jueves, 28 de enero de 2010

La Europa "social" entre lo informal y lo formal

Hoy y mañana tenemos entre nosotros, en Barcelona, a los ministros de Trabajo de la Unión Europea, en un encuentro que, por criterio del Consejo, tiene carácter informal, y se sorprenderían al ver cuánto más eficaces son estos encuentros relajados para acercar posiciones y producir estrategias concretas. Mi experiencia (apenas como observadora) me dice que en la distensión se producen las complicidades decisivas que marcan los rumbos políticos del mundo. Aunque yo soy de las que no creo en las grandes teorías conspirativas planetarias, y sigo convencida de que los ciudadanos pintamos algo en la historia. En fin. La reunión se justifica en los preámbulos de la redacción de la Estrategia 2020, ya que los agentes sociales, y particularmente los lobbies del centro-izquierda, se lamentan del sesgo más bien liberal de las propuestas presentadas por la Comisión Barroso para afrontar la crisis.

Dichos lobbies ven precisamente en el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero, que ostenta la presidencia de turno, una oportunidad para poner el acento social sobre la agenda europea, como ha manifestado hoy Conny Reuter, presidenta de la Social Platform (una red de ONGs sociales), admitiendo a su vez que, siendo la mayoría parlamentaria en la UE de centro-derecha, pocas opciones hay de que se materialicen sus ambiciones.

Es conocido que en el entorno comunitario funciona el lobbismo, distintos actores o grupos pretenden imponer sus prioridades de agenda, aunque es difícil valorar si lo hacen en favor de la ciudadanía europea, que por lo demás se manifiesta en las urnas por doble partida, eligiendo a los eurodiputados y a los respectivos jefes de Estado y de Gobierno.

No se cuestiona la Europa social, no se ha llegado al punto de tener que dar por fracasado al estado del bienestar, aunque da la sensación de que éste merece una segunda oportunidad y tal vez deba abrirse un debate sobre un nuevo modelo social en Europa. ¿No les parece que el actual ha demostrado su ineficacia para resolver las situaciones de precariedad económica de tantos europeos? ¿Cuáles son los fines de la política social? Alcanzamos a entender que las políticas sociales pretenden prevenir y evitar las situaciones de desamparo de las personas, aunque algo me hace sospechar que no se ha dado todavía con la receta.

El propio Barroso se comprometió a defender esos objetivos de carácter más social en la apertura del Año europeo contra la pobreza y la exclusión social (2010). Los presidentes del Trío (España, Bélgica y Hungría) ya han presentado una agenda de encuentros con los agentes sociales para el mandato de año y medio. Pero, ¿hay algo concreto detrás de los miles de páginas de retórica vacía a cuenta de la pobreza y la exclusión social? A mi juicio, mucha corrección política y escasos resultados.

En este contexto, el objetivo de la reunión informal de estos días es doble, por un lado incorporar a la acción política de la UE elementos para resolver el impacto de la crisis, y por otro corregir el eterno problema del desfase en la formación y cualificación profesional de los europeos. Y siguiendo la tradición comunitaria de fabricar una jerga propia, los ministros hablarán de los empleos “verdes”, vinculados al medio ambiente; los “azules”, referidos al desarrollo tecnológico; y los “blancos”, relacionados con los servicios a las personas dependientes.

El uso de la jerga puede ser más o menos cuestionable, pero atiende a un criterio de "branding" europeo que considero oportuno y hasta acertado, pero lo que hay detrás de las etiquetas a menudo no deja de ser una simple construcción modélica y alejada de la realidad. Esta sensación viene acentuada por la insistencia en recurrir hasta el agotamiento a tópicos del estilo del famoso cambio de modelo productivo, otro de los mantras que se reproduce reunión tras reunión, como lo es aquel del crecimiento sostenible o la sempiterna cuestión de la inclusión social, eso sí, imaginen esos lugares comunes pronunciados en un entorno distendido, copa en mano, como sugiere la informalidad que adorna al encuentro.

Con todo, permítanme ser algo escéptica ya que, incluso de la pompa y la formalidad, nació en el año 2000 aquel bienintencionado compromiso de la Agenda Lisboa, que afirmaba que en 2010 Europa sería la economía más dinámica del planeta, basada en el conocimiento. Tanto se erró el tiro que ya en 2005, a medio camino y con el pie cambiado, se rehizo la estrategia para concentrarse en la creación de empleo, incluso mediante la devolución de competencias a los Estados miembros con el fin de recuperar a la desesperada la senda del crecimiento económico. Los resultados a la vista están. La coordinación abierta se ha mostrado inútil y los Estados por sí mismos completamente incapaces, por ello las reuniones son ineludibles y los acuerdos casi una necesidad, por encima de la pluralidad de criterios y de los intereses nacionales que, a todas luces, no tienen efecto benéfico alguno sobre las economías europeas.

Las reuniones de mañana en Barcelona culminarán en el Consejo que tendrá lugar el 10 de marzo en Bruselas, la capital de la Unión, y hablando de capitalidad me cuentan que hay movimientos en el entorno institucional que sugieren que la cumbre de la UE con EE.UU. se realice en Bruselas en lugar de en Madrid, como símbolo de que la única voz exterior de la Unión se expresa también ejerciendo su capitalidad. Ni que decir tiene que me parecería un error, no sólo porque creo que esa cumbre debe realizarse en España, sino porque el espíritu de las presidencias semestrales es que cada Estado miembro tenga su oportunidad de influir en la agenda, y de dejar su huella política en la construcción europea. Nos gusten más o menos algunas de las peregrinas ideas del presidente español, cierto es que el alcance de los objetivos de la presidencia y el compromiso de España, así como su voluntad de incardinación plena en la política de la Unión, merecen un voto de confianza.