunitario se van sucediendo, sin más efecto que el de difuminar el liderazgo real de Europa en la escena internacional. De ser cierto que no existe Política Exterior de la Unión, como denuncian algunos malintencionados, el auténtico mandato de Ashton es lograr que se materialice sin prisa pero sin pausa. Para eso se concibió su cargo.

viernes, 19 de febrero de 2010

Europa y las dolorosas fracturas regionales

Se acaban de hacer públicas las estadísticas oficiales sobre el nivel de riqueza de cada una de las 271 regiones de la Unión en el año 2007. Como era de esperar, arrojan preocupantes desigualdades y alguna sorpresa. El promedio de las regiones españoles se sitúa en 105 puntos, levemente por encima del índice 100, que corresponde al nivel de referencia. Las regiones más ricas se ubican en conurbaciones de Londres, Bruselas, Hamburgo, Praga, Luxemburgo o París. Las más pobres en Rumanía y Bulgaria.

La desigualdad territorial en Europa ha sido una de las obsesiones históricas en el proceso de integración. Por ello las regiones han luchado siempre por dotarse de herramientas institucionales para incrementar su capacidad de decisión en Bruselas, con resultado claramente exiguo. La lógica de los hechos se muestra insuficiente para que haya avances en la cohesión territorial en Europa, y se agrava tras las sucesivas ampliaciones hacia el Este.

La publicación de Eurostat coincide con un encuentro informal, auspiciado por la Presidencia española, que se ha producido hoy en Zaragoza y que ha reunido a los ministros regionales, y ha contado con la intervención del nuevo comisario de Política Regional, el austríaco Hahn, y la flamante presidenta del CdR, la italiana Bresso, quien ha defendido recuperar la misión original del Comité, que es la de satisfacer a las demandas concretas de ciudades y regiones.

Cierto es que la desigualdad regional se ha interpretado siempre en clave de cohesión, y por ello se ha tratado como instrumento para el crecimiento económico, en el marco de los grandes objetivos macroeconómicos comunitarios. Tanto es así, que en la propia Estrategia 2020 se contempla ese objetivo, siguiendo una línea continuista con la ya caducada Agenda 2000.

Apunta Bresso, no sin cierto ánimo polémico, que para que los programas de financiación ya en curso sean mucho más eficaces deberían ser instrumentos de objetivos regionales, y no formar parte de los objetivos establecidos desde el gobierno central europeo. Por ello, Bresso quiere dar la batalla en lograr que se separe meridianamente la Estrategia 2020 de la política de cohesión, que por lo demás es objetivo natural y fundacional comunitario, tal como se recoje en el Tratado de Lisboa.

La preocupación de Bresso tiene que ver con el temor de que se instrumentalicen los fondos de cohesión para los objetivos macroeconómicos globales, porque, como bien recuerda, el sentido de la política de cohesión es reducir las desigualdades y ofrecer a las regiones la posibilidad de extraer lo mejor de sí mismas (recursos naturales, humanos o tecnológicos), y por ello debe ser una herramienta flexible y planteada sobre programas concretos a medio plazo, y especialmente adaptados a los contextos cambiantes de cada región. En algo tiene razón Bresso, los fondos de cohesión han mitigado la desigualdad regional, pero no han evitado que las regiones pobres sigan siendo más pobres, es decir, el fracaso de la cohesión se ve hoy al descubierto, cuando comprobamos que la crisis económica de los últimos años ha acentuado la brecha entre regiones ricas y regiones pobres. Con todo, jamás debe interpretarse la política regional en términos caritativos, como bien decía hoy el comisario, pero algunas regiones padecen la crisis con dolorosa profundidad, y debe seguirse trabajando para que todas se aproximen a la igualdad de oportunidades, para desarrollar sus potencialidades y alcanzar un mejor nivel de bienestar.

Aunque, ¿hasta qué punto puede Bruselas determinar la mejor forma de hacer política regional? ¿Deben tomarse las decisiones regionales en el ámbito comunitario o en cada uno de los territorios afectados? La respuesta es todo menos evidente. Yo siempre me he mostrado partidaria de la centralización pactada -entre los actores regionales-supranacionales- de las grandes estrategias políticas globales, y de la descentralización de su ejecución. He ahí la clave del gran debate sobre el reparto de soberanías. Nuestro debate de futuro sobre la Europa federal, que tarde temprano habrá que acometer.

Si sangrantes fueron las trincheras de las que brotó la idea de unir a las naciones de Europa, hoy ese reclamo viene de las regiones, que necesitan como agua de mayo buenas dosis de cooperación y sabias políticas comunes, que superen las presiones ambiente de los contextos nacionales. Y digo bien, presiones ambiente, porque en ocasiones la voz de las regiones se escucha más nítida en Bruselas, sin el ruido de fondo ambiental... Como sabemos, los momentos de crisis inducen a la toma de decisiones más arriesgadas, la audacia es necesaria en los proyectos inacabados -como es el europeo- y el caldo de cultivo para las decisiones políticas que en momentos de bonanza esos mismos líderes políticos ni se plantearían.

Entre las propuestas de nuevo cuño, con carácter más institucional, están aquellas que exigen que el valor político de las regiones debería verse reflejado en la instauración formal de un Consejo de Ministros de Política Regional. No podría asegurarlo, porque esa idea me hace preguntarme qué representantes políticos acudirían a dichas reuniones, y en nombre de qué o de quién. Pero, sobre todo, ese Consejo ahora mismo carece de sentido porque la Europa de las Regiones es hoy una realidad lejana, realidad que a mí particularmente me defrauda porque seguimos viviendo en una Europa de los Estados, que si bien es cierto que está irreversiblemente siendo cuestionada y asiste a la difuminación de sus fronteras, también lo es que se resiste a fenecer.

miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Hasta que no toquemos fondo?

No, no, si al final tendré que darle la razón al inglés más ácido de Bruselas. Lean este artículo, firmado por el escéptico amigo Charlemagne. Sin que sirva de precedente, lo suscribo o, mejor dicho, comparto su conclusión (más que sus premisas), aunque a regañadientes. Y es que me viene perfecto como corolario a mi propuesta de ayer (ya saben, aquello de la Hacienda europea), o la lejana utopía del gobierno federal europeo. Utopía por falta de motivación, pero sobre todo por ausencia de necesidad. Visto así, hasta que no estemos hundidos en la miseria y no haya más remedio, nadie pondrá manos a la obra en la construcción de un gobierno económico. La unión fiscal no reforzará la unión monetaria si no hay unión política, suponiendo que la primera fuera viable, que no lo es hoy porque faltan piezas en el puzzle.

Es un debate intelectual que viene de antiguo, tanto que ya en el XIX Tocqueville y Stuart Mill trabajaron por identificar las condiciones para que las federaciones funcionaran con éxito, entendido éste como el compendio de los beneficios que aportan los grandes estados, es decir paz, bienestar y orden, y las ventajas de los territorios más pequeños, en concreto el desarrollo de la autonomía individual. Lo que no significa que las federaciones puedan librar a las sociedades de los males endémicos que suelen aquejarlas.

A pesar de que los federalistas europeos veamos similitudes con el nacimiento de los Estados Unidos de América, tiene razón Charlemagne cuando dice que la nación estadounidense no se creó para sostener al dólar. El fundamento de la idea federalista es la resolución del conflicto entre las diversidades sociales, individuales y colectivas, así como de la consecución de los intereses de los actores, como pueden ser bienestar económico o seguridad.

El federalismo fue un sistema útil para conseguir esos fines de los actores, de los estados de la confederación norteamericana. La federación logró acomodar las unidades constituyentes de una unión en el proceso de toma de decisiones del gobierno central, mediante un acuerdo constitucional. No obstante, para algunos la noción de federalismo se ha ido dotando de un fundamento moral a lo largo de la historia, confiriéndole unas virtudes inherentes relativas al respeto, la tolerancia o el reconocimiento mutuo.

El modelo federal norteamericano ha venido definiendo el punto de partida conceptual e histórico para todas las federaciones posteriores, y a partir de aquél la federación ha sido un modelo normativo, descrito en términos institucionales como medio para el reparto de soberanías y la limitación del poder ejecutivo y, dado que la federación reduce el riesgo de un gobierno central despótico, de un modo particular como grarantía de preservación de la libertad.

¿Hasta qué punto las elites políticas europeas están por la causa de la libertad? Mejor no indagar demasiado esa vía, pero ¿y si las elites políticas europeas empiezan a ver costes de oportunidad por doquier?

Tal vez, sólo tal vez, entonces el vínculo causal entre libertad y federalismo podría dejar paso a algo nuevo: la fuerza de la necesidad. ¿No les recuerda esto al método incremental de Monnet? Hoy más que nunca empiezo a percibir que tras la crisis puede haber una gran oportunidad, aunque esperemos que no haya que tocar fondo para que vislumbremos una posibilidad para la Europa federal.

martes, 16 de febrero de 2010

Si hubiera existido una Hacienda europea

El otro día contábamos que a los contribuyentes alemanes o a los franceses no les hace ni pizca de gracia pagar los excesos del gobierno griego, a costa de sus impuestos. Ahora todos hablan del resurgir del eje franco-alemán y se ufanan de que el presidente Van Rompuy quede desdibujado. No se precipiten señores, decir que Alemania es el motor de Europa no es novedoso, y ni siquiera sorprendente, pero aprovechar la circunstancia para desacreditar el proyecto europeo no resiste el mínimo análisis. Parece que la Europa periférica tiene un ciclo económico algo distinto a la Europa central, y ese tipo de perturbaciones ya se preveían cuando se diseñó la unión monetaria. Con todo, es imprescindible valorar objetivamente la gravedad de los hechos. Todo apunta a que Grecia falseó los datos para poder cumplir los criterios de Maastricht y acceder a la Unión Económica y Monetaria y, aún más, que el mundo financiero de Wall Street ha actuado en connivencia con el anterior Ejecutivo griego para manipular los datos suministrados a Eurostat.

En buena lógica debemos plantearnos si en estos términos tiene sentido que Grecia siga en la Eurozona, porque ¿en qué lugar deja la maniobra de rescate a los países que sí actúan con responsabilidad? ¿No parece que precisamente los disciplinados que cumplen con su obligación están siendo penalizados, al tener que soportar el comportamiento irresponsable de los Estados que generan un alto nivel de déficit?

Vaya por delante que soy partidaria de que Grecia permanezca en la Eurozona, pero a cambio de algo que vaya más allá de un mero compromiso escrito. Quien incumplió su palabra puede reincidir. Si el objetivo era la unión monteria, ya la conseguimos, pero ahora es perentorio mantenerla, y esto jamás se logrará sin un gobierno económico supranacional.

Más allá de un análisis profundo sobre la conveniencia de la unión monetaria, el euro nos ha reportado una gran ventaja, que no es otra que la disciplina, es decir la férrea obligatoriedad de mantener reducida la deuda pública. España, y los países con cierta tendencia al endeudamiento público, han encontrado en los criterios de la Eurozona una excusa para disciplinar su comportamiento. Esta es una buena noticia para los que creemos que el libre mercado sin trabas es el sistema económicamente óptimo, a pesar de que sigamos creyendo que el estado del bienestar no es algo a extinguir, aunque sí merecería una revisión profunda (responsabilidad compartida de los servicios universales, por ejemplo).

Aún así, el tiempo nos ha dado la razón a los que siempre hemos defendido un gobierno económico europeo, incluso una Hacienda de la Unión, porque el caso de Grecia (y de los países que están poniendo al euro en dificultades) tiene mucho que ver con gobiernos que han incumplido ejercicio tras ejercicio el mandato de la contención del gasto. Probablemente, bajo un gobierno económico europeo no se habría incurrido en tamaño déficit, porque no nos engañemos, algunos Estados han actuado como si dispusieran de la mágica herramienta de las depreciaciones o devaluaciones. En ausencia de ese mecanismo, un gobierno tiene en la política fiscal su instrumento más útil para contrarrestar los ciclos recesivos. Y más, en ausencia de soberanía monetaria, como es nuestro caso o el griego, la soberanía fiscal parece carecer de sentido.

La visibilidad del rescate de un Estado cumplidor al Estado irresponsable rebela que la fiscalidad debe dejar de ser una cuestión nacional, que la coordinación económica, que ha predominado desde la Agenda 2000 en la Unión, es del todo incapaz de dar resultados.

Con todo, dadas las grandes disparidades en cuanto a culturas fiscales en el continente, parece una aspiración a largo plazo. Difícilmente un británico, acostumbrado a poca presión fiscal, estaría dispuesto a soportar la carga impositiva de un sueco. Y más aún, en el supuesto de que se instaurara un régimen fiscal europeo, éste debería ir acompañado de competencias en industria, trabajo, políticas sociales, energía, desarrollo, etc. porque es obvio que no todas las regiones de la Unión Europea tienen las mismas necesidades de inversión, ni todas pueden ofrecer lo mismo. Pretender que los Sillicon Valley a la europea proliferen por la UE es tan absurdo como querer convertir todo el sur de Europa en un balneario.

No obstante, la gravedad de la crisis nos ha traido una excusa para reforzar el gobierno europeo, máxime porque es muy oportuno en la situación de riesgo que está atravesando el euro en estos momentos. ¿Se habría evitado el descalabro griego de existir una Agencia Tributaria Europea? Probablemente.

Y sin riesgo a equivocarme, la primera ventaja sería que el rescate no sería tan evidente ni tan visible, ya que los propios griegos estarían contribuyendo de forma indirecta a salvar a su estado de la bancarrota, ¿no parece más equitativo? Otro de los posibles beneficios es que se podrían tomar medidas drásticas y poco agradables a los distintos grupos de presión, ya que Bruselas pagaría los platos rotos de las decisiones fiscales impopulares, ventaja que por otro lado manejan a la perfección los gobiernos de los Estados miembros.

Aunque no podría terminar sin mencionar una desventaja, posiblemente una Hacienda europea sólo sería viable para la Eurozona, con lo que los once países que están fuera de ella entrarían en una dinámica de integración variable, con el riesgo de que algunos Estados de los que están dentro (por intereses concretos, ciclos económicos recesivos, etc.) acabaran en algún momento cayendo en la tentación de abandonar el club o entraran en comportamientos free-riding , táctica abusiva que implica el uso de bienes públicos sin asumir su coste (un ejemplo de free-rider sería el comportamiento de Grecia dentro de la Unión Económica y Monetaria). La doble velocidad de integración, o la integración económica en grados tan dispares sería peligrosa para el futuro de la Unión, ya que minaría la credibilidad y sobre todo las perspectivas de estabilidad del proyecto de construcción europea, lo que acabaría por situarnos en una metafórica periferia del mundo, irreversiblemente debilitados.

lunes, 15 de febrero de 2010

El don de eludir II (mercado energético)

No es Bruselas quien elude sino los Estados miembros. Lo usual. Hemos dicho aquí que el mercado único es una realidad a medias, y uno de los ejemplos más sangrantes y evidentes es el energético. Tanto es así que el recién estrenado comisario de Energía, el alemán Oettinger, está decidido a desenvainar el florete y enfrentarse uno a uno a los intereses nacionales, mientras los Estados siguen mirando a otro lado a la hora de aplicar las reglas del famoso Tercer Paquete aprobado por la Comisión, para liberalizar de una buena vez un mercado que presenta malfunciones, monopolios, ineficacia en el suministro y costes altísimos para el consumidor.

Como recordarán los lectores de este blog, los Estados recurren a diversas técnicas para incumplir las normas dentro de una federación o una confederación, por ejemplo la táctica de beggar-thy-neighbor , que consiste en buscar el beneficio de un propio país a costa de perjudicar a los países vecinos (por ejemplo mediante la devaluación competitiva), o la más discreta del foot-dragging, es decir escaquearse o ralentizar la implementación de regulaciones supraestatales cuando atentan contra intereses particulares.

Con ánimo de ser exhaustiva diría que, más que los gobiernos de los Estados miembros, son los distintos grupos directamente afectados por la norma europea (que por lo demás son los que han de implementarla) los que se movilizan para no aplicar las medidas que incluye el Tercer Paquete, particularmente la desagregación vertical del mercado eléctrico, aquella que pretende asegurar que no es la misma compañía la que realiza la producción, el transporte y la distribución de energía, cosa que ocurre por ejemplo con EDF o RWE. La directiva europea obligaría a estas compañías a desagregarse, es decir vender sus redes de transimisión.

Francia y Alemania siempre se han opuesto al plan comunitario, lo que se ha traducido en que los Estados siguen manteniendo el monopolio real del gas y la electricdad. En cuanto a los países extracomunitarios que se ven afectados por la ley europea, destacan Ucrania y Bielorrusia, cuya situación estratégica condiciona el suministro de gas en el continente. Precisamente el gas es el talón de Aquiles de una Unión Europea que no sólo dispone de escasos recursos gasísticos, sino que adolece de los conductos y las redes de transporte adecuadas y suficientes.

No hay razones para el optimismo, aunque lleguen noticias positivas con cuentagotas, como esta del viernes, que anuncia un gran acuerdo entre distintos Estados miembros para la línea del Báltico, lo que facilita el suministro en la zona nordeste de la Unión. En deplorable contraste, leemos hoy que el electo presidente de Ucrania, Yanukovych, además de mostrarse partidario de regresar a la órbita ruso, amenaza directamente a la Unión en cuestiones energéticas, y se ha mostrado dispuesto a crear un consorcio liderado por Rusia, para controlar la propiedad de la red de transporte de gas ucraniana, lo que se traduce en que la rusa Gazprom obtendría un tercio de las acciones, mientras que la alemana EON y la francesa Gaz se quedarían otro tercio, y el gobierno ucraniano el último tercio. Esta es apenas la última amenaza directa contra la Comisión de Bruselas, que insiste en que Ucrania adopte las normas comunitarias que permitan avanzar hacia la Comunidad Europea de la Energía.

Por si fuera poco, dentro de la Unión el gas no está liberalizado, ya que este mercado está regido por unas cláusulas especiales que se crearon para impedir los flujos de gas entre Estados, por miedo a poner en riesgo los suministros nacionales, lo que evita que los precios se ajusten a la demanda real.

Es decir, que al problema del transporte del gas se añade el -a mi juicio más grave- de las cláusulas nacionales, que impiden a las operadoras vender gas en algunas zonas, lo que propicia las situaciones monopolístcias en muchas regiones de la Unión Europea. Sin ir más lejos, en Francia y Alemania, el mercado gasístico está fragmentado en regiones y, en ausencia de un referente de precio nacional, no existe transparencia alguna para el consumidor, lo que en la práctica propicia que no haya flujo de gas entre mercados, y tampoco una correcta adecuación de los precios a la demanda.

El sector está lejos de constituir un mercado único, con una gran pérdida real en competencia y servicio. No está de más recordar las ventajas del derribo de las barreras arancelarias, mayor transparencia, posibilidades de exportar, precios más bajos, incremento de las oportunidades de inversión...

Admitiendo que es un sector de vital a los intereses nacionales (algo similar a lo que ocurre con el sector agrícola-ganadero, aunque en este caso dominado por grandes empresas y no por el lobby agricultor), lo cierto es que la Comisión actual se muestra dispuesta a dar la batalla para que se apliquen las medidas del Tercer Paquete, e incluso ir más allá de las medidas de liberalización.

En esta línea, Oettinger desea otorgar poder vinculante a la nueva agencia ACRE (Agencia para la Cooperación de Reguladores Energéticos), con sede en Eslovenia, y que iniciará su andadura en marzo de 2011, con el obejtivo de coordinar a las autoridades regulatorias en la gestión de las redes transnacionales de gas y electricidad.

No obstante, con su actual régimen esta agencia sólo podrá imponer sus decisiones si los gobiernos nacionales no logran ponerse de acuerdo entre ellos, lo que en la práctica va a suponer que los intereses nacionales seguirán dominando, ya que los Estados impondrán dónde y cómo invierten. El mandato de la agencia europea es lograr que en el corto o medio plazo se realice una redistribución efectiva de los beneficios derivados de la inversión en infraestructuras en territorio europeo.

Es decir, se trataría de un órgano al servicio de una macropolítica de cohesión europea.

El problema de fondo son los intereses -primero enfrentados y después reconciliados- entre empresas y gobiernos, dejando al margen los de los consumidores europeos, dispuestos a comprar energía más barata, aunque sea importada. Las empresas energéticas, en connivencia con los Estados, siguen desconfíando de una agencia europea con poder para implementar las líneas de transmisión y desconocen la magnitud del efecto redistributivo que además dicha agencia quiere dar a su actuación política.

Soy incapaz de dar con premisas objetivas para estar en contra de una mayor -sino plena- integración de la red energética europea que favorecería el desarrollo de las regiones periféricas. Se podrían crear redes empresariales transnacionales, para conseguir el capital suficiente, y construir líneas de distribución en sus zonas. La integración además permitiría la unificación de las reservas energéticas europeas, algo de vital importancia para asegurar el equilibrio y el suministro, en un continente donde el consumo energético crece año tras año. La gran idea de fondo es que para integrar el mercado energético debe lograrse crear una Red Transeuropea de Transporte y Energía (cuyo proyecto marco se pretende cerrar en Bruselas entre 2010 y 2011), pero el deseo de los actores políticos nacionales y las empresas energéticas de mantener el status quo se ha impuesto hasta ahora sobre le necesidad de crear un Mercado de la Energía en la Unión, todavía inexistente.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Barroso II, ¿el gobierno débil?

Por fin tenemos Ejecutivo comunitario, tras votación definitiva ayer en Estrasburgo. Iba siendo hora, pero la Comisión Barroso II se estrena con el gran galimatías de la Eurozona, el euro depreciándose y a punto de ser rescatada Grecia, el país multipartidista con gran tradición de gobiernos omnipresentes, es decir de esas administraciones que controlan y dominan por completo toda la legislatura y los poderes aledaños. No extraña que sus políticas de gasto público hayan sido y sean la gran lacra de la Unión Monetaria. Hoy sus funcionarios salen a la calle. Ahora el gobierno griego ha fichado a Stiglitz (¿recuerdan el del malestar de la globalización?), quien reclama a Bruselas la creación de una suerte de fondos de rescate para la Eurozona, similares a los fondos de cohesión concebidos para ayudar a los países que se adhieren a la Unión.

El FMI se ofrece a rescatar, los Estados miembros y las instituciones de Bruselas rechazan el ofrecimiento y el gobierno de Merkel se apresura a anunciar hoy el rescate en forma de crédito bilateral. Alemania rescatará el déficit griego. Siendo así parece que no duele tanto, aunque tal vez deberíamos preguntarle al contribuyente alemán. Los inversores se alegran, las bolsas saludan subiendo indicadores, y que dure.

Destaco la bilateralidad de la propuesta alemana porque es algo nuevo en la Unión Monetaria y porque no es más que una especie de cláusula de excepcionalidad estilo opt-out, aquella que permite a algunos países estar fuero del euro o no suscribir algunos anexos de los tratados. Esa bilateralidad implica que la maniobra exime de futuros rescates a otros países. ¿Qué dicen los tratados sobre los rescates financieros? Nada.

El BEI no tiene mandato ni autorización para intervenir en casos de déficit, jamás puede dar apoyo a un Estado miembro de forma individual. No hay que ser muy audaz para ver el precedente, ya lo dijimos, un acicate a la falta de disciplina, ahí estamos portugueses, irlandeses, italianos y españoles. ¿Y las medidas de austeridad? Veamos junto a este artículo el ilustrativo cuadro de los déficits de los gobiernos europeos.

Barroso y los suyos deberán demostrar que no son un gobierno débil, privilegiados por ese apoyo que les ha dado Estrasburgo, ergo el ciudadano. Mas de poco sirven los mejores artilugios institucionales cuando nada puede evitar el pánico financiero. Atención porque el BCE ha pedido a la Comisión que la próxima Directiva sobre transparencia financiera, permita a los bancos centrales guardar el secreto sobre los planes de rescate bancarios estatales que han proliferado, con mayor o menor éxito, en los últimos meses.

El objetivo es mantener la confianza de la audiencia bien arriba. ¿Política viable? Cada vez me arrepiento más de haber estado convencida de que la política era el arte de lo posible. La audiencia, como una servidora, puede estar confusa si ve recompensado al irresponsable despilfarrador con el premio del rescate. Por mucho que el comisario Almunia insista en que el apoyo a Grecia no será gratis, es probable que el contribuyente alemán no lo vea de igual modo, aunque también es cierto que la banca alemana está ahora mismo expuesta por el monto de créditos concedidos a empresas y particulares griegos.

Ante la evidencia de ese bucle, con apariencia de infinitud, Alemania interviene y plantea hoy una salida, todo sea por salvar al euro. Aseguran que el riesgo de la inacción sería mayor. También las fuentes comunitarias explican que tras el rescate griego el inversor se calmará y volverá a confiar, por ejemplo, en España. Fácil no está siendo el estreno de legislatura de la Comisión Barroso II, pero audaz sí parece. Se esperan resultados tras la lección de responsabilidad y valentía que nos está dando Joaquín Almunia. Espero que este mal trago, derivado de la mala gestión de la crisis, acabe demostrando que los Estados miembros de la Unión no podrán soportar demasiado tiempo un gobierno europeo débil.

domingo, 7 de febrero de 2010

Desdibujada política exterior

Por mucho que Lisboa diseñe una política de seguridad común, como nos recuerda hoy Westerwelle (mientras Ashton observa), en la clausura de la Conferencia de Seguridad de Múnich, el talón de Aquiles de la credibilidad política de la Unión es precisamente la ausencia de una posición común, en todo lo que extralimita sus fronteras. Las divergencias que ni siquiera el brillante y entregado Solana (hasta hace un par de meses Mr. PESC) pudo mitigar, rebrotan en cada conflicto.

En la edición del año pasado, Solana lamentaba que Rusia y la UE no alcanzaran un acuerdo sobre Kosovo, porque la primera era contraria a la secesión (España también, por cierto), mientras la UE se mostraba mayoritariamente proclive al reconocimiento de la todavía provincia sur de Serbia. El pasado viernes nuestro ministro de Exteriores, Moratinos, compareció en el Parlamento europeo donde no se arrugó en exigir a la cámara que diera prioridad a las iniciativas españolas, ya que Presidencia ha concretado medidas sobre política de vecindad, con el arco Mediterráneo y África, que deberían traducirse en decisiones comunitarias concretas. A todo esto, Ashton observa.

Son varias las propuestas españolas, pero hay un ejemplo que ilustra además a la perfección el mal endémico del desencuentro ideológico, me refiero a la presentada por España hace unos días con respecto al levantamiento del embargo de la venta de armas a China, que se estableció en 1989, tras la masacre de Tiananmen, y que también mantienen los Estados Unidos. ¿Hay alguna garantía democrática en China que permita levantar dicho embargo? Moratinos manifiesta que el gobierno español está valorando pros y contras de levantar ese embargo, considerando que China es un socio de primera en el mundo, posición que comparte Francia, pero no muchos otros Estados de la Unión. Además, el Parlamento europeo votó en contra del levantamiento de la prohibición en 2008, antes de las elecciones, aunque es posible que votaran en los mismos términos a día de hoy. Por lo demás, dado que este ámbito decisorio requiere unanimidad, parece que las posibilidades de que fructifique alguna iniciativa son nulas.

Este es un simple ejemplo de lo remotamente lejanos que estamos de perfilar una política exterior común, que consagre una posición común de los 27 en un área tan compleja como es la de las relaciones internacionales. Insisto, si de Lisboa podemos extraer la conclusión de que el objetivo es disponer de un ejército europeo, sometido al control parlamentario de la Unión Europea, a día de hoy ni siquiera podemos hablar de política exterior común. El "choque ideológico" que en otros parámetros de las políticas públicas se ha ido difuminando, aún es muy visible en las relaciones entre Estados que tienen que ver con actuaciones estratégicas y de seguridad.

España asegura que las presidencias rotatorias deben utilizarse para reforzar las políticas de vecindad. Moratinos se explaya el viernes desgranando la posición española en asuntos de lo más diversos. Ashton observa. Sigue el ministro de Exteriores español proclamando textualmente su entrega y disposición a Ashton, poco antes de confesar su deseo de luchar contra el sentimiento de irrelavancia de la Unión Europea en el mundo.

Por cierto, Rumanía va a acoger el famoso escudo antimisiles norteamericano que Polonia deseaba, ¿recuerdan? La noticia de última hora es que el Irán de Ahmadineyad decide enriquecer uranio al 20%. El momento elegido para lanzar la amenaza no es casual. Así se juega todavía en el escenario globalizado pero, a pesar de todo y aunque no suene demasiado académico, los hechos nos demuestran que en política internacional siempre hay un roto para un descosido, que no es poco.

viernes, 5 de febrero de 2010

Europa: más allá de la crisis y el miedo

Por fin viernes. No sé si habrá colas en los cines, pero dicen los sociólogos que en el Mediterráneo somos propensos a las huida de la realidad. Desconfío de las generalizaciones, así que creo que muchos irán por puro placer, con la excusa de que sufrir libera adrenalina. Sufriré con la glacial La carretera, aunque voy con la inconsciente excusa de deleitarme con Mortensen, y no por ese canibalismo límite con que los productores quieren venderme el producto, aunque creo que una extraña atracción por lo inhóspito caracteriza a los europeos con antepasados sajones o celtas.

La construcción de teorías apocalípticas varias es probablemente una de las aficiones más ancestrales, que rebrota en los momentos de crisis, que es cuando la gente se siente más infeliz. Tras salir del cine regresarán a la realidad de las facturas e hipotecas, o a una u otra forma de precariedad e insatisfacción. Son las consecuencias concretas de la crisis de los últimos dos años. La prosperidad de antaño y nuestra forma particular y libre de disfrutarla pueden estar en riesgo. 

Hablando de riesgo, no dejen de leer las teorías de Ulrich Beck sobre esto que les cuento del miedo y del riesgo, que condicionan hasta límites insospechados las decisiones económicas y políticas de nuestra sociedad contemporánea.

Desgraciadamente el miedo es una emoción demasiado poderosa. No sé si habían reparado en que el miedo a las crisis (o a la guerra) es el origen de la creación del espacio económico y político europeo. Es un simple mecanismo de defensa ante la amenaza exterior. Hoy la amenaza está también en el interior. La más inmediata es la tan comentada posibilidad de que algunos Estados miembros abandonen el euro.

Sin ser economista, creo que esa posibilidad es remota, aunque no imposible, pero en todo caso depende más de nuestras decisiones que de los gobiernos. Si los ciudadanos e inversores deciden retirar sus activos en euros e invertirlos en otra divisa, obviamente el euro se acabará debilitando. Eso está ocurriendo en algunos países, lo que no significa que la moneda única esté en riesgo, porque la mayoría de las economías de la Eurozona están manteniendo el equilibrio en su ritmo de exportaciones. Los que no han hecho los deberes tal vez deban abandonar, pero el coste sería demasiado elevado incluso para los que sí han cumplido objetivos. Intervendrá el gobierno europeo, es decir la Comisión, como lo está haciendo en Grecia, y a cruzar los dedos.

El primer intento por crear una moneda única se dibujó en el Informe Werner, del año 1969, cuando yo aún no había nacido. No fructificó por la crisis del petróleo de los años setenta, que desencadenó una fuerte tendencia proteccionista de las economías nacionales. La causa: el miedo. Hasta principios de los noventa no se empezaron a cimentar los mecanismos para la unificación de las divisas dentro de la CEE, una vez superada la dura etapa proteccionista de los setenta y ochenta. Recuerdo haber leído a algunos economistas identificar la fuerza que se esconde tras el proteccionismo: el miedo. Jamás la razón. El miedo desencadena la premura y la desconfianza en el entorno económico, especialmente en el internacional. Las alianzas dejan de prevalecer.

El año pasado se reunió el G-20 en un intento por concertar las reglas de funcionamiento de la economía mundial, intento vano, por los nuevos equilibrios Este-Oeste, sobre todo por la presión de China sobre la hasta ahora predominante economía estadounidense. No se ha logrado supranacionalizar el gobierno económico a escala mundial. Europa sí ha logrado regular normas compartidas y ha supranacionalizado el mercado, pero ¿hacia dónde vamos si somos una pequeña isla, prestigiosa eso sí, pero isla, al fin y al cabo?

De las crisis no se sale tal como se entró, de las crisis se sale peor, porque los desequilibrios financieros debilitan al que pierde capital, y los efectos son duraderos. La grandes reorganizaciones económicas mundiales, como el viejo sistema Bretton Woods, se produjeron tras las dos devastadoras guerras internacionales, pero ¿puede extrapolarse a la situación actual un conflicto bélico?

Con el grado de integración política que hay en la Unión Europea a día de hoy, cabría esperar previsión en el ejercicio de las políticas públicas. Se espera que en situaciones difíciles el mandatario inspire confianza y brinde seguridad en lograr su objetivos. Se esperan líderes visibles que mitiguen precisamente ese miedo, el miedo ancestral y hereditario que es enemigo del progreso, que impide emplear lo mejor de nuestro raciocinio para resolver la complejidad de este mundo tan interrelacionado. Y para sobrevivir. Por ahora, es todo a lo que podemos aspirar, y créanme, no es poco. Mi consejo optimista para reflexionar el fin de semana, y poner en práctica, todos y cada uno de nosotros, desde el lunes a primera hora: si luchas por tu futuro, ya estás viviendo tu futuro.

jueves, 4 de febrero de 2010

Cuando se negaba la evidencia

Hoy una ola de pesimismo invade las redacciones. Lean cualquier diario español, los columnistas y los cronistas de todas las tendencias empiezan a dar señales de colgar las botas en el que ha sido el deporte nacional durante mucho tiempo, demasiado: negar la evidencia. No podemos negar la evidencia, aunque nos duela. Tras el sonrojo del Foro Económico de Davos la semana pasada, ayer el gobierno español presentó su Informe de Estabilidad a la Comisión, un documento que incluye las directrices políticas que propone la Presidencia española para superar la crisis, y en especial lograr la estabilidad en la Eurozona hasta 2013.

Si ayer hablábamos de la vigilancia exhaustiva que someterá la Comisión a Grecia, no podemos negar ni un día más que esas nubes negras amenazan a los países periféricos de la Unión por su cara sur. Las cifras de déficit superan el 3% en varios países, también el límite del 60% para la deuda externa. España arojó un déficit de 11,4% en 2009, aunque la deuda externa se situó en un bastante razonable 55,2%, aún así España es el país con el índice más elevado de desempleo de toda la Eurozona, cerca del 20 %, duplicando el promedio de los países donde el euro es la moneda de curso. Sumemos a ello el previsible descenso de precios en el sector inmobiliario, y los miles de inmuebles vacíos que proliferan a lo ancho y largo del país.

A pesar de este escenario, sí es posible que España logre algún día revertir el déficit, pero lo tiene más complicado que otros países por el índice de paro y el lento ritmo de crecimiento de nuestra economía. Por lo demás, el sistema bancario español goza de un gran prestigio y solvencia, aunque también se han producido hace pocas semanas rescates para recapitalizar la banca, bajo los auspicios de la propia Comisión europea. Con todo, las principales entidades bancarias españolas arrojan resultados muy buenos, como BBVA y especialmente Santander, quienes han sabido gestionar adecuadamente el vendaval financiero. Vaticinan, en cambio, que 2010 será un mal año, por el ajuste del precio de los créditos.

¿Por qué no crecemos? Tal vez porque nuestro sector industrial ha quedado reducido a la mínima expresión, porque nuestros salarios han sido demasiado altos durante demasiado tiempo, tal vez porque no disponemos de mano obra cualificada para competir, o porque otros producen mejor y más barato, y no me refiero sólo a los chinos. ¿Reformas estructurales? Sin duda, aunque cuando lleguen puede ser demasiado tarde. Dicen fuentes informadas de Bruselas que el gobierno español presentó un informe a las 12 horas del mediodía de ayer, con la propuesta del retraso de la edad de jubilación o el recálculo de las pensiones a los 25 años de cotización (en lugar de los 15 vigentes). Dicho informe fue substituido por otro tres horas más tarde, aduciendo que aquellas propuestas se presentaban a modo de ejemplo y que en caso alguno eran vinculantes.

Las malas lenguas no son más que eso, y no merecerían más crédito si no fuera cierto que España está bajo sospecha en los mercados y foros internacionales. Almunia ha reconocido que compartimos problemas con Grecia y Portugal. Hoy el IBEX ha vuelto hablar.

Sé que estas afirmaciones contribuyen a incrementar el riesgo-país, pero sé que alguien tiene que tomar decisiones políticas para que se recupere la confianza. Mi voz no pretende sembrar alarma, sino que es una humilde invitación a que alguien reaccione de forma drástica, que tome decisiones quien tenga que tomarlas.

Tengo el convencimienta de que saldremos de ésta, como lo tengo de que hemos perdido tiempo y oportunidades. La Presidencia española está saliendo bien, pero hay que subir el listón en estos cinco meses que todavía quedan por delante, hasta ceder el testigo a Bélgica. Este es un buen momento para demostrar que hay capacidad de reacción en la política doméstica. No es momento de nerviosismos ni de reproches, acaso uno: demasiado tiempo negando lo que era evidente. Demasiado tiempo sin tomar decisiones. Decisiones valientes.

Ampliación, ¿cuestión de valores?

La semana que viene, nuestros eurodiputados debatirán sobre los candidatos a acceder a la Unión, Croacia, Macedonia y Turquía. El debate parlamentario se centrará en asuntos institucionales y judiciales de aquellos países, es decir lo que tenga que ver con la efectiva separación de poderes, y la constatación de que se lucha contra el crimen organizado. Interesante sería la plena integración de la región balcánica, pero Turquía sigue mereciendo acotaciones al margen, ya que la mayoría de la actual Eurocámara duda de la idoneidad de los turcos, no sólo por su limitado avance en cuestiones democráticas, sino por sus valores. Una pequeña y reciente señal del talante democrático del gobierno turco la tenemos aquí, toda una muestra de respeto a nuestras instituciones... ¿Es todo el mundo bienvenido al club? Opiniones al margen, este es el gran e irrenunciable debate del futuro de EUropa.

* Desde este enlace podrán seguir la sesión parlamentaria en directo el próximo día 10 de febrero.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Grecia en guardia

El euro cumple ocho años en circulación. Parece que fue ayer cuando, ilusionada aquella Nochevieja de 2001, acudía al cajero de la esquina para tocar y manosear mis primeros euros. Entonces éramos doce, ahora somos dieciséis. Sólo se nos pide una cosa a cambio: que nuestros gobiernos no superen el 3% de déficit público. Grecia ha cuadriplucado el déficit establecido para permanecer en el euro. Almunia, como flamante comisario de Economía, anuncia hoy que Bruselas hará las veces de guardián del gobierno griego. En dos años Grecia debe reducir su déficit público, que ha sido de 12,7% en el año 2009, hasta alcanzar el mítico 3 % que establecieron los criterios de convergencia para la unión monetaria.

La prioridad que la Comisión tiene en mente es tratar de influir sobre los mercados financieros, ya que el índice de riesgo de Grecia está por las nubes, lo que dificulta enormemente que este país pueda obtener crédito exterior. Los inversores huyen de la deuda griega, y eso podría desencadenar un peligroso efecto dominó sobre otros Estados miembros en situación deficitaria. Barroso ha sido el encargado de decir públicamente que el gobierno griego debe tomar las medidas indicadas por la Comisión para corregir la deficitaria situación de la hacienda pública en el país heleno.

Este contundente anuncio responde a la generalizada inquietud en la Eurozona y sus 16 miembros, ante los rumores de un posible rescate al estado griego, lo que a su vez podría arrastrar a situación deficitaria a otros países. Entretanto, el gobierno griego, liderado por el socialista Papandreou ya afronta una huelga de funcionarios en su país para el próximo 10 de febrero, ante el anuncio de los recortes en el gasto público, la congelación de los salarios de la administración, así como de las ineludibles reformas de las pensiones y de la política fiscal.

El plan presentado hoy por Almunia será, con toda probabilidad, aprobado por el Ecofin (Consejo de ministros de Economía de la UE) el próximo 16 de febrero. Después se seguirá de cerca a Grecia con controles en marzo, en mayo y después trimestralmente.

En boca del propio Almunia, por primera vez se contempla el recurso a las disposiciones del Tratado de Lisboa (artículo 121) para intervenir en las políticas económicas domésticas en relación con cuestiones presupuestarias (reformas estructurales incluidas) que puediran acabar perjudicando a otros miembros de la Unión Monetaria (UEM), por ello hoy mismo la Comisión amenaza con sanciones y los procedimientos previstos, en caso de incumplir con las directrices económicas de la UE. Almunia ha concluido su intervención de hoy, refiriéndose a la falsificación de datos fiscales presentados al Eurostat por parte de las autoridades griegas, y afirmando que la nueva Comisión pedirá al Consejo de la UE que los Estados miembros acepten dar poderes a Eurostat para auditar los datos presentados por los países y garantizar la veracidad estadística, aunque asegura que en el caso griego ya se ha aplicado un procedimiento sancionador.

Sin duda, se trata de un complicado escenario el del estreno de Almunia como cabeza visible del área económica, lo que añade valor al reto. No me cabe duda de que el comisario, junto con el resto de la Comisión, saben lo que se traen entre manos, y hasta la fecha no han dado motivos para dudar del optimismo manifestado por el español hoy en Bruselas, a pesar de que me ha parecido que con el rabillo del ojo atisbaba, con disimulada inquietud, las nubes negras que transitan próximas al Mare Nostrum.

martes, 2 de febrero de 2010

Injustificable desplante de Obama

A pesar de que fuentes gubernamentales norteamericanas insistan en decir que la agenda internacional de Obama no incluía venir a la cumbre con la Unión Europea, no hay excusa, máxime cuando Obama ha viajado hasta seis veces a Europa en 2009 para reuniones de carácter bilateral (además de la cumbre con la UE bajo presidencia checa) con estados europeos.

La gravedad del desplante es mayor porque hablamos de la primera cumbre bilateral entre la Unión Europea y los Estados Unidos, tras la implementación de Lisboa, es decir el estreno de Ashton y Van Rompuy como representantes de la Unión. El debate no es quién está al mando, ni a quién debería saludar primero, sino por qué Obama no da la cara en esta cumbre que supone el primer gran reto de la diplomacia europea en el camino por lograr una única voz en el mundo.

Dice cierta prensa que Obama salió decepcionado de la cumbre bilateral en Chequia el año pasado, donde se encontró con una lamentable agenda política sin contenido, probablemente debido a la coincidencia temporal con el cambio de gobierno en aquel país. Pongamos en cuarentena tal afirmación, pero hagamos autocrítica. ¿Será cierto que los servicios diplomáticos estadounidenses han tenido problemas para comprender la situación protocolaria de la Unión que involucra a Zapatero, Van Rompuy, Moratinos y Ashton?

Es innegable que EUropa debe reforzar su cohesión interna, encontrar la coherencia política, más allá de las reacciones de otros actores globales, pero sea como sea, son de extrema gravedad ciertas declaraciones que leemos en la prensa norteamericana, como ésta en la que se afirma alegremente que la Unión Europea es irrelevante para Obama. La cumbre está prevista para mayo. ¿Servirán los esfuerzos diplomáticos o un cambio de fechas para arrastrar al presidente norteamericano? Let's HOPE for the best.

Bruselas hacia el régimen parlamentario

La próxima semana el Parlamento europeo ratificará al nuevo colegio de Comisarios como ejecutivo de la Unión, una vez superado el trámite de control parlamentario, que ha dejado en la cuneta a la búlgara Jeleva el pasado 19 de enero. Se ha consagrado así la potestad de control parlamentario sobre la Comisión, que emana de un acuerdo interinstitucional que había sido firmado el pasado mes de junio de 2009, pero que se ha revisado para adaptarse al Tratado de Lisboa, otorgando algunos poderes añadidos a la cámara parlamentaria.

Ciertros observadores prevén inestabilidad en los próximos meses, no sólo por las "ganas de marcha" que hay en el Parlamento en el control sobre el Ejecutivo, sino también por algo que se visibilizó durante las audiencias parlamentarias, las contradicciones entre las responsabilidades que hasta ahora recaían sobre los comisarios, derivadas de la aparente duplicidad de competencias entre algunas carteras (por ejemplo, las competencias de Ashton se solaparían con las de Füle, comisario de Ampliación). Un análisis de las comparecencias del mes de enero, nos permite concluir que Barroso va a ejercer un mandato bastante más presidencial que el anterior, precisamente para evitar discrepancias entre sus comisarios.

En todo caso, las relaciones entre Parlamento y Comisión ahora mismo no están perfectamente definidas, y está previsto que el próximo 9 de febrero se vote en la cámara un nuevo marco que regule las relaciones entre ambos. Posiblemente se incluirá la posibilidad de solicitar la dimisión de un solo comisario, sin tener que hacerlo la Comisión en bloque en plena legislatura, como ha ocurrido hasta ahora. También se pretende reforzar los vínculos informales entre las dos instituciones, de manera que Buzek podrá asistir a la reunión semanal de la Comisión, donde se realizan las grandes propuestas de ley por parte de los comisarios; mientras que Barroso acudirá a las reuniones bimensuales de los jefes de los grupos parlamentarios, donde se debaten aspectos legislativos y presupuestarios; y aún más, la sesión de control mensual sobre el presidente de la Comisión incluirá desde ahora a otros comisarios, y en especial a la ministra de Exteriores, Ashton.

¿Hasta qué punto suponen estos cambios una evolución hacia el régimen parlamentario federal? Evolución sin duda, y la muestra evidente ha sido el duro y exigente proceso de audiencias a que se sometieron los candidatos a la Comisión, en que los eurodiputados demostraron su voluntad de ejercer un verdadero control al poder ejecutivo. No obstante, existe una limitación crucial, el Parlamento no tiene potestad para iniciar un proceso legislativo, quedando reservado este poder de forma exclusiva a la Comisión. Recordemos que una vez aprobada una iniciativa legislativa por el Parlamento, será el Consejo el que dará la aprobación definitiva. Si el Consejo no aprobara la propuesta, el Parlamento debería votar en segunda lectura, de modo que un texto no será aprobado si no hay acuerdo del Parlamento y del Consejo (de no haber acuerdo se resolvería en un comité de conciliación).

En el caso del presupuesto, el poder parlamentario es mayor, ya que el voto del Parlamento es posterior al del Consejo de la UE, y es el Parlamento quien aprueba el presupuesto comunitario por mayoría simple. Lástima que el presupuesto esté limitado a ese famoso y paupérrimo 1% de la riqueza total de la Unión, a todas luces insuficiente para que poder emprender las políticas que esperamos lidere la Unión Europea, pero ese debate es harina de otro costal y lo afrontaremos a su debido momento.