lunes, 30 de noviembre de 2009

RELEX sin relax

La importancia estratégica de la Europa Oriental está fuera de duda, y tiene su reflejo en la configuración de las nuevas instituciones europeas. Lo insinuamos aquí al hablar del riesgo de una intensa polarización hacia el Este y las presiones que los numerosos Estados miembros procedentes del antiguo Telón de Acero realizan para velar por sus intereses geopolíticos, mientras Rusia se afana en realizar maniobras un tanto extrañas.

Uno de los dos grandes ejes de la Unión son y serán las relaciones exteriores. Y para comprender el alcance de dicha estrategia hay que ampliar el análisis más allá de la figura de Ashton como ministra de Exteriores. Uno de los signos tal vez menos evidentes sea la fusión de las carteras de Ampliación y Vecindad en la nueva Comisión, y la no casual adjudicación de dicha cartera al checo Füle [en la imagen], a pesar de que en círculos comunitarios se recelaba de conceder la cartera Ampliación a uno de los últimos Estados incorporados (aunque sobre el papel los comisarios no representen a sus países de origen). Obviemos una interpretación masoquista y pensemos que este “premio” no tiene relación con el calvario que nos ha hecho pasar Klaus con la ratificación de Lisboa.

La cuestión clave sería discernir por qué Barroso ha decidido solapar ambas áreas políticas y dilucidar las ventajas de esta maniobra. En la anterior Comisión Barroso (2003) surgió una DG (Dirección General) de Vecindad que se nutrió de miembros de la anterior DG de Ampliación, que perdió peso y capacidad decisoria una vez fraguada ya la gran ampliación que se produjo en 2004. Siguiendo con la estructura de funcionamiento de la Comisión, tenemos una DG de Exteriores, conocida en la jerga comunitaria como RELEX, que ahora quedará parcialmente en el ámbito de Ampliación y Vecindad.

Añadamos un detalle nada menor, y es que formalmente la Unión tiene una nueva ministra de Exteriores, que dispondrá en breve de un SEAE (Servicio Europeo de Acción Exterior), es decir un cuerpo diplomático propio, al que se supone le correspondería tratar los asuntos de Vecindad. ¿Estamos ante un nuevo caso de fragmentación de las competencias?

No hace falta ser un experto geógrafo para darse cuenta de que el grueso de los países que desean anexionarse a la UE se ubican hacia el Este del actual territorio de la Unión, con el añadido de que muchos están un ámbito de influencia rusa, especialmente los que ya han solicitado estar en la agenda de ampliación, como Georgia, Ucrania y Moldavia (como anécdota ilustrativa decir que este país está gobernado desde la pasada primavera por una coalición liberal que se llama "Alianza para la integración europea"), y los futuros posibles candidatos como Bielorrusia, Armenia y Azerbaijan. Todo esto añade complejidad a la gestión de la Ampliación, que en principio debería ver unos años de parálisis, máxime cuando se vaticinan dificultades para conseguir decisiones mayoritarias o unánimes en el ámbito decisional de la Comisión.

De todos modos, el marcado perfil de Füle permite augurar que no desea ser un comisario de transición y que aprovechará sus buenas relaciones en la zona para impulsar las anexiones, aunque pise un terreno donde las divergencias sólo se podrán controlar si se mantiene la coherencia y el rigor que han caracterizado hasta ahora los procesos de ampliación, en cuyo caso la fusión de carteras habría sido un éxito.


A la luz de estos movimientos en la Comisión no es osado afirmar que la institucionalización de la política internacional de la UE se estrena por tanto con una legislatura en que las relaciones exteriores tienen un carácter más transversal que nunca, en que distintas Direcciones Generales (recordemos que carteras como Comercio o Cooperación Internacional también tienen una vertiente de relaciones exteriores) deberán coordinar sus acciones además al amparo del recién nacido SEAE, ya bautizado por la propia Unión como sui generis, y no catalogado como institución sino como servicio dependiente de la ministra Ashton. Idealmente, la Comisión debería brindar apoyo a la ministra en la política exterior y de seguridad desde la plataforma del SEAE, que por cierto ya nace maniatado por las discrepancias en el Consejo sobre la idoneidad de hacer recaer Vecindad y Ampliación en su campo de actuación.

Puede parecer desalentador, pero la acción se demuestra andando, es más si todos los Estados miembros han hecho declaraciones de intenciones sobre su deseo de evitar la duplicación de funciones, sólo está por ver cómo se resolverán los asuntos con competencias compartidas, o aquellos en que los Estados miembros deseen que el Consejo todavía tenga la última palabra. Tristemente el Tratado de Lisboa tiene ciertas lagunas en ese ámbito, y ya en el terreno de la pura especulación, tal vez la concesión de Vecindad a un país que ha obstaculizado la ratificación sea una maniobra inteligente para evitar el obstruccionismo y posibilitar el desarrollo y la coherencia en las relaciones exteriores.



viernes, 27 de noviembre de 2009

El colegio de comisarios Barroso II

Ya ha visto la luz el comunicado con la composición del colegio de comisarios para el nuevo mandato. Hace un par de días se cerró la lista de comisarios elaborada a partir de las propuestas de los Estados miembros, y esta es la asignación de carteras para la próxima legislatura. La cartera de Energía no se la lleva ningún PECO, sino que se queda en Alemania, mientras que España accede a la de Competencia, y además Almunia será uno de los vicepresidentes de la Comisión, junto con la británica Ashton, ministra de Exteriores, y la holandesa Kroes, que dirige la Agenda Digital, la luxemburguesa Reding, de Justicia, el italiano Tajani, de Industria, y el estonio Kallas, de Transporte. Conozcan al detalle los perfiles de los nuevos comisarios aquí. Se han cumplido sólo parcialmente los objetivos de los que luchábamos por una Comisión sin discriminación de género, y habrá que conformarse por esta vez con tener representación femenina en un tercio de las carteras. Sabemos también que 27 es un número excesivo para un gabinete de carácter ministerial como es la Comisión, pero habrá que esperar a una nueva revisión del Tratado para lograr esta concesión por parte de los Estados miembros.

Esta es la lista de comisarios por orden alfabético del Estado miembro de origen, indicando entre paréntesis su filiación política:

Alemania: Günther H. Oettinger (conservador)
Austria: Johannes Hahn (conservador)
Bélgica: Karel De Gucht (liberal)
Bulgaria: Rumiana Jeleva (conservadora)
Chipre: Androulla Vassiliou (liberal)
Dinamarca: Connie Hedegaard (conservadora)
Eslovaquia: Maroš Šefčovič (socialdemócrata)
Eslovenia: Janez Potočnik (sin filiación)
España: Joaquín Almunia (socialista)
Estonia: Siim Kallas (liberal)
Finlandia: Olli Rehn (liberal)

Francia: Michel Barnier (conservador)
Grecia: Maria Damanaki (izquierda radical)
Hungría: László Andor (sin filiación)
Irlanda: Máire Geoghegan Quinn (liberal)
Italia: Antonio Tajani (conservador)
Letonia: Andris Piebalgs (conservador)
Lituania: Algirdas Šemeta (conservador)
Luxemburgo: Viviane Reding (conservadora) [en la primera imagen]


Malta: John Dalli (conservador)
Países Bajos: Neelie Kroes (liberal)
Polonia: Janusz Lewandowski (conservador)
Rep. Checa: Štefan Füle (sin filiación)
Rumanía: Dacian Cioloş (liberal)
Suecia: Cecilia Malmström (liberal) [en la segunda imagen]

Portugal está representado por el presidente José Manuel Durao Barroso (conservador).
Reino Unido por la vicepresidenta Catherine Ashton (socialista).

jueves, 26 de noviembre de 2009

Atención a las polaridades en Europa

Una vez conocidos los miembros de la nueva Comisión, se abre otro frente de batalla que, a juzgar por las noticias que se filtran en entornos comunitarios, están protagonizando los países del Este. A nadie sorprende que estas nuevas naciones incorporadas en la última oleada sientan el peso de su pasado soviético de forma especialmente virulenta, y de ahí sus movimientos diplomáticos para presionar a Barroso y lograr las carteras que más afectan a sus estrategias de defensa y energéticas, los dos puntos candentes en las relaciones Europa-Rusia.

Ello no significa que el eje Berlín-París esté en riesgo, pero atención a los países mediterráneos, que podemos ir perdiendo relevancia de una forma preocupante en cuestiones estratégicas vitales. Y a modo de ejemplo el fiasco de la Unión por el Mediterráneo, que es la excelencia de la vaguedad y el cúlmen de la voluntad política vacía de contenido. No lo es en cambio la ampliación futura hacia el Este, que lejos de detenerse continúa, con Croacia como posible nuevo miembro en unos meses.

Hay cuatro países que ya se han postulado para hacerse con la cartera de Ampliación, que ahora ocupa Finlandia (comisario Rehn): Chequia, Eslovaquia, Bulgaria y Letonia, y de estos, los tres primeros admiten que la cartera de Energía también entra en sus objetivos, ya que Letonia está en posesión actualmente de esa cartera (comisario Piebalgs). En su defecto, Bulgaria desea la cartera de Política Regional, por la que también se postula Hungría, ambos países con conflictos regionales y étnicos.

Chequia ha insistido de forma especial en su deseo de obtener Ampliación, lo que responde a sus intereses estratégicos nacionales, aunque Letonia -hasta ahora en posesión de la cartera- desea mantenerla. En la agenda de la ampliación recordemos la presencia de asuntos espinosos como Turquía, el posible reconocimiento de Kosovo (hay 6 Estados miembros que no lo reconocen como estado), la disputa entre Macedonia y Grecia, el fracaso político de países balcánicos como Bosnia y Herzegovina, o la reunificación de Chipre, muy lejos de conseguirse a día de hoy.

De todos modos, en el juego de carteras todos los PECOS (países ex comunistas) han mostrado su interés de forma especialmente intensa en Energía, aún siendo conscientes de que la Energía está todavía bajo competencia de los Estados miembros, y que la Unión no puede ir más allá de un rol de coordinador.

Hay algo que demuestra hasta qué punto es un error que la política energética no esté delegada a la Unión, y es el uso que ha hecho Rusia de su potencial energético para amenazar y extorsionar a distintos Estados miembros de la UE, sin que ésta tenga demasiado margen de maniobra al respecto por no estar legitimada políticamente en ese área. Precisamente Bulgaria y Eslovaquia fueron los dos grandes perjudicados por la crisis del gas el pasado invierno, y han amenazado en Bruselas con reabrir sus centrales nucleares, cuyo cierre fue una precondición para poder anexionarse a la UE.

Esta actitud desafiante de dos nuevos Estados miembros -hecho sin precedentes en la historia reciente de la Unión- me parece suficientemente ilustrativa como para cerrar con ella mi entrada de hoy. Representa la visibilización del mercadeo entre Estados en plena vorágine, y protagonizado además de una forma poco elegante por Estados miembros que tal vez no tengan la adecuada madurez democrática para estar en el club de la Unión. Por sus hechos los conocerás. Jamás puede interpretarse en clave nacional una política del calado de la energética, y estos países están actuando en unos términos que cuanto menos merecen cierta reserva.

Los países del Este se apresuran, y las prisas nunca fueron buenas consejeras, desesperadamente buscan ascender peldaños en su área de influencia geopolítica con objetivos nacionales, mientras los países del Sur nos vamos quedando descolgados, algo que tal vez denote una preocupante falta de ambición. Porque en nuestra zona de influencia está el Magreb, área rica en recursos energéticos y que supone problemas de seguridad para toda la frontera sur de la Unión, razones más que suficientes para que la cuenca mediterránea estuviera en el centro de la agenda comunitaria. ¿Aprovechará el gobierno español la próxima Presidencia del Consejo para situar al Mediterráneo en el lugar que le corresponde en Europa?

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Contra la apatía

No hay nada como ir acumulando doctores de cabecera, y no me refiero en absoluto a los matasanos que practican la medicina ortodoxa, sino a antiguos profesores que ofrecen asistencia urgente sobre distintas materias, individuos discretos con cabezas amuebladas que se comportan como libros abiertos a vuelta de correo electrónico, léase en mi caso sobre cuestiones económicas, culinarias, políticas, filosóficas y literarias. Cuando estos doctos expertos entran en escena, me invade la clarividencia de que no hay lugar para la apatía en mi vida.

Disculpen mis días de ausencia de este blog, acostúmbrense a ello porque me apremian otras obligaciones, aún así no puedo ignorar los extendidos reproches que estos días han recorrido la prensa europea sobre los famosos nombramientos de la semana pasada. Tras la obstrucción manifiesta y deliberada a todo lo que sea integración, por parte de antieuropeístas de toda la vida y los de nuevo cuño que se suben al carro, ante los que ya aburren denunciando la supuesta Eurocracia y sus aledaños (que nos cuesta un mísero euro al año a cada europeo, incluida la PAC), ¿qué podemos decir?

Dado que sería una descortesía propinarles una patada y mandarlos al otro lado del océano, debemos tender la mano y acogerlos en esta "sociedad de sociedades abiertas" que es Europa, por mucho que insistan en llamarla rancia, caduca y vieja Europa, o la dibujen arrastrando andrajos (como el luso Casais Monteiro en este poema*, del que copio un fragmento al final de esta entrada), y acaso siendo vieja Europa, como ciertamente es, debo asumir que estos que reniegan de ella, por motivos tan dispares, consideran que los ancianos no merecen veneración o al menos respeto. Pobres de ellos.

No, amigos, nadie va a reducir nuestra Europa a unos cuantos axiomas, como hizo Steiner. ¿Alguien puede afirmar que a Europa no le queda nada por descubrir y seguir tan campante? Sí, Steiner, el mismo que decía que el marxismo rezumaba moral judeo-cristiana. Cuesta de creer que el fatalismo de su personalidad aplicado a su idea de Europa haya logrado tanto predicamento.

No niego que Europa, siendo tierra de hombres libres, pueda ser proclive a tentaciones y debilidades humanas, pero si algo se ha demostrado en los últimos cincuenta años es que ha sido capaz de superar la inercia de la descomposición (frase mía, que ahora que lo pienso voy a registrar...), traduciéndola en realizaciones tan importantes que han cambiado las estrategias políticas radicalmente.

Para fastidiar un poquito a los euroescépticos, lanzo a modo de ejemplo una de esas frases con las que me he topado estos días rastreando bibliografía. La pronunció Trichet, actual presidente del BCE, en 1997: "Es cierto que no hay un gobierno federal en Europa. En cambio tenemos un colegio de gobiernos democráticos de la Unión al que llamamos Consejo. Sobre éste recae la responsabilidad de las decisiones en Europa. Hay una tendencia en nuestro país (se refiere a Francia) a subestimar la importancia del poder del Consejo. Sepan que posee más poder sobre los Estados miembros en cuestiones presupuestarias que las instituciones federales de los Estados Unidos, de Alemania o de Suiza tienen sobre sus Estados, Länder y Cantones".

Esta frase del banquero se la dedico a los que me acusan de ingenuidad o de ser demasiado impresionable. Como decía el comentarista, a buen entendedor pocas palabras bastan. Un periodista nunca desaprovechará la ocasión para remover conciencias, porque es su papel capturar lo que subyace en la sociedad civil, aunque muchos ignoran que ésta posiblemente esté más ansiosa por expresar descontento contra sus propios Estados, aunque lo verbalice quejándose de la opacidad de la toma de decisiones en Europa. Paradoja alimentada por los propios Estados, a los que es útil la falta de transparencia para manejar a la opinión pública. Think about it...

Y yo sigo en mis trece. No es que tenga depositadas grandes esperanzas, pero con la serenidad del viajero dispuesto a dejarse seducir por los placeres del viaje, veo que los planes de Monnet están muy lejos de haber fracasado. Contra los que denostan a Europa aprovechando cualquier circunstancia, el reconocimiento de que sólo la soberanía compartida hará ir a Europa hacia el futuro.

*Poema de Casais Monteiro:

EUROPA (1946)

Europa, sonho futuro!
Europa, manhã por vir,
fronteiras sem cães de guarda,
nações com seu riso franco
abertas de par em par!

Europa sem misérias arrastando seus andrajos,
virás um dia? virá o dia
em que renasças purificada?
Serás um dia o lar comum dos que nasceram
no teu solo devastado?
Saberás renascer, Fénix, das cinzas
em que arda enfim, falsa grandeza,
a glória que teus povos se sonharam
— cada um para si te querendo toda?
[…]

lunes, 23 de noviembre de 2009

Cine europeo en Barcelona

¿Recuerdan aquel vídeo sugerente (que no porno como dijeron algunos) con que nos obsequiaron nuestros amigos de la Comisión para promocionar el cine europeo? Véanlo aquí (sólo mayores de edad). Algunos dirán que todo vale para difundir mensajes políticos, si se achacan tantos problemas de Europa a la diversidad, el sexo se presenta como el lenguaje universal. No sé. Vayamos al cine a ver lo que nos apetezca, no haré apología del cine europeo. La oficina del Parlament Europeu en Barcelona, con la colaboración de Horitzó Europa, organiza los días 1, 2 y 3 de diciembre en los cines VERDI PARK de Barcelona, el ciclo de Cine Premio LUX 2009. Se van a proyectar de forma gratuita en VOSC las tres películas finalistas de la competición: Eastern Plays, Storm y Welcome. La cita es a las 20.30 h.

viernes, 20 de noviembre de 2009

Los líderes discretos pueden convertirse en claves para la Unión Europea


Sabemos que Europa no ha dejado de buscar desesperadamente ocupar el liderazgo mundial. Los fallidos intentos por dotar a la Unión Europea de una Constitución, culminan por fin con la entrada en vigor de Lisboa dentro de 10 días.

El último y definitivo paso se dio ayer noche, cuando la “fumata blanca” se coló en los aperitivos de la cumbre en forma de cena de los jefes de Estado en Bruselas. A eso de las seis de la tarde ya se filtraron los dos nombres de los elegidos, y en cosa de minutos la red se hacía eco de los detalles. Hubo caras de decepción entre algunos de mis colegas, aunque yo tiendo a ser más precavida porque sé que esta elección es muy meditada, y sobre todo es una elección buena para trabajar en pro de una mayor integración.

Algunos observadores se han alineado con las posiciones euroescépticas y denuncian la paradoja de que los dos nuevos nombramientos derivados del Tratado que “supuestamente” debía acercar la Unión a los ciudadanos se realicen de forma opaca y sin participación directa de la ciudadanía.

Permítanme resaltar la falacia de tal argumento. ¿Existe alguna nación democrática donde los ciudadanos escojan por sufragio al presidente del Tribunal Supremo? ¿Alguien vota para elegir el nombre del presidente de las Cortes? ¿Acaso elegimos quién ocupará las carteras ministeriales? Por poner un caso bien concreto, ¿es que a don Miguel Ángel Moratinos lo ha elegido la ciudadanía española para ser nuestro representante en el Exterior? Y así sucesivamente, no quiero aburrir.

La Unión Europea no es un súperestado, pero tiene una asamblea representativa elegida por sufragio universal de todos los ciudadanos de los 27 Estados miembros, el Parlamento Europeo. Esta cámara tiene poder de codecisión en el 90 % de las iniciativas políticas comunitarias, que se presentan por la Comisión o por el Consejo. La Comisión tiene competencias ejecutivas y no depende de los Estados (al menos esa es la pretensión y ese perfil le ha dado Barroso), y tanto el Consejo de Ministros (el órgano que tiene mayor capacidad de influencia sobre las políticas, pues reúne a los ministros nacionales por áreas políticas) como el Consejo de la UE (los jefes de Estado y de Gobierno) representan los intereses de los Estados.

Obviamente los intereses de los Estados tienen mucho peso en Europa, a mi juicio demasiado, pero seamos honestos, ¿quién está dispuesto a renunciar a toda su soberanía? Creo que ni siquiera los más críticos con la falta de transparencia de la noche de ayer se han detenido a reflexionar sobre qué papel quieren que desempeñe su propio país en el seno de la Unión.

Lo lamento, pero estos debates son estériles y desvían la atención de lo esencial, y es la importancia de los nuevos altos cargos de que disponemos. Una nueva ministra de Exteriores de la UE, Cathy Ashton, que por primera vez en la historia tendrá un cuerpo diplomático a su disposición (Servicio de Acción Exterior) y que evitará el solapamiento con la política exterior de los Estados miembros. El éxito de Ashton dependerá de la disposición de los 27 a ceder soberanía en política internacional, y de su capacidad de conciliar posturas y conseguir una única voz. Tarea harto difícil. Por lo demás, su puesto conlleva la vicepresidencia de la Comisión, lo que nos indica la magnitud de la capacidad de influencia de esta mujer para los próximos cinco años de legislatura.

Los socialistas europeos han luchado desde el principio por hacerse estratégicamente con ese puesto, aunque algunos intentaron colocar a Blair en la presidencia del Consejo (renunciando así al puesto de Exteriores) creyendo que dicho puesto podría dar más peso al Consejo en el entramado institucional, lo cual no es de extrañar siendo británicos, pues el Consejo representa los intereses nacionales. Viendo que Blair no suscitaba apoyos entre los suyos, se ha visibilizado cuán dificultoso ha sido para la familia socialista europea encontrar un candidato para Exteriores, máxime cuando era un secreto a voces que este debía ocuparlo una mujer, ya que la opinión pública europea no habría tolerado una Unión dominada únicamente por hombres.

Teniendo en cuenta el equilibrio de fuerzas y con Barroso (de centro-derecha) presidiendo el ejecutivo, se buscaba un líder del centro-izquierda que perteneciera a un país donde gobernara la izquierda, porque ese era el deseo de los 27, y porque tradicionalmente en la Unión siempre se busca que todas las sensibilidades queden representadas, y porque los símbolos también desempeñan su papel para construir una verdadera democracia.

A día de hoy queda un último trámite, el nombramiento de Ashton debe someterse a votación en el Parlamento Europeo, igual que el colegio de comisarios que constituya Barroso. En el Parlamento, la presidencia la ocupa ahora Buzek (de centro-derecha) pero a mitad de mandato será sustituido por un socialista, porque así se pactó entre los dos grandes grupos al inicio de la legislatura. Viendo la correlación de fuerzas en los 27, donde mayoritariamente gobierna el centro-derecha, parecía natural que el presidente del Consejo perteneciera a esa familia.

Aún así, el factor ideológico no es el que más ha pesado en la elección de Van Rompuy, sino que ha predominado su perfil de creador de consenso, ya que deberá enfrentarse a los 27 jefes de Estado y de Gobierno en las reuniones del Consejo durante los próximos dos años y medio, y por tanto realizará una labor de puertas adentro, tal como ha hecho en su país, Bélgica, donde ha demostrado una gran capacidad diplomática y pericia al ser capaz de reconciliar posturas entre valones y flamencos.

Ya se ha filtrado una anécdota del personaje, que tuvo lugar en la rueda de prensa de ayer, tras la cena. A la pregunta de a qué líder europeo de los cuatro debe llamar el presidente de los EE.UU., Van Rompuy respondió en inglés: "We're anxiously waiting for the first call."

Sinceramente pienso que las decisiones de ayer son sabias y sensatas, porque la Unión no necesita líderes carismáticos, sino políticos negociadores, tanto dentro como fuera de casa. De puertas adentro porque hay muchísimos problemas para encajar institucionalmente a los países del Este y por los fuertes desequilibrios regionales que penalizan la competitividad europea.

De puertas afuera para demostrar no sólo nuestra capacidad de liderazgo moral en forma de poder blando (soft power) sino imponiendo nuestra visión a fuerza de capacidad negociadora, y al parecer este es uno de los puntos fuertes de Ashton, que lo demostró el llevar las negociaciones de la Ronda Doha en la OMC, o al conseguir a base de tesón el apoyo al Tratado de Lisboa en la Cámara Alta británica. Ahora tenemos enfrente a Pekín, Moscú, Washington… Europa debe situarse en la vanguardia sin dilación.

No perdamos de vista que los dos nombramientos de ayer van íntimamente ligados a dos instituciones políticas reforzadas, que están concebidas para defender el interés general europeo por encima de los intereses nacionales.

Tanto Van Rompuy como Ashton son políticos comedidos y sin afán de protagonismo (lo cual se agradece en un mundo en que la política se ha convertido en pura imagen vacía de contenido). Van Rompuy no supone una amenaza “mediática” para aquellos jefes de Estado y de Gobierno que sólo se preocupan de salir en la foto (y no miro a nadie) y si Ashton consigue además que los británicos se sientan más europeos, por mi parte los nombramientos habrán sido un éxito.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Al final una inglesa y un belga

Hay noticias frescas. Ya se ha difundido en muchos lugares el más o menos gracioso vídeo creado por el equipo del Parlamento Europeo, donde especulan sobre las posibles indigestiones que puede ocasionar la cena de esta noche en Bruselas. Bromas al margen, parece que hay dos candidaturas que cobran cuerpo.

Nos lo cuentan los siempre bien informados Andreu Missé y cía., que confirman la elección por los socialiastas europeos de la comisaria británica Catherine Ashton como candidata a ocupar el nuevo y prometedor ministerio de Exteriores de la Unión. Se trata de una baronesa laborista, con alguna que otra excentricidad británica, y ciertas típicas contradicciones existenciales de los políticos que se nos escapan al común de los mortales.

El otro nombre es el del, poco conocido fuera de Bélgica, democristiano flamenco Van Rompuy , que cuenta con todos los números para presidir el Consejo de la UE, como ya anticipamos aquí. Es un buen perfil de cara a concretar ambiciones de los federalistas europeos, y puede instrumentalizar este cargo de nuevo cuño, aprovechando su indefinición en el acrobático Tratado de Lisboa. Y es que la ratificación de Lisboa y su puesta en marcha está resultando todo un ejercicio de equilibrio, casi una demostración del auténtico ethos de los europeos.

¿Estoy decepcionada? Algo sí, yo aún confiaba en que se llevara un puesto de los grandes nuestra amiga Margot Walström, esa mujer insuperable en espíritu de trabajo y entrega, europeísta y emprendedora. A veces ser el mejor es un impedimento para llegar a la cima. Y así ha sido. Aunque a los premiados no quiero criticarles sin darles una oportunidad, son políticos competentes, porque hay que insistir en que en la política comunitaria sí impera la meritocracia. De momento, y vistos sus perfiles no animan precisamente a una gran celebración, su imagen no es la de la alegría de la huerta. Puede que el cupo de brillantes se colmara ya con Barroso, pero... espero que junto con el polaco Buzek no se acaben convirtiendo en la troïka de los muermos, como vaticina nuestro amigo Julien Frisch. Quédense hoy con estos dos nombres porque, a pesar de su obvia falta de carisma, están llamados a dar contenido a sus cargos y a visibilizar y dotar de credibilidad la Unión Europea ante el mundo.

Yo personalmente tendré mi referencia puesta en Barroso y sus comisarios, pero si alguno de ellos no da la talla, no nos quedaremos callados, eso está claro. See you tonite...

martes, 17 de noviembre de 2009

El mercadeo europeo

Hoy quería dormir pronto, lo he pensado al acostar a la niña, pero antes he caído en la tentación de revisar la blogosfera europea... La mayoría de mis colegas están enfadados con el caos que se vive en las últimas horas sobre los dos nombramientos pendientes. Ha habido una repentina oleada de adhesiones a Blair entre los que piensan que reforzará la imagen exterior de la UE, y favorecerá la europeización del Reino Unido. Estoy convencida de que ambos argumentos son erróneos, ni Blair será capaz de dotar de mayor legitimidad a la voz europea en el mundo que el ministro de Exteriores (léase Alto Representante), ni por supuesto cambiará una tendencia perniciosa en su país (el recelo a la Europa continental), y es que el mismo Blair demostró su incapacidad al respecto en 2005, cuando aprovechó su presidencia europea de turno para bloquear el incremento del presupuesto comunitario, exigió la permanencia del cheque británico y fue obstruccionista a todo intento integrador.

Por lo demás, en estas horas se está planteando el nombramiento del futuro presidente del Consejo en términos yo diría que quasi-morales, por ejemplo cuando se insiste en que dicho cargo debería ocuparlo una mujer. Sin duda, es sensato pensar que de los cuatro líderes -si ya no la mitad- al menos uno de ellos debería ser una fémina para asegurar una representación acorde con la realidad social europea. Hasta tal punto llegan las presiones mediáticas en esa dirección que, en un gesto inaudito, Barroso ha llegado a sugerir en las últimas horas que ofrecerá las carteras ministeriales más importantes a los países que seleccionen mujeres para el puesto de Comisario. A pesar de todo, me atrae la iniciativa de Barroso porque la meritocracia funciona en la Unión Europea, de ello doy buena fe, y debemos felicitarnos por ello, los elegidos serán los mejores, y el criterio de género es un mérito añadido y justo en este caso. Habrá una nutrida representación femenina y ya daremos cuenta aquí del perfil definitivo del colegio de Comisarios. En las últimas horas Irlanda es uno de los que ya ha anunciado que enviará a la señora Geoghegan-Quinn, junto con Suecia que mandará a Malmström.

En cambio, no se está haciendo una buena gestión de los nombramientos de los dos puestos de mando, al contrario, se está fomentando la sensación de opacidad y mercadeo sin transparencia alguna. Y se equivocan los que creen que los que defendemos una Europa Federal apoyamos estas situaciones. La Europa Federal no se fundamenta ni en símbolos ni en identidades (error fundamental de cálculo de los antifederalistas para destruir la hipótesis federal), sino en otros valores inherentes al federalismo, en especial la cooperación y el reconocimiento mutuo. El mercadeo político puede tener unos cimientos amorales que nada tienen que ver con el movimiento federalista.

Atención, sí son democráticas, que conste. Las decisiones que se están fraguando en estos momentos en nuestras instituciones supranacionales se toman por mandato indirecto, y de hecho el Parlamento sólo podría revocar al colegio de Comisarios (cosa harto improbable, salvo que se reprodujeran los escándalos de la era Prodi). Y aún así, aunque estos procedimientos les parezcan a algunos antidemocráticos no lo son formalmente. Los jefes de Estados y las configuraciones del Consejo ostentan el poder de decisión, igual que el presidente de la Comisión tiene el poder de formar el gobierno, y aún así la finalidad es lo que cuenta en la gobernanza europea. No me malinterpreten, no debemos perder de vista que el fin es alcanzar cuotas progresivas y crecientes de integración por un lado, y dotarnos de credibilidad internacional por otro.

La búsqueda de la maximización de intereses es tan humana como la generosidad, la dignidad o la diversidad. Europa está en cambio y movimiento continuo, y no tiene por qué aspirar en estos momentos a ser un súperestado federal, porque eso sería arriesgar nuestro destino político. No extrapolemos los condicionantes de las políticas de ámbito nacional al ámbito europeo, y esta afirmación resulta tan paradójica que sé que roza la tautología, pero no en el sentido en que yo lo digo. Recordemos que también hay trampas de legitimidad en la política nacional, y comportamientos democráticamente dudosos. No creo que debamos replicar los errores estatales a escala europea. Es decir, no traslademos lo que no nos gusta de nuestras democracias a la democracia europea. No dejemos que estas desafortunadas circunstancias del baile de nombres empañen la realidad de que, por fin, la Unión se ha dotado de una herramienta poderosa llamada Tratado de Lisboa...

Y a pesar de todo, creo sinceramente que no se ha superado la era de la retórica y que no estamos lo suficientemente maduros para insertar otros mecanismos. Suena duro, pero estas voces críticas me hacen pensar de nuevo en la sensatez de Monnet, cuando decía que Europa no podía permitirse consultar a todos sus pueblos sobre cada nuevo paso que decidiera emprender. Sabía que ese era el precio a pagar a cambio de unos avances tan aventurados como necesarios, que nos han llevado hasta la integración actual. Las memorias de Monnet nos dan una idea de las crisis de legitimidad que ya por aquel entonces se planteaban, ergo esa crisis está en el origen de la propia integración europea, lo que no significa que deba ser un mal inevitable. A día de hoy no vislumbro mejor alternativa, en una Europa de los Estados-nación todavía debemos resignarnos al mercadeo, porque así es como funciona el reparto de poderes, soberanías y ámbitos de decisión. Conociendo y asumiendo las limitaciones legales, políticas y democráticas, sólo cabe desear que el elegido sea el mejor, y esencialmente que sea alguien que lleve a Europa en el corazón, como yo. Buenas noches.

Chat con el eurodiputado más joven


Todavía están a tiempo de acceder a facebook y participar en el chat en línea que tendrá lugar hoy a las 16.30 h. con la danesa de 25 años de edad, Emilie Turunen.
Acceso aquí.

lunes, 16 de noviembre de 2009

Euro Sí, por muchas razones


Un día más lidiando a mi manera con la crisis, que sigue acechando en la puerta, y contra aquellos que se empeñan en poner vallas al campo, desde este modesto altavoz. Circula un e-mail viral tendencioso y falaz, que tiene por objetivo mentalizar a la población de que España debe salir del euro, y abandonar así la Unión Económica y Monetaria. Como lo oyen... hoy me ha llegado y el origen es alguien que trabaja en los mercados financieros, cosa que todavía se me antoja más preocupante.

No reproduciré las falacias de tal mensaje aquí. Se titula: "5 razones para abandonar el euro". Aviso a navegantes para que no caigan en la trampa. En vista de la magnitud del impacto viral entre mis contactos, he optado por recurrir a mi economista de cabecera.

No hay nada como el sentido común para tomar decisiones. Teniendo en mente que ni un economista ni nadie puede predecir el futuro, siempre existe la posibilidad de recurrir al azar para tomar una decisión inicial y a partir de ahí desarrollar una teoría de causas y consecuencias.

Supongamos que la primera decisión es hacer caso al dichoso e-mail viral y por tanto retiramos todos nuestros activos en euros y los pasamos a dólares americanos o francos suizos. Evidentemente si todos los españoles deciden hacer lo mismo, finalmente España saldrá del euro. Esta aparente evidencia nos dice que lo que ocurra dependerá de nuestro comportamiento con respecto al euro.

Si hiciéramos caso del tremendista e-mail, España saldría del euro y devaluaría su moneda por 5, lo que de entrada supondría la multiplicación por cinco de la deuda española. La deuda además es deuda privada, de bancos y particulares. Si a esto añadimos un previsible aumento de los tipos de interés, debido al alto tipo de cambio (y la restricción monetaria), nos encontraremos en la situación de que ni los particulares ni siquiera el país podrá pagar su deuda externa, con la cual la consecuencia sería desastrosa.

Obviamente ya estamos endeudados, algo más que otros países de la zona euro, tal como contábamos la semana pasada (aunque nos superan algunos, especialmente Grecia), y ningún acreedor (ni de España ni de nadie) estaría dispuesto a aceptar una situación que no le garantice el cobro. En estos momentos no hay razones para pensar que puedan expulsar a España del euro, aunque sí se están poniendo ya condiciones muy estrictas al endeudamiento.

Dado que el ajuste no puede ser nominal, será real, que es lo que ocurre ahora, es decir se realiza mediante un incremento del paro y el decrecimiento de la economía. Parece que la disminución de la renta real es inevitable, aunque la receta económica infalible y probada para estas dolencias es la disciplina fiscal y una línea de crédito de gran envergadura para afrontar la presión de la deuda.

Espero que ningún inversor cometa la estupidez de hacer caso a esas noticias que se ponen en circulación sobre una supuesta base teórica, que en realidad es totalmente falaz. Y sin duda la crisis económica actual nada tiene que ver con la existencia de la moneda única, cuyo efecto ha sido tan beneficioso que crece el número de países que han solicitado sumarse a la Unión Monetaria. Por cierto, hasta el Reino Unido y Dinamarca llevan valorando desde principios de 2009 la posibilidad de entrar en UEM e instaurar el euro como moneda, no sólo para aumentar el flujo comercial intraeuropeo sino también para ganar peso e influencia en el mercado interior. Eso sin contar con la ventaja de un Banco Central Europeo, independiente, que garantiza largos períodos de estabilidad de precios e inflación sostenida, además de que el euro es un cojín para evitar ataques especulativos en los intercambios internacionales, una vez que se consigue una velocidad de crecimiento correcta combinada con baja inflación.

Resumiendo: Larga vida al euro.

viernes, 13 de noviembre de 2009

Almunia y el látigo

La Unión Europea es el espejo de la transformación política más importante de la historia, pero las situaciones de crisis económica están lejos de poder afrontarse de una forma verdaderamente coordinada. Una receta de mínimos se basaría en conjugar dos tendencias, por un lado el aumento de la interdependencia y por otro la pérdida de capacidad de estabilización. La primera implicaría la necesidad de coordinación debido a la integración de los mercados, y la segunda iría en el sentido de que los gobiernos pudieran estabilizar sus economías para afrontar perturbaciones cíclicas sin incurrir en pérdidas de renta y empleo prolongadas.

El contexto económico que afecta a los Estados miembros hace que la coordinación de las políticas fiscales, la estabilización y las funciones del presupuesto adquieran mayor relevancia, desde la perspectiva del ciclo y del crecimiento económico a largo plazo.

Almunia, como corresponde al Comisario de Economía, no ha hecho más que advertir de las posibles consecuencias que padecerán los Estados miembros que incumplan las reglas del déficit público. Este mecanismo ya es antiguo, y tiene su origen en la creación de las condiciones para la Unión Económica y Monetaria, que se pactó con el Tratado de Ámsterdam, en 1997.

La coordinación económica se basa en que las autoridades económicas establecen compromisos sobre el uso de los instrumentos de política económica bajo su responsabilidad, tras un proceso de negociación, para alcanzar una situación óptima desde el punto de vista colectivo. El procedimiento de coordinación y control presupuestario se basa en el postulado de que las finanzas públicas saneadas crean unas condiciones macroeconómicas estables, indispensables para mantener una política monetaria orientada a la estabilidad de precios y el crecimiento.

En la práctica estos mecanismos se han mostrado muy precarios, y en ocasiones los Estados miembros no han tenido más opciones que corregir sus déficit a posteriori, en espera de los cambios de ciclo.

Anteayer la Comisión Europea anunció plazos de entre 2012 y 2014 ó 2015 para que 13 países de la UE recorten los excesos presupuestarios a cifras inferiores al 3% del PIB. El país más explícitamente amenazado con sanciones y medidas disciplinarias es Grecia. En cambio, el ejecutivo de la UE concedió a Alemania, Francia, España, Austria, los Países Bajos, la República Checa, Eslovaquia, Eslovenia y Portugal hasta 2013 para reducir sus déficit por debajo del límite de la UE del 3%.
Alemania anunció este martes que lograría ese déficit por debajo del 3% en 2013, pero Francia reconoce que como pronto lo lograrán en 2014. Las previsiones que maneja la UE son desalentadoras, así de ese 3 % de déficit máximo en realidad se espera que el déficit presupuestario total en la zona euro escale hasta el 6,4% este 2009.

En este triste contexto parece que el Comisario se centra en el eje franco-alemán, y así dice Almunia: “Es extremadamente importante que Alemania y Francia compartan las mismas orientaciones de sus políticas fiscales, ya que si no la coordinación de la política económica y la gobernanza económica en Europa es imposible".

La coordinación económica se estableció en la famosa Estrategia Lisboa del año 2000 y establece un método abierto, que implica que la coordinación es regular y la coordina la UE, pero que el desarrollo de las soluciones económicas lo ejecutan los Estados miembros. El déficit es sólo una parte de las medidas que deben coordinarse. En este contexto la Comisión pide ahora a Alemania e Italia que reduzcan su déficit a un ritmo del 0,5% anual; para Austria, los Países Bajos, Bélgica y Eslovenia se establece el 0,75% al año; para Eslovaquia y la República Checa un 1%; para Portugal y Francia un 1,25%, y finalmente para España y Gran Bretaña un 1,75% anual.

De todos ellos, sólo Grecia está en una situación que la propia Comisión califica como alarmante, y que requiere una remodelación casi completa de las políticas económicas y fiscales en aquel país, hasta el punto de que ahora mismo Grecia supone un lastre para los 16 Estados de la Eurozona.

En cuanto al resto, conscientes de las pésimas condiciones económicas, se contempla prolongar el plazo hasta 2015 para cumplir objetivos. A mi juicio prolongar plazos en exceso no sólo es un error sino que debilita el propio discurso del ejecutivo comunitario. No olvidemos que la política económica es el primer punto en el orden del día comunitario, no es aceptable que los Estados miembros se endeuden y miren a otro lado. No sabemos a día de hoy si Almunia renovará su mandato, aunque ha sido un buen Comisario, pero sea él o su sucesor, no habrá alternativa, deberá seguirse amenazando con el látigo del procedimiento contra el déficit excesivo, de lo contrario acabarán pagando justos por pecadores.

martes, 10 de noviembre de 2009

Europa y la incertidumbre

Tras la huella sonora de la caída del Muro, una imagina un futuro impredecible, tanto como lo fue el pasado. La Europa que nunca debió quedar tras el telón, ahora ocupa el centro geopolítico. Existe un nuevo espacio público europeo, que supera ya al concepto de mínimos definido en Maastricht, hay una pluralidad abierta de medios y de partidos y una cierta constitucionalización por los tratados y, aunque deficitario en términos de Habermas, el espacio público también se ve reforzado por la presencia del mercado común. Cuando se definió el espacio público europeo en el Tratado de Maastricht, había una unión de 12 Estados. Hoy no sólo somos 27, sino que además el presidente del Parlamento de los europeos es el polaco Buzek, y aunque sólo hace dós décadas que Alemania dejó de ser dos y se convirtió en la gran nación centrípeta del continente, quien la preside, Merkel, nació en la RDA bajo el régimen soviético.

Tras tanto sobresalto no sorprende que Europa siga sumida en el desconcierto. Cincuenta años después ni siquiera sabemos lo que queremos. ¿Deseamos todos la misma Europa? ¿Cuál es nuestra idea de Europa? ¿La Europa del mimetismo institucional de los Estados? Hay quien dice que Europa cambió el referente keynesiano por el schumpeteriano, el que pone el foco en una sociedad formada para competir. Lo social ya no es abrir zanjas, sino educar.

Ciertas visiones insisten en criticar una Europa demasiado condicionada por las negociaciones intergubernamentales, paradójicamente son los mismos que recelan de la Unión. Ignoran la capacidad del derecho comunitario a través de su Tribunal para crear jurisprudencia y demostrar día a día la preeminancia de las leyes europeas sobre las nacionales, sin necesidad de recurrir a mayor legitimidad política. Ese proceso formaría parte de la integración negativa o por defecto; dejemos para otro momento la integración positiva, que tiene que ver con el espinoso asunto de la corrección de los mercados. Ese es el gran caballo de batalla. Las regulaciones exigen un nivel de consenso ciertamente costoso, en términos de política interna y de competitividad. En una Europa de más de 450 millones de habitantes la integración positiva es una quimera, cuando ni siquiera puede plantearse una fiscalidad común. La armonización de la protección social o de las políticas medioambientales sería devastadora para la competitividad europea si aspiramos a que todos los Estados miembros se rijan por los máximos, como serían los estándares daneses o finlandeses.

Por ello hay ámbitos políticos que seguirán bajo el control directo de los Estados durante mucho tiempo. Aún así, merece la pena invertir esfuerzos en ese sentido para dotarnos de credibilidad exterior. La trampa es que para ejercer de líderes en el mundo, es decir para que Europa sea el actor posibilitador global de acuerdos normativos, debe ser capaz de armonizar sus políticas internas, que adolecen de un notable caos regulador. ¿No son las grandes multinacionales las beneficiarias de un mundo globalizado en aparente caos regulador? ¿En qué lugar quedan los intereses de los ciudadanos o de las empresas pequeñas?

Póngamos la alerta cuando en nombre de la libertad se atenta contra la propia libertad. Ya alertó Sarkozy de los problemas que Europa afronta para competir en un mundo donde no todos competimos en igualdad de condiciones. No hay libertad si no hay igualdad de condiciones de partida para todos los actores, en el mercado y más allá. Un caso que hemos tratado aquí: la concentración de medios de información atenta contra el espacio público europeo, y aún así existe (en Italia) y no parece que las leyes antimonopolio estén actuando para garantizar el pluralismo. Este es un ejemplo de que puede producirse un ataque contra los derechos individuales cuando la libertad de mercado degenera en otro proceso de puro poder. Para tener crédito exterior y poder ser líderes con el actual desconcierto multipolar en la escena internacional debemos resolver los problemas de gobernabilidad y las desigualdades de partida que todavía persisten entre los distintos Estados miembros. Europa sólo liderará cuando consiga consolidar su consistencia interna.

La consistencia interna se cuaja garantizando la libertad. Libertad individual. La consistencia la han consagrado en nuestra historia desde el Derecho Romano hasta Santo Tomás de Aquino, Lutero, Hobbes o Montesquieu. Y por supuesto Kant, quien puso el espacio público en el centro de la política. Lo hicieron en el arte, donde Europa desde la Grecia Antigua ha sabido dar lo mejor de sí misma a lo largo de los siglos. El arte subyace en las raíces de nuestro espacio público. Y la libertad. En nombre de la libertad se atenta contra la propia libertad, creativa, la libertad de iniciativa, la libertad de elección, la libertad de pensamiento. La libertad de mercado también. Sin olvidar que la libertad es un valor constitucional en Europa, dijo Merkel ayer que la libertad hay que defenderla todo los días. Y añado: deberíamos luchar por dejar a nuestros hijos una libertad corregida y mejorada.

lunes, 9 de noviembre de 2009

1989-2009: 20 años de libertad

¿Dónde estábamos? ¿Qué hacíamos y con quién compartimos el 9 de noviembre de 1989? Tal vez nosotros lo hayamos olvidado, pero los berlineses que vivieron los sucesos ocurridos entre el 6 de octubre (cuando Gorbachov va a Berlín Oriental para asistir a las celebraciones de los 40 años de la RDA) y el 9 de noviembre (la rueda de prensa de Schabowski, el portavoz del régimen comunista moribundo) de 1989, jamás olvidarán la huella profunda de lo que sucedió aquellos días.

Hoy podemos emocionarnos al ver este vídeo tras los veinte años de libertad, que se recoge en una web que tiene por objetivo captar el apasionante y personal relato de lo que hicieron, dijeron, sintieron y pensaron los protagonistas principales. Ellos vieron caer ante sus ojos el Muro que había sido una frontera cerrada desde que se levantara en 1961, aunque el terror y la división ya existieran desde el inicio de la Guerra Fría en 1948. Cuarenta años atrás el primer canciller de la RFA, Adenauer, había augurado que aquel Muro no podría durar eternamente. Los alemanes volverían a unirse, y con ellos se forjaría la unión de todos los europeos. Así sería.

Aquella noche de un día como hoy, los berlineses vivieron la gran aventura de sus vidas, experimentaron el miedo y la esperanza, soñaron lo que parecía inalcanzable y tuvieron pesadillas, propias del ciudadano asustadizado que había propiciado el régimen tirano. Toda suerte de personajes, los que se manifestaban o no, los soldados y hasta los espías, protagonizaron una huida hacia adelante que constituyó la masa de héroes anónimos que participaron en el fin de la Guerra Fría.

Nadie comprendía en realidad lo que estaba sucediendo, ni siquiera Gorbachov, uno de los actores principales, aunque sin dejarse notar demasiado en los instantes clave. Tanto es así que Igor Maximitchev, el embajador soviético en Berlín, no se atrevió a informar personalmente a Gorbachov la noche del 9 de noviembre porque el líder soviético ya se había retirado a dormir y dio por hecho que el propio presidente Krenz, la Stasi o la KGB ya le habrían informado del diluvio.

Otro de los grandes protagonistas y además participando en escenas de acción arriesgadas, fue Helmut Kohl, el canciller de la RFA, quien en los meses finales tuvo el coraje de negar ayuda económica a Krenz cuando se la pidió desesperadamente. Esa dura decisión acabó por facilitar la estampida de la población del otro lado del Muro. Y así, en el contexto de la perestroika, y mientras Polonia disfrutaba ya de su primavera de libertad, Honecker (que había sido substituido por Krenz), el hombre fuerte de la RDA, en su crepúsculo físico y político, aceptó a regañadientes sustituir la orden de “tirar a matar” por un reforzamiento del muro, que además nunca llegó, seguramente por falta de medios económicos y tecnológicos.

¿Cómo se explica que la NVA (el ejército más poderoso de los satélites soviéticos), la Stasi (los servicios secretos más eficaces del Pacto de Varsovia), los 400.000 soldados del Ejército Rojo y los miles de agentes de la KGB desplegados en la RDA se vieran superados en pocos meses por la presión popular y, en vez del anunciado supermuro infraqueable de sensores, cámaras, detectores de infrarrojos y emisores móviles con los últimos microchips, los berlineses recuperaran -sin disparar un solo tiro- la unidad perdida tras la Segunda Guerra Mundial?

La avalancha que bloqueó Berlín Occidental la noche del 9 de noviembre de 1989, tras forzar la apertura del Muro, superaba los centenares de miles de personas. La ausencia de respuesta del otro lado tiene que ver con en el descalabro económico del sistema soviético, y con la apertura iniciada en Polonia, Hungría y Checoslovaquia, donde la libertad había conseguido abrirse paso. Unos meses después, el 3 de octubre de 1990, se consagró la unidad de Alemania. Más allá de la glasnost, de la colaboración de Gorbachov, Bush y Kohl, de la crisis económica y del ansia de libertad de las personas, los cronistas explican aquellos acontecimientos felices como fruto de un cúmulo de casualidades, que difícilmente podrían haber encajado en ningún plan racional.


Sin duda hubo felices coincidencias, parecía que el manto de Dios del que había hablado Bismarck cayó en el momento preciso de nuestra historia, pero es innegable que el éxito de lograr la unificación alemana en apenas un año se debe a la visión política y capacidad de equilibrio de Helmut Kohl, máxime cuando en Europa esa reunificación inspiraba recelos, especialmente para los británicos. Thatcher llegó a decir: "Prefiero dos Alemanias a una. ¡Hemos derrotado dos veces a los alemanes, y aquí están otra vez!". Al final tuvo que rendirse a la evidencia. El ex canciller evoca el momento: "una reunificación sin una firme integración en las alianzas occidentales hubiera llevado a nuestro país a la neutralidad. La consecuencia hubiera sido en última instancia una Alemania no libre en el ámbito de poder de la Unión Soviética. Por consiguiente, la caída del muro del 9 de noviembre de 1989 y la reunificación alemana del 3 de octubre de 1990 son, no en último término, la impresionante confirmación tardía del consecuente rumbo de Adenauer de vinculación a Occidente con la reserva de la reunificación."
Tanto es así que la historia quiso que la caída del Muro coincidiera con un momento de resurgimiento en el proceso de construcción europea, tras la firma del AUE, que significaba la plena consecución del mercado interior único. Alemania interpretó su unificación como símbolo de la propia unidad europea. En ese contexto Kohl también tuvo la valentía de aprobar el doble acuerdo de la OTAN (apoyado únicamente por Felipe González desde el principio, y más tarde por Mitterrand, y con una férrea oposición de gran parte de los alemanes), que implicaba el estacionamiento de nuevos misiles nucleares en territorio de la RFA, lo que fue considerado una señal fuerte de alianza con Occidente. De no haberse hecho había riesgo de desplazamiento del poder en Europa a favor de la Unión Soviética. La OTAN, con los estadounidenses, se habría retirado paso a paso de Europa central. Esa Europa central que jamás debió haber sido una Europa del Este. Visto en perspectiva parece que sin ese doble acuerdo tal vez el Muro no hubiera sido derribado.

Desde su reunificación Alemania ha seguido jugando un papel de aliado generoso y ejercido de país líder en el proceso de integración europea. Racional o no, preconcebido o no, lo cierto es que tras las escenas de emoción y abrazos entre los berlineses de ambos lados, se acabó con décadas de aberrante falta de libertad y justicia. Nació no sólo una nueva Europa, sino también un nuevo orden internacional.

Más allá del racionalismo de los acontecimientos, el papel del hombre al mando fue decisivo. Como todo, el paso del tiempo pone a los verdaderos hombres en su lugar, como Kohl, Adenauer, Monnet o Delors. Reclamo que el manto de Dios nos traiga un líder europeo, un político valiente y decidido.


sábado, 7 de noviembre de 2009

¿Será un belga el nuevo presidente del Consejo?

Sorprende el ajetreo quinielístico intenso en entornos comunitarios sobre quién será elegido nuevo presidente permanente del Consejo de la UE, que no presidente de la UE, a pesar de que los diarios insistan en denominarlo así. Será una figura de enlace entre los Estados miembros y las instituciones de la Unión, pero está lejos de ser la más relevante. Como todos saben en Bruselas, quien está llamado a influir de verdad es el ministro de Exteriores, puesto que sigue sin ocupar, ¿será una mujer por fin? Ahora que va tomando cuerpo la candidatura del presidente federal belga, Herman Van Rompuy, sería de esperar una mujer ocupando el cargo de liderazgo que queda vacante. Tristemente parece que tendremos que esperar, pues cobra fuerza la candidatura del italiano D'Alema que está trabajando en estos momentos en conseguir el apoyo de Berlusconi.

Van Rompuy pertenece a Cristianos Demócratas y Flamencos (CD&V) y accedió a la presidencia de Bélgica, tras una profunda crisis nacional desde las elecciones de 2007, que concluyó con la reedición de la coalición gubernamental de democristianos, liberales y socialistas –dos partidos flamencos y tres valones. Se ha caracterizado por trabajar en la búsqueda de un consenso para la reforma constitucional del Estado federal aceptable para los francófonos. Es flamenco pero habla inglés y francés, lo que realza su adecuación al cargo europeo.

Su perfil es por tanto aglutinador, preside un país fundador y es democristiano, lo que acaba por confirmar la tesis de que el ministro de Exteriores será de la familia socialdemócrata. Por lo demás, algunos en Bélgica son reticentes a este nombramiento, a juzgar por lo que cuentan los periódicos, ya que el actual primer ministro es considerado como una de las pocas personalidades que podrían encontrar una solución al enfrentamiento entre los partidos de las dos comunidades del país por los municipios de la periferia de Bruselas. El reto para los belgas sería encontrar un sustituto a la altura de Van Rompuy para presidir el gobierno federal de Bélgica.

En cuanto a las repercusiones, todo está por ver, aunque yo auguro un buen entendimiento con Barroso, no sólo por ser de la misma familia ideológica sino por el fuerte perfil europeísta de ambos y sobre todo por su facilidad para generar consenso. El perfil de Van Rompuy es especialmente interesante para los federalistas por su experiencia en la generación de reformas estructurales y en el diseño de sistemas de transferencia de competencias en su país. Puede que incluso entre los dos mitiguen las carencias que sus propios cargos todavía adolecen, en espera de un mayor desarrollo institucional en el futuro. Si se confirma el nombre del belga, espero que no opte por una presidencia gris y para salir del paso. Lo deseable es que su perfil europeísta y federalista se imponga. Es necesario que en los próximos dos años y medio, no sólo se eviten los conflictos (ojo porque al ser a la luz las reuniones del Consejo todos quedarán retratados), sino que hace falta que la figura presidencial consiga que se generen muchas iniciativas políticas nuevas. Seremos jueces exigentes, dense por avisados.

jueves, 5 de noviembre de 2009

Nuevo Tratado y debut presidencial de España

Dos días han pasado desde que Chequia, el último de los 27, firmara por fin la ratificación del Tratado de Lisboa, que entrará en vigor el próximo 1 de diciembre, mientras David Cameron (en un típico donde-dije-Digo-digo-Diego de los políticos) se apresuraba a rectificar ayer sobre la posible convocatoria de referéndum en el Reino Unido. De modo que Lisboa por fin llegará a la meta de esta tortuosa carrera. No sé si han reparado en ello, pero la atlántica Lisboa entierra a la mediterránea Niza y deja en el recuerdo a las nórdicas Ámsterdam y Maastricht, ciudades que han dado nombre a los distintos Tratados de la Unión Europea. No deja de ser poético que esos textos legales que solidifican la unión entre estados lleven nombres de ciudad, porque las ciudades son típica seña de identidad de la vetusta Europa.

Recuerdo aquel día en que hablé aquí de Ortega, quien consideraba que lo esencial para otorgar el carácter de nación es la idea de futuro común, y ¿no es eso precisamente la Unión Europea? No es una nación ni pretende serlo, pero es la puesta en común de una visión de futuro, aunque por ahora como ni ustedes ni yo somos adivinos, dejémoslo en que el futuro común está por ver, y aunque hay bastante unanimidad sobre las bondades de pertenecer a la Unión Europea, los cambios que aporta Lisboa no tienen precedentes, porque conjugan dos tradicionales ambiciones europeístas: dar más poder al ciudadano y mayor capacidad política a Bruselas.

En esta tesitura, España coge el timón de la Presidencia del Consejo de la UE en enero de 2010, y además estrenando la nueva base legal de Lisboa. El Trío (con Bélgica y Hungría) pactará las agendas, siendo el momento clave para España el primer semestre, en que organizará y presidirá todas las reuniones del Consejo.

El mensaje positivo es que si hay voluntad política es posible evitar que la agenda de los consejos acabe siendo una mezcla de asuntos que se van tratando periódicamente llenando páginas de retórica vacía. Creo que llega el momento de superar la dinámica de los debates informales para empezar a llenar de contenido político las presidencias. España ya anuncia que concederá máxima relevancia a la unión política, hasta ahora inexistente de facto, pero a mi juicio deberíamos no sólo velar por los intereses nacionales, sino proyectar nuestra visión de Europa y fraguarla con los instrumentos que la presidencia de turno brinda.

En principio, el Trío abordará las nuevas etapas de: el Plan de Energía 2010-2012, el Plan de Ejecución contra el Cambio Climático que se acuerde en Copenhague en diciembre de 2009, la Estrategia por el Empleo, y el Espacio de Libertad, Seguridad y Justicia 2010-2014, sustituyendo al programa de La Haya.

Una de las claves será la representatividad en la polarización de la política mundial, y España resultará privilegiada por la agenda, acogiendo las cumbres de la UE-Estados Unidos y UE-América Latina-Caribe (lo que dará a nuestra Presidencia dimensiones euroamericana y mediterránea), UE-Japón, UE-Rusia y UE-Canadá, y la Cumbre bianual de la Unión por el Mediterráneo, ocasión de oro para impulsar el ambicioso, Proceso de Barcelona, ciudad que será sede de la cumbre el próximo junio, que por cierto está totalmente paralizado en una UE que ha dado últimamente prioridad a las relaciones con el Este o a cuestiones como los gasoductos del Cáucaso (túnel Nabucco) para solucionar la excesiva dependencia energética de Rusia. Estas cumbres permitirán a nuestro Ejecutivo demostrar su capacidad de control sobre la agenda en políticas de Vecindad, cruciales para asegurar el equilibrio, además del predominio regional, económico y social en una zona estratégica.

Aún así, esa presidencia tendrá protagonismo compartido con el Presidente permanente del Consejo Europeo, que se estrena con un mandato de dos años y medio, y que al parecer será nombrado la primera semana de diciembre, junto con el nuevo Alto Representante de Exteriores, cuyo nombre también desconocemos a día de hoy. Por si fuera poco estas dos figuras deberán vérselas con el Presidente de la Comisión, el recién reelegido Barroso, quien tiene un poder de gobierno inédito, otorgado por el Tratado.

En cuanto al poder al ciudadano que viene de la mano de Lisboa, éste se manifiesta primeramente concediendo protagonismo a la transparencia, así el Consejo Europeo se reunirá con doble frecuencia y con luz y taquígrafos (hasta ahora las reuniones eran secretas). Además la legislación promovida por la Comisión deberá ser aprobada por el Parlamento Europeo, que controlará desde ahora el 100% del presupuesto europeo. Y más aún, los parlamentos nacionales podrán usar un mecanismo de “tarjeta amarilla”, pues se impone la obligación de enviar los borradores de legislación a las cortes nacionales para revisarlas antes de que la ley entre en vigor. No obstante, lo más visible es la introducción de la Iniciativa Ciudadana, que supone admitir a trámite parlamentario una propuesta ciudadana respaldada por un millón de firmas de cualquier parte del territorio comunitario, lo cual no es asunto menor, pues implica que los ciudadanos podemos emprender la acción política directa sin esperar a que los políticos lo hagan según su conveniencia.

Lisboa además impone la legalidad de la Carta de Derechos Fundamentales (sin precedentes en el mundo) que consagra la protección de ciudadanos y sus derechos sociales, incluida la libertad de información o los derechos de protección social, que han de estar homologados en todo el territorio comunitario, y esto por encima de las legislaciones nacionales, evitando que ningún país de la UE pueda legislar en contra de los derechos de las personas. Atención porque Polonia, Reino Unido y Chequia han dejado expresamente fuera de su ratificación de Lisboa la Carta de Derechos, reduciendo la protección de sus propios ciudadanos. Sin comentarios.

Europa ha mutado, parece que empezamos a recuperar el ímpetu de finales de la década de 1980, lo que nos permite una tregua para seguir soñando secretamente con el proyecto europeo, sin dejar de disfrutar de lo que ahora ya es realidad, y es que el corazón de la vieja Europa late nuevamente tonificado por la brisa lisboeta.

martes, 3 de noviembre de 2009

Paradojas checas y contradicciones del sistema europeo

Hoy martes día 3, el Tribunal Constitucional de Chequia ha dado luz verde al tratado de Lisboa, como en su día hiciera el alemán. Era previsible e intentaré explicar brevemente la maniobra del presidente checo. Lo que ha perpetrado el señor Klaus es un ataque directo a los derechos de sus ciudadanos, además de tomarse atribuciones que no le corresponden.

Lo primero es obvio pues para firmar ha ejercido una cláusula opt-out en virtud de la cual ha exigido quedar fuera de la Carta de Derechos Fundamentales, como han hecho Polonia y Reino Unido. Gracias a esta maniobra, a los ciudadanos checos se les niega el derecho a litigar contra su propio gobierno de acuerdo con las disposiciones de la Carta, cuando el gobierno actúe contra la Carta o contra el tratado comunitario. La paradoja se produce porque esa cláusula de excepcionalidad exigida por Klaus era innecesaria, ya que el presidente checo se ampara en su deseo de garantizar la aplicabilidad de los decretos de Benes, aquellos redactados tras la II Guerra Mundial cuando se expulsó a los alemanes sudetes de Chequia. Dichos decretos negaban el derecho de los expulsados a reclamar sus propiedades. Lo cierto es que la Carta de Derechos no afectaría a su vigencia, ya que la legislación comunitaria establece que el acervo (acquis) y todo el Derecho comunitario (del cual la Carta forma parte) sólo es vinculante para los Estados miembros a partir de su adhesión y no con efecto retroactivo, lo cual deja totalmente protegidos esos acuerdos firmados hace más de sesenta años. Yendo más allá, aunque se escape por completo a mi valoración por desconocimiento del episodio, la invocación que Klaus a hecho de aquel episodio histórico ha sido un gesto que no ha agradado a gran parte de la opinión pública checa, quien alberga dudas incluso morales sobre el contenido de dichos decretos.

En cuanto a lo segundo, me refiero al hecho de que el presidente checo no tiene atribuciones para derogar una ley aprobada por su parlamento nacional y que la firma no deja de ser un hecho simbólico. Todos los jefes de Estado estampan su firma, pero la ratificación viene vía parlamentaria o vía referendo según establezcan sus respectivas constituciones. Esa firma simbólica no significa en ningún caso que el jefe de Estado tenga una especie de derecho de veto sobre todos los documentos que firme. Es un gesto soberbio en que el presidente se ha concedido la licencia de decidir, o simular una falsa autoridad (¿por qué no decirlo?), según su voluntad y cuestionando la mayoría de su propio parlamento, que sí había dado luz verde al tratado de Lisboa.

El incidente checo demuestra las lagunas existentes en las instituciones e incluso en los textos constitucionales, lo que da lugar a toda suerte de comportamientos dudosamente democráticos por algunos dirigentes. Por cierto, una nueva paradoja se producirá cuando el parlamento checo en el futuro tenga que aprobar por votación la adhesión de un nuevo Estado, lo que implicará que dicho país (el anexionado) tendrá que aplicar todo el acervo comunitario. Es decir, las instituciones checas estarán imponiendo a otro estado lo que ellos mismos no quisieron acatar.

Algo falla aquí y ahí va el sentido de esta reflexión. Considero que la Unión Europea se fundamenta en que, al anexionarse, todos los Estados miembros adquieren obligaciones para con los demás Estados y a su vez para con sus ciudadanos. Salta a la vista que se producen fallos o imperfecciones en el sistema de ratificaciones de los tratados y que esto también debería tenerse en cuenta en los acuerdos que se toman los Consejos o bien recogerse en las disposiciones de los tratados futuros, ya que como hemos visto las incidencias en la ratificación implican problemas y desequilibrios, y lo que es peor desigualdades. Esperemos que estos incidentes no acaben por desencadenar una UE de geometría variable, concepto anacrónico y que nadie en el ámbito comunitario se atreve a desenterrar, aunque no nos engañemos, tras las cláusulas opt-out en realidad se esconde la noción de una integración a distintas velocidades. ¿Será el precio a pagar por haber anexionado a tantos territorios tan rápidamente? Reflexionemos.

lunes, 2 de noviembre de 2009

El alcance político de la Presidencia del Consejo de la UE


Como sabemos, España toma el relevo a Suecia en la presidencia de turno del Consejo, inaugurando la modalidad el Trío presidencial junto con Bélgica y Hungría. Representa la cuarta vez en su historia en que España ejerce la misma, ya que anteriormente lo hizo en 1989, 1995 y 2002.

Hasta ahora se han formulado distintas hipótesis con más o menos acierto sobre las oportunidades que dicha presidencia puede brindar a España. Si bien es cierto que esta presidencia es una función netamente comunitaria que en principio no conllevaría poder político alguno (con matices), también lo es que hay elementos que indican que ciertos Estados miembros tienden a maximizar sus intereses nacionales a través de las reuniones del Consejo. Desde mi punto de vista esta presidencia es más bien una suma de elementos supranacionales e intergubernamentales.

La dificultad de establecer un predominio de una de las tendencias sobre la otra estriba en que los análisis empíricos tienden a centrarse en los resultados arrojados para el país que preside el Consejo. En cambio el impacto de esas presidencias en la construcción institucional europea suele pasar bastante desapercibido, a pesar de que la literatura reconoce el avance de esta institución, desde sus inicios en que apenas desarrollaba una función administrativa y casi simbólica.

Recordemos que esta figura se instauró en 1951, como contrapeso tal vez al ímpetu supranacional que representaba una institución como la Comisión. Hoy en día y paradójicamente las propias presidencias del Consejo se han convertido también en motor de la integración. Retomando los orígenes, la figura presidencial se define ya en el Tratado CECA, art. 27, aunque en aquel entonces el período rotatorio duraba tres meses en lugar de los seis actuales, que se instauraron en 1958. En ese artículo además se definían los dos principios fundamentales de esta figura: la igualdad entre los Estados (procedente del derecho internacional público) y la representatividad. Por lo demás, teniendo en cuenta que en aquellos tiempos la CECA la formaban Seis estados, cada dieciocho meses caía la presidencia trimestral, lo que indirectamente contribuyó a la europeización de los Estados, por el despliegue que implica la organización.

Desde aquel entonces hemos pasado de una EU-ropa de Seis a una EU-ropa de Veintisiete, donde la diferencia entre estados pequeños y grandes se ha incrementado de una forma muy notable, lo que ha reavivado el antiguo debate sobre la representatividad, que es la razón que subyace en el mantenimiento de la rotación.

Estos debates son un clásico y así se explica la adopción de la conocida como troïka europea, en el Consejo de Londres en 1981; el objeto de la misma era la coordinación entre la presidencia en ejercicio, la saliente y la siguiente. Los estados grandes, en particular el eje franco-alemán han intentado en sucesivas ocasiones modificar el reglamento del Consejo a fin de dotarlo de mucha más estabilidad, y por ello han propuesto distintas medidas encaminadas a suprimir la rotación presidencial, y en ese sentido destaca la figura del presidente permanente durante dos años y medio, que por fin ha visto la luz en el Tratado de Lisboa.

El deseo de encontrar fórmulas presidenciales más estables es lo que explica la instauración en estos momentos del sistema de Trío presidencial, que tiene la pretensión de consagrar por fin una tradicional reivindicación comunitaria, que no es otra que la de dar continuidad a los trabajos del Consejo.

Aunque la gran novedad no es el Trío, sino que la presidencia del Consejo ha perdido su carácter único. Hasta ahora el Estado de turno ejercía la presidencia en todos los ámbitos de actividad de la UE y además a todos los niveles, incluido el Consejo de Ministros en sus distintas formaciones (recordemos que el Consejo de Ministros es el verdadero órgano de poder político). Cierto es que la troïka iba en esa línea, pero en el momento de su creación estuvo más orientada a la coordinación de la política exterior y defensa en el contexto de la guerra fría, hecho que explica precisamente el surgimiento de la figura del señor PESC (una suerte de alto representante de Exteriores), consagrado en Maastricht, que desde ese momento acompañaría al presidente de turno del Consejo, y más tarde trabajaría en plena asociación con la Comisión Europea.

Hoy en día el ejercicio de la presidencia es mucho más que una secretaría, y sin duda algo más que una oportunidad para condicionar la agenda política, se trata de un ejercicio simultáneo de integración y de europeización, en el que deben compatibilizarse los intereses de todos los actores implicados (Estados e instituciones comunitarias), lo que implica que el Estado que preside debe subordinar sus intereses y al mismo tiempo maximizar las oportunidades que el ejercicio de la propia presidencia implica, sobre todo en cuanto a agenda internacional.

Para mí el éxito de la presidencia del Consejo lo determinará el grado de flexibilidad de los actores para adaptarse a las circunstancias políticas, sociales y económicas tan cambiantes que en estos tiempos vivimos.