lunes, 31 de agosto de 2009

¿Ideologías? Aviso a navegantes: de Obama a Japón pasando por Europa


La crisis financiera global ha propiciado la reaparición de debates ideológicos que parecían totalmente superados. En la estela de Obama -y en particular de su loable empeño en la reforma de la Sanidad en los EE.UU.- hay un nuevo discurso político que pone todo su énfasis en lo social. Si en las elecciones europeas hablábamos de una tendencia al no intervencionismo, Barack Obama apunta en sentido contrario, al tiempo que cabe preguntarse si estamos ante un posible resurgir de ciertas izquierdas en Europa. El último indicador serían las regionales de Alemania ayer domingo (leve derrota del CDU de Merkel en Turingia, Sajonia y Sarre), sin menospreciar la paradójica preservación de un notable grado de estatismo en la Francia del liberal Sarkozy. Hoy lunes, no obstante, merece una observación más detenida el resultado de las elecciones de ayer en Japón. Hablan los editoriales de seísmo político en Japón, donde ayer domingo salió victorioso un proyecto de centro-izquierda (PDJ) que apunta a una gran transformación, tras derrotar al partido liberal (PLD) en el poder desde nada más y nada menos que 1955. Este cambio se da diez años después de la reforma electoral, que al privilegiar el voto nominal dio paso al bipartidismo.

Las causas básicas de este cambio político son identificables: el desempleo sin precedentes, la acuciante crisis aderezada con una precariedad laboral tremenda y la denuncia de despilfarro público. Suena contradictorio que el partido ganador anuncie reducir el gasto público con una mano, mientras con la otra promete llenar los bolsillos de subsidios sociales a los necesitados y a las familias con niños (para contrarrestar el alarmante envejecimiento de la población). ¿Cómo resolverá un endeudamiento que se sitúa ya en el 170% del PIB?

Japón afronta por tanto retos parecidos a los nuestros, me refiero a España, incluso el fenómeno de una burbuja inmobiliaria que nos ha estallado en fechas más recientes que a los nipones. La gran diferencia es que Japón gracias a sus elevados índices de productividad, a su mano de obra altamente cualificada y a su industria tecnológica ha conseguido mantenerse como segunda economía del planeta. Ni que decir tiene que cuentan con mejores mimbres que España, aunque de ser ciertas las promesas electorales del PDJ puede ser un banco de pruebas para ver la viabilidad de esas políticas sociales anunciadas.

Entretanto en Estados Unidos, donde se anuncia un repunte de la crisis (creíble o no, es otra cuestión) Obama sigue empeñado en rediseñar el sistema sanitario, y para ello está buscando inspiración en Francia. Si bien es cierto que se tiende a desacreditar la parálisis del burocratismo francés, también lo es que los estabilizadores automáticos y presupuestarios parecen dar resultados aceptables, aunque a costa de un gasto público que endeuda a las generaciones futuras, algo cuanto menos cuestionable. Por ello en Francia también se ha anunciado ya una reducción de los impuestos, para reactivar la economía real.

Es evidente que ha resurgido un debate antiguo propiciado por los abusos y la avaricia de algunos elementos del sector financiero. El enriquecimiento injustificado, las conductas sospechosas, la inyección de dinero público del contribuyente para salvar a unas instituciones financieras que fueron irresponsables, son hechos lo suficientemente escandalosos como para despertar el recelo de la ciudadanía. Nos preguntamos todos si está justificado que con nuestros impuestos, detraídos de nuestros míseros salarios, debamos sufragar a los bancos mal gestionados, a los despilfarros consentidos o no por un poder público, que a todas luces parece desmesuradamente excesivo.

Sin duda las políticas sociales e incluso redistributivas son necesarias, pero no a cualquier precio, no a cambio de lastrar la economía de todos, no a costa del endeudamiento, por ello no estaría de más que la clase política pensara en reducir algunos de sus privilegios al amparo de un entramado político que se autoprotege, bajo el paraguas del derroche.

No hay fórmulas mágicas, pero si bien sí soy totalmente partidaria de fomentar una Europa social, no lo soy a cualquier precio. Me muestro más favorable a nadar y guardar la ropa. En ningún caso de políticas fiscales cortoplacistas (véase caso español en estos momentos), ya que subir los impuestos en momento de crisis lo único que hace es ahuyentar a inversores y empresas, que huirán de nuestro país. No se trata de ideología, sino de fomentar la actividad económica y sobre todo el ahorro del dinero público. En ningún caso veo que la solución pueda pasar por una ideologización que nos lleve a situaciones ya superadas.

viernes, 28 de agosto de 2009

La presidencia española será la de la refundación de la UE

En estos términos se ha expresado el presidente Durão Barroso en una entrevista publicada hoy en La Vanguardia. Personalmente creo que muchas de sus afirmaciones son perfectamente razonables y justificadas, y el hecho de que no haya podido lograr los avances que en su día logró el añorado Delors tienen más que ver con las circunstancias que con su capacidad política. No es lo mismo "manejar" una Europa de 27 que una Europa de 12, máxime cuando aquellos 12 eran países con culturas mucho más próximas y tradiciones políticas por lo general más similares.

Yo era muy joven en la época de Jacques Delors, pero cuando leo los planes diseñados por el presidente Delors me doy cuenta de su inmensa voluntad política, que coincidió en el tiempo y el espacio con la misma voluntad por parte de la mayoría de los dirigentes de los Estados miembros. Era una época en la que se estaba iniciando la verdadera integración. Y creo que el contexto actual es totalmente distinto, y máxime en un mundo globalizado.

Para los que no hayan leído la entrevista, recojo aquí algunas de las ideas más destacables:

Dando cuenta de su gestión en los últimos cinco años, Barroso apunta el apoyo explícito que recibe de estados pequeños, como Lituania, o incluso comunistas, como Chipre. Otros países, gobernados por socialistas, como España, también le dan su apoyo, probablemente por la estabilidad que el portugués ha plasmado en su mandato. Resalta además las iniciativas que ha encabezado la Comisión en esta legislatura contra la crisis financiera y contra el cambio climático. Destacando el papel intransegente de la Comisión contra el proteccionismo, Barroso afirma que es mucho más dañino el pesimismo de los proeuropeos que el escepicismo de los antieuropeos. Señala que la muestra del éxito del modelo social europeo es que Estados Unidos está siguiendo la estela de la economía social europea, y cree que nosotros vamos todavía muy por delante en esa carrera. Sigue diciendo que el hecho de que Estados Unidos ahora mire hacia Europa, no debe proyectar una complicidad entre las dos potencias occidentales, sino que debe imponerse el multilateralismo por el que la UE apuesta, recuperando Europa como inspiración y modelo para todo el mundo, en especial para los países emergentes, como China, India o Brasil. Finaliza Barroso abogando por el supranacionalismo y afirmando que Europa es un sueño pero lúcido, y recordando que el nacionalismo estrecho es estúpido.

jueves, 27 de agosto de 2009

6+5: La FIFA y los derechos de los futbolistas europeos

[Imagen: Michel Platini (presidente UEFA) y Joseph Blatter (presidente FIFA).]


Para los que somos aficionados al fútbol, la famosa sentencia Bosman marcó un hito en lo que representa la Unión Europea y el gran avance que supone para los derechos de los ciudadanos a circular libremente. En los últimos meses se ha producido un enorme y hasta desagradable revuelo a raíz del empeño de la FIFA en imponer una nueva medida discriminatoria, la conocida como la "Regla 6+5". En la propia página de la FIFA se exponen algunas de sus razones para defender dicha regla. La Comisión Europea ha sido contundente, y aquí se accede al comunicado donde se deja de manifiesto el carácter discriminatorio para con los derechos de los trabajadores comunitarios, así como su negativa a acatar dicha norma.

Según los medios de comunicación, la FIFA ya ha adoptado de hecho esta medida, que consiste en obligar a los clubs a tener sobre el campo al menos 6 jugadores nacionales en cada partido. Esto representaría una discriminación para los jugadores comunitarios no nacionales, que ahora están en igualdad de derechos.

En estos momentos la situación está pendiente de resolución. El proyecto prevé que para el 2012 todos los equipos europeos tengan un tope de extranjeros en sus plantillas. Al preguntarse algunos analistas sobre la razón de la insistencia de la FIFA en esta medida, se apunta al deseo de recuperar el poder político y judicial sobre el mercado de traspasos de jugadores. También es cierto que muchas federaciones desean ver reforzadas sus canteras de futbolistas, debilitadas por el aluvión de jugadores de otros territorios comunitarios.

Tan evidente es la lucha de intereses, que el propio Blatter, en una gira diplomática sin precedentes, ha recogido personalmente el apoyo de distintas federaciones y gobiernos europeos para su propuesta. Tras ello, la FIFA presiona para que la UE de los 27 ratifique esta medida al entrar en vigor el Tratado de Lisboa. Curiosamente, existe un paralelismo cuando en 1999 se intentó que en Niza entrara en vigor la discriminación que anuló la sentencia Bosman. Recordemos con respecto a este jugador belga que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en Luxemburgo el 15 de diciembre de 1995 dictó sentencia en la cual declaraba ilegales las indemnizaciones por traspaso y los "cupos de extranjero" de jugadores de Estados miembros de la Unión Europea.

Y por cierto, ¿qué dice la UEFA, presidida por el francés Platini? Por el momento, se mantiene al margen, aunque concienciados por su relación con la UE, están intentando adaptar la proposición del "6+5" al Derecho europeo. Lo cierto es que la FIFA se ha movilizado muchísimo y que los intereses en juego son muy poderosos, pero hay algo bien cierto, y es que la credibilidad de las instituciones de la Unión Europea está en juego, máxime si hay que llegar al recurso del Tribunal como en el caso Bosman, y éste debe afrontar un conflicto de intereses. Habrá que seguir este asunto muy de ceca porque aunque el Tratado de hecho sí ha reconocido la especificidad del fútbol, lo cierto es que el fútbol no está o no debería estar por encima de las leyes.

Vuelta al cole aquí y en Bruselas...

[Imagen: pasillos del Parlamento en Bruselas con cajas y baúles a punto para su traslado a la sede de Estrasburgo, para el próximo pleno de septiembre.]

En los próximos días los eurodiputados regresarán a sus escaños y estrenarán legislatura con una semana de plenario en la pintoresca ciudad de Estrasburgo. Por cierto, ¿sabéis que el traslado a Estrasburgo para el pleno mensual (que dura 4 días) supone movilizar a 4000 personas y decenas de baúles con documentos desde Bruselas? Escalofriante. Queda pendiente para otro día el debate sobre la doble sede, aunque poca tela hay que cortar ahí, sencillamente Francia no renunciará sin contraprestación a cambio. ¿Qué le vamos a hacer? Así son los Estados, dichoso invento.

A lo que íbamos, tal vez se os haya olvidado, pero hace dos meses que votamos, y en lo personal yo fui a votar el 7 de junio, constantando con todos que soplan vientos más favorables al liberalismo que al intervencionismo en toda Europa. Y, por cierto, ya dije que no es aceptable la abstención como argumento de rechazo a Europa, entre otras cosas porque el que se abstiene voluntariamente renuncia a participar y da por bueno lo que decidan los demás, máxime cuando hay decenas de opciones donde elegir (desde el partido antitaurino hasta el partido de la familia, con todo el abanico de matices imaginable). El que no vota acata lo que elige el resto, y sólo el voto en blanco activo podría tener otro tipo de interpretación más política.

Como sigo apostando de forma más que institiva por la Europa política, me molesta cuando algún colaborador tilda mis supuestos de ser demasiado economicistas, aunque bien es cierto que las instituciones internacionales se han fraguado en sus orígenes por una motivación económica. Para un perfil como el mío, sería mucho más atractivo hacer una aproximación intelectual sobre la Unión Europea, aunque eso lo han hecho muchos en el pasado desde distintas posiciones. Tras un breve análisis no se me escapa qué contradictorio sería que yo defendiera en mi tesis una Europa-nación, cuando hablo de desmontar la Europa de las naciones. Y más aún, si acusamos a la tradición nacionalista de haber destruido las posibilidades de un ciudadano universal, ¿cómo justificamos el sistema político supranacional que anule la entidad nacional? Me habría perdido en laberínticas contradicciones intelectuales y filosóficas si hubiera emprendido ese apasionante mundo de la dicotomía entre un demos europeo y una Europa carente de nacionalidades weberianas, o incluso románticas.

¿Hay valores definitivos en Europa? Siempre que alguien ha querido apelar a esos valores como eje de la unidad ha fracasado, sólo el proyecto económico ha propiciado la supervivencia del proyecto, pero este simplismo que defienden los realistas, como Moravscik y Milward, que conceden un peso definitivo a los intereses nacionales, queda fácilmente derribado por otros avances políticos que no son puramente economicistas, y es que lo que a ellos les pasa desapercibido es precismente el elemento clave que hace del proyecto europeo algo genuino, cuando las instituciones comunitarias se convierten en una especie de mutantes que condicionan el futuro, y hay ejemplos incluso entre las directivas sobre energías, telecomunicaciones y demás, en que a menudo el peso de los intereses nacionales quedó supeditado al interés comunitario, ¡qué útil sería demostrar que existe ese interés comunitario per se!

Comprenderéis que sería para mí muy goloso empezar a analizar el legado moral y espirirtual de Europa. Hay intelectuales que se empeñan en desacreditar el proyecto europeo comparándolo con una simple unión aduanera, claro que los que afirman esto justamente son los más nacionalistas, los más euroescépticos, lo hacen con argumentos bastante pedestres. ¿Es la nación un valor a defender? En esta era clarmante global, y por tanto postnacional, yo sinceramente creo que no. Me parece que el escenario global ahora mismo nos dice una cosa: que estamos condenados a llevarnos bien y que, tal como dice Obama hay que tender manos (al mundo musulmán por ejemplo, básicamente porque los musulmanes pacíficos y no fundamentalistas son clara mayoría) y Occidente debe tener la suficiente capacidad política como para propiciar la democratización y laicización de esos estados, aún así ¿Realmente cree alguien que se puede sostener el argumento de que el islamismo amenaza con una substitución de valores en Europa?

Europa ahora mismo tiende hacia algo totalmente distinto a lo que preconiza el islamismo monoteísta, cabrá ver hacia qué, estas elecciones europeas son una señal de que Europa tiende a la reafirmación del individualismo, pero sin renunciar a la capacidad de solidaridad. En Europa ya hemos superado muchos debates morales, desde la Ilustración hasta el nihilismo, hay un constante resurgir de valores morales en Europa, el del europeo que se hace a sí mismo, recuperando lo mejor de nuestra tradición.

Todas estas apasionantes cuestiones son bastante obvias, sin valorar elementos como si Europa tiene poder blando, si es símbolo de progreso moral, referente de valores, etc., porque ese discurso está totalmente politizado y en un ambiente bastante maniqueo y rechazable, en términos de buenos y malos con ese simplismo de las etiquetas y el dogma a uno y otro lado. Cuando se busca ser referente debe evitarse el dogma. Lo sugeriré, pero no lo demostraré más allá de visualizarlo como opción concreta para desmantelar los anacronismos funcionariales estatales. Y así partiendo de pluribus unum, la diversidad en Europa y la condena a estar unidos, llegamos a la colectividad europea, un día espontánea al otro voluntarista, así en estos 52 años.

Tiempo atrás el ciudadano europeo fue más receptivo a lo que venía desde Bruselas, mucho se le debe al gran Delors y su ímpetu federalista. ¿Ya no quedan federalistas en Europa?¿Hay que crear una mística europea para que sea posible de una vez superar las fronteras mentales nacionales? Tal vez estemos en un viaje eterno hacia algo nuevo, o hacia la nada, y lo estaríamos si no fuera por la globalización, por el contraste entre un mundo cada vez más individualizado y más conectado, y por la debilidad competitiva de las naciones europeas. Lo de los sentimientos ya llegará, se intentó en la Convención constitucional, pero retrocedimos al sistema intergubernamental de nuevo. Fue un error elegir un mal momento para Francia, en que los franceses votaron en clave nacional. En cuanto al economicismo, recordemos que la tesis de Habermas de Europa como civilizadora suena bien, pero perderemos la credibilidad si no damos la talla económicamente, esa Europa generosa hacia el mundo no está en sus mejores momentos. Y aún así, ¿cómo construir un centro en Europa con capacidad de producción política al margen de las naciones estado?

Es un espacio de creación política, de opotunidades, una arena muy compleja, pero totalmente desaprovechada hasta la fecha. Se han conseguido amortiguar algunas externalidades etc, de acuerdo, eso lo ha hecho la unión aduanera, pero también hay una oportunidad institucional, la comitología, los lobbies, las regiones, los estados, las redes, las empresas transfronterizas, es alucinante la lucha de intereses que se genera ahí. De hecho la trascendencia de las fronteras es una clave, otra la cantidad de poder legislativo de la UE no está compensado con la capacidad financiera. Debo ir a un modelo que sirva para justificar los intereses nacionales y la toma de decisiones de los ciudadanos, y cómo en el sistema actual unos ciudadanos son discriminados sobre el resto, hoy una región rica de España no recibe fondos (Catalunya) teniendo la misma renta que una región pobre de Francia, que sí percibe, por no hablar del entramado de la seguridad social y la transferencia de derechos de los ciudadanos entre estados, ese asunto no está ni mucho menos resuelto, hay asimetrías incluso en el mercado europeo, y desigualdades territoriales.

No debe olvidarse que en este caso el sistema europeo es muy bueno para el ciudadano porque presiona a los gobiernos locales para fomentar su producción política. Estos análisis me llevaron durante una época a pensar en cómo la Comisión y los gobiernos regionales se apoyaban mutuamente en búsqueda de opciones de aumentar su poder. Se podría construir una teoría institucional a partir de ahí, pero eso sí es wishful thinking, no hay pruebas, por ahora sólo intuiciones.

¿Tiene sentido una identidad Europea?

Este verano he vivido auténticas controversias ideológicas, a través de algunos de los ensayos y reflexiones que he leído sobre el asunto de la crisis de las naciones que me trae de cabeza. Y ahora, retomando la redacción de mi tesis, tras un breve descanso vacacional a caballo entre Cadaqués y Menorca, noto que el debate continúa en mi mente.

Los hay que insisten pertinazmente en sus posiciones inamovibles, defendiendo la superioridad de las identidades nacionales respectivas sobra la supuesta identidad europea. Y cierto es que si algo une a los nacionalistas de toda clase es la noción de identidad y sentimiento. Aunque suelen no tener demasiado en cuenta que las identidades forman parte de la intimidad de las personas y que el mismo argumento sirve tanto para negar una identidad europea como cualquier identidad nacional.

Si unos insisten en que el demos o la identidad Europea es prefabricada y artificial, es fácil argumentar lo mismo con respecto a una entidad nacional. A fin de cuentas, las banderas son convenciones que se impusieron en su momento. Y en la actualidad puede que haya un tipo de Toledo que sienta gran afinidad con un habitante de Florencia, o uno de Barcelona que se sienta más próximo a un ciudadano de Ámsterdam que a uno de Sabadell. Así que ni la españolidad, ni la catalanidad, en este caso, deben darse por hechas de forma espontánea.

Me refiero con esto a algo que va más allá de la globalización, pues es evidente que hoy en un par de horas uno se traslada de Burgos a Berlín, y el burgalés puede pasar su vida sin que jamás llegue a conocer a nadie de Badajoz. Siempre ha sido así, pero gracias al mundo globalizado e interconectado, queda patente que las fronteras físicas, queramos o no, son imposiciones que a veces no coinciden con las fronteras culturales, ni siquiera mentales. ¿Por qué debería ser el burgalés más afín al extremeño que al berlinés?

¿De dónde procede el poder "otorgado" del Estado-nación tal como lo hemos conocido? Si echamos un vistazo al devenir de la historia europea desde el Medioevo, no podemos soslayar el cambio notable que se produjo con el surgimiento de las naciones como instrumento de poder, así como las sucesivas guerras que se han prolongado hasta mediados del siglo XX. En la Edad Media un bávaro seguramente no se planteaba su futuro en relación con el poder del estado alemán en su conjunto sobre sus vecinos continentales. Se pasó de una Edad Media en la que la escala era esencialmente local a una creación estatal impuesta destinada a modelar una identidad nacional compartida, fomentando además un sentido de rivalidad con el resto de los Estados-nación del entorno.

El mecanismo de amenaza (real o ficticia) ha sido extremadamente útil en ese proceso. Podríamos decir que en España ocurrió en el conflicto que enfrentó a las dinastías Borbón y Habsburgo a finales del siglo XVII. Identificar al Habsburgo como enemigo de la nación tuvo dos ventajas para el Borbón, promovió una lealtad al estado y al monarca, y además propició una unidad interior frente al enemigo externo. Este paradigma ha funcionado en todas las naciones europeas de forma análoga, aunque con distintos enemigos (por ejemplo para Alemania, primero el Imperio Austro-Húngaro y más tarde la URSS).

En todo caso, la creación del imaginario colectivo siempre se ha hecho desde arriba hacia abajo y de forma estatocéntrica, en general alrededor de una figura monárquica. Entre los siglos XVI y XVIII se formaron prácticamente todas las entidades nacionales en Europa mediante estos mecanismos.

Reconozco que si achacamos al Estado-nación los males de la historia, los enfrentamientos y la sangre derramada, tal vez no tenga sentido clamar por un Estado europeo. El sentido de pertenencia no debe ser tan importante para lo que ahora nos traemos entre manos. Si tratamos de crear una Europa política no podamos basarnos en la identidad, porque la identidad tiene que ver con los sentimientos y no es posible obligar a nadie a sentirse europeo. Es probable que el vecino de nuestro rellano tenga un sentido de identidad distinto al nuestro. ¿A qué sentirá más apego? ¿A su barrio, su ciudad, su comarca, su región, su nación, su continente, el planeta?

Nunca lograremos con éxito etiquetar las identidades, así que debemos buscar otros argumentos para legitimar la construcción europea, y no me refiero sólo a los pragmáticos que tienen que ver con la eficiencia económica y con la libertad individual, aludo sobre todo a los que tienen que ver con la justicia, e incluso con la equidad.

La Europa política nos ofrece la ocasión de construir algo nuevo, mejor y más justo. Y sólo la UE y sus instituciones pueden tener la fuerza para superar las dinámicas de los Estados-nación sin encontrar una resistencia conflictiva.

Si Europa tiene un don es la dualidad que nos brinda, la preservación de las múltiples identidades en el seno de una identidad múltiple. La UE no necesita imponer coercitivamente, porque todas las identidades tienen cabida en ella. No hablo de creaciones artificiales (como lo fueron las naciones europeas actuales en su momento), porque si algo tiene nuestra sociedad actual es que está interconectada de forma natural y prácticamente irreversible.

Abogo por recuperar en cierta forma aquella Europa medieval de comercio y libertad, espontáneamente interconectada. Más que nunca debemos pensar globalmente y actuar localmente. La potencia política y cultural de una Europa unida, junto con la fuerza de nuestras particularidades, debe empujarnos aprovechar el ímpetu (e incluso la amenaza para los que lo vean así) del mundo globalizado, porque la integración de nuestras economías es un camino de no retorno que facilita la consecución de un fin común, que tiene que ver no ya con la prosperidad, incluso con la supervivencia.


(Continuará…)

miércoles, 26 de agosto de 2009

El presidente Barroso en Barcelona

[Imagen: El presidente Barroso con el conseller Castells, durante la Conferencia en Barcelona.]

Ayer martes estuvo entre nosotros el presidente de la Comisión Europea, Durão Barroso, para presidir el congreso de la European Economic Association. Una vez más, Barroso nos sorprende con su admirable don de lenguas, no sólo hace gala de un inglés envidiable, su español es muy coherente, y (last but not least) se ha dirigido en un precioso catalán a la audiencia, tanto al principio como al final de su intervención.

Siempre me ha gustado la insistencia de Barroso a lo largo de los cinco años de su presidencia, en enfatizar la falta de compromiso real de los Estados miembros y los gobiernos nacionales en la coordinación política. Ayer en Barcelona ha vuelto a denunciar la escasez de cultura de cooperación que existe entre ellos. Aún así apunta a 2010 como año crucial en la recuperación económica, aunque reconoce que España es el país que mayores dificultades va a afrontar por la debilidad -esperemos que transitoria- de nuestro sector productivo. Conociendo el rigor institucional del presidente, y a pesar de ser un político liberal-conservador es cierto que no ha atacado directamente las políticas (o incluso la inacción) del Ejecutivo español, aunque en ocasiones las insinuaciones son suficientemente delatoras. Claro que me gustaría que el presidente europeo tuviera más poder para "mojarse", pero por ahora es prioritario garantizar su independencia y neutralidad, y creo que Barroso ha dado ese perfil.

En líneas generales, Barroso apuesta por fomentar los estímulos fiscales para la inversión, y concluye que sólo podemos influir en la economía mundial si le damos una dimensión europea a las políticas económicas, por ello demanda una coordinación urgente de todas las naciones europeas porque sólo nos queda un camino: liderar la economía mundial. Aquí pueden acceder a más información sobre el discurso.

En clave catalana, se ha felicitado de que Barcelona tenga sede de la Comisión Europea, sin ser capital de estado. Al final de su conferencia ha recordado que la UE contribuye de forma continuada a la financiación de Catalunya, y ha puesto algunos ejemplos de obras que se han financiado con fondos europeos: el 30% de la ampliación del aeropuerto del Prat, el 75% de la desalinizadora del Llobregat y el 72% del AVE que une Madrid con la frontera francesa. Barroso por último ha elogiado la tradición intensamente europeísta de los catalanes en general y de los barceloneses en particular.

Cabe recordar que en las próximas semanas, Barroso deberá ser ratificado por el Parlamento Europeo, en un hecho sin precedentes en la historia comunitaria, gracias a que la eurocámara ha forzado que el portugués se someta al escrutinio de los eurodiputados antes de ser reelegido por un nuevo mandato. Este hecho simboliza el inicio del fin de la era en que los Estados miembros tenían la plena potestad sobre los nombramientos que afectan a la Comisión, es decir al gobierno europeo. Avanzamos en la buena dirección. Y aquí contaremos lo que suceda en este otoño, crucial para el futuro de Europa, con la reforma del gobierno de la Comisión como punta de lanza de esos cambios.

Como han observado, he usado expresamente el verbo simbolizar, porque la sesión de control será en realidad un control simbólico y no decisivo, y aunque pudiera ser decisivo, en estos momentos el PPE (que apoya a Barroso) tiene mayoría en la Cámara. Cabría preguntarse qué ocurriría si la Eurocámara tuviera una mayoría de color político distinto, ¿serían capaces de rehusar a Barroso y proponer otro nombre para presidir la Comisión? Posiblemente lo veremos en el futuro no lejano, hace una década era impensable que el Parlamento Europeo pudiera llevar a cabo una muestra de poder tan manifiesta sobre la Comisión Europea. Les parecerá insuficiente, pero a mí me esta música me suena muy bien.

martes, 25 de agosto de 2009

Lo último en la demagogia antieuropeísta (Eurosceptics Demagogic Campaigning, Breaking News?)

Estos últimos días se ha producido un debate intenso y casi agresivo a tenor de la política de comunicación de la Unión Europea. Merece la pena que dediquen cinco minutos a leer esta noticia, donde se da cuenta de los hechos.

Toda excusa, cualquiera, sirve para atacar a las instituciones europeas, el blanco fácil de los descontentos con el gasto público. No conozco a persona a la que agrade pagar impuestos y nunca los gobiernos gastan nuestro dinero de la mejor forma posible, pero en el caso de la Unión Europea, los críticos reincidentes caen en contradicciones flagrantes.

Es loable exigir la transparencia, pero cierto es que si una de las debilidades que se achaca a la Unión Europea es la falta de cercanía con el ciudadano y el desconocimiento general de las actividades y políticas comunitarias, no puede obviarse la necesidad de que se desarrolle una política específica de comunicación. Se trata de ofrecer información sobre lo que hacen la Comisión y sus direcciones generales, el Parlamento y sus miembros, e incluso de lo que cocinan nuestros gobiernos y ministros en el laberíntico Consejo. Como bien dice el artículo que enlazo la propaganda tiene el fin de movilizar y manipular, mientras que la comunicación trata de dar a conocer hechos, es información, aquello que demanda la ciudadanía europea.

El debate subyacente que apoya que la información debería dejarse en manos de medios privados exclusivamente tampoco parece sostenerse. A fin de cuentas el medio privado también es prisionero de grupos de interés y de sus audiencias, hoy más que nunca totalmente fragmentadas ideológicamente.

No parece sensato que la divulgación de las numerosas funciones que desempeñan las instituciones comunitarias quede en manos de grupos más o menos sectarios ni de intereses particulares. Por ello, plataformas como Euronews, Euranet, Presseurop, EuroparlTV ofrecen un servicio público muy claro, y son una forma de que los europeos -siempre quejosos de la escasez de información sobre la UE- tengan acceso a las políticas europeas, y más importante aún, contribuyen a crear un espacio de opinión europeo, algo que muchos demandan continuamente.

Si los medios nacionales están completamente politizados, deberíamos valorar la posibilidad de un conocimiento mucho más abierto y menos tendencioso que nos brindan las plataformas de comunicación europeas, donde además de difundir cómo funciona este laberinto comunitario, se propicia el debate político de fondo, incluso se da cabida a los críticos con la propia UE tienen su eco.

Y por cierto, a los eternos protestones, a los que están tan amargados por la presencia de la Unión Europea en sus vidas, les queda una opción perfectamente democrática. Pidan a sus gobiernos que abandonen la Unión Europea, este no es un club de admisión obligatoria, uno puede salir de él libremente cuando lo desee. Hasta ahora nadie lo ha hecho, tan malvado no debe de ser. Eso sí, no podrán quejarse del eco que se les da en los medios "europeos" que tan deleznables les resultan. Claro que no renunciarán a su cuota de gloria mediática. Incluso los críticos forman parte de Europa, y de eso se trata, de que exista una verdadera y diversa opinión pública europea, cuanto más formada mejor. El debate no es otro que el de la calidad democrática.

domingo, 23 de agosto de 2009

Federación y autodeterminación

Leía un día de esta semana de rentrée una entrevista a un político catalán nacionalista, quien afirmaba que existe una intensa aunque callada energía en la sociedad catalana que va más allá de las ambiciones nacionalistas, aunque no se atrevía a afirmar si esta oleada se sitúa más allá o más acá del soberanismo.

No entraré en el juego político catalán en este blog, pero sí creo que ha habido un salto cualitativo en la percepción de la importancia de la fragmentación territorial en el Estado español. Y en esto tiene mucho que ver la globalización y Europa jugará un papel fundamental y decisivo.

Me gustaría proponerles que lean algunos de los textos que ha escrito Kenichi Ohmae sobre la fuerza de las regiones, y las vías de progreso y prosperidad que les brinda el mundo globalizado. Los territorios pequeños tienen condiciones idóneas para desarrollarse de forma muy especializada y ser competitivos. Otro día escribiré a fondo de algunas de las regiones de China que han logrado sortear las condiciones políticas estatales para competir y prosperar, atraer inversión y conseguir índices de riqueza muy superiores a otras naciones libres del planeta.

China no es un Estado federal, pero sus mandatarios han sido lo suficientemente listos como para hacer la vista gorda y dejar hacer a algunas de las regiones gobernadas por líderes con mayor visión y capacidad. Desde este punto de vista existe una cierta federalización. Hay una analogía con los modelos federales muy clara, y ahí podemos extraer una lección para la Unión Europea. Recordemos que “la federación es una unión permanente, basada en el libre convenio, y al servicio del fin común de la autoconservación de todos los miembros, mediante la que se cambia el status político de cada uno de los miembros en atención al fin común”. Sabemos que hay conflictos de poder en la UE, algunos se sobrellevan en los Consejos entre los jefes de Estado, otros acaban por resolverse de forma pacífica por la vía legal, y ahí está el Tribunal como árbitro.

Imaginemos que en un momento dado para que se cumpla la garantía de la libertad de mercado (el principal mandato de la UE) sea preciso unificar el sistema educativo. Cabría preguntarse si la UE tendría competencias para implementar un sistema educativo sometido a la libre competencia, y así podríamos seguir abarcando distintos ámbitos de la sociedad, que de una u otra forma estuvieran vinculados con la dimensión económica, planteándonos la misma duda.

Hay un caso muy claro, la UE regula para des-regular, es decir para eliminar trabas, para garantizar una verdadera unidad de mercado de Cádiz a Oslo. La práctica es que se generan barreras dentro de los Estados, sin ir más lejos en España en estos momentos se está vulnerando la unidad de mercado mediante las regulaciones autonómicas. Son cuestiones que están sin resolver en el entramado legal.

Se relaciona directamente con este conflicto el principio de subsidiariedad, que como sabemos tiene el sentido de propiciar que la Unión sólo actúe en las políticas que puedan ser ejecutadas de forma más eficaz en común, que por cada uno de los Estados miembros individualmente. Así, el principio de subsidiariedad ataca directamente a la soberanía o al propio concepto esencial del estado-nación, al reconocer que éste no puede ser en sí mismo una plenitudo determinationis. Este principio en realidad justifica las transferencias de poder a la Unión y es además un principio formal que no se agota en ninguna aplicación.

No es difícil deducir que la UE está por tanto sometida a continuas decisiones que tienen que ver con los límites de su propia soberanía. El conflicto existencial que supone la preeminencia de la legalidad europea sobre la nacional, y a su vez de la nacional sobre la subnacional puede llegar a ser paralizante, hasta el punto de que dificulte no ya la subsistencia sino de que la guerra de intereses derive en una auténtica suma cero.

Los intereses nacionales siguen estando presentes en las decisiones europeas, pero pierden fuelle porque ralentizan -cuando no impiden- el crecimiento de las políticas europeas. La homogeneidad en el sentido nacional ya ha quedado atrás en el tiempo. La fuente de intereses, pertenencias y afectos está más difuminada. No existe tal homogeneidad a escala europea, ni mucho menos, pero la UE es precisamente la única que garantiza el equilibrio entre la homogeneidad y la heterogeneidad, que sin descansar en el deus ex machina de la entidad nacional ha garantizado y garantizará el mayor período de paz de la historia en nuestro continente.

No tengamos miedo a ciertos debates y pensemos que el estado-nación tiene la oportunidad de quedar para los libros de la historia y abrir paso a algo nuevo, a nuevas formas de soberanía más eficaces y más cercanas al ciudadano.

domingo, 2 de agosto de 2009

Gracias, Europa


[Los premiados por Espacio Europa en la Comisión Europea, con Mr. Costello del gabinete de Wällstrom.]

Hoy es día de ajetreo, empiezan mis vacaciones, y no quería marcharme sin agradecer a la Delegación de la Comisión Europea en España la estupenda expedición organizada los pasado 22 y 23 de julio, para que los premiados por Espacio Europa pudiéramos realizar una visita institucional en Bruselas. El viaje fue placentero, tanto por el nivel de los conferenciantes como por el contenido de la agenda, las comidas compartidas entre este grupo heterogéneo de europeístas empedernidos procedentes de muchos rincones distintos, y la visión desde dentro de las luces y sombras de ese laberíntico entramado (como el edificio del Consejo) de Bruselas, donde por cierto viven 1300 periodistas siguiendo todo lo que se cuece en el gobierno europeo, dirigido por una Comisión formada por 24.000 funcionarios que velan por que se cumplan los acuerdos pactados entre todos los Estados miembros y que luchan por la verdadera libertad de mercado, por la igualdad de derechos y por la limitación de los excesos de ciertos estados. Tenemos mucho que decir como bloggers y no está de más recordarlo, sea en la lengua que sea, no en vano ahí están las 23 cabinas de traducción que rodean el hemiciclo bruselense, aunque paradójicamente la nº 23 corresponda al gaélico y en la práctica jamás se utilice. ¿Habéis pensado que existen hasta 506 combinaciones lingüísticas posibles? Dado que es inoperativo cubrirlas todas, lo habitual es que los intérpretes -pongamos por caso finlandés que deba traducir una intervención en maltés- decidan traducir la versión del intérprete inglés, algo que da lugar a todo tipo de anécdotas y que implica un empobrecimiento del lenguaje y de los contenidos de las intervenciones, aún así ¿merece la pena preservar el multilingüismo en la cámara que representa el sufragio universal? Seguramente sí, se trata de símbolos y las lenguas enriquecen, aunque inconscientemente y sin imposiciones el inglés devenga en lengua franca de uso natural. Prometo un análisis serio sobre el multilingüismo en la UE a la vuelta de las vacaciones, y veremos cómo me posiciono sobre la presencia del catalán en la Eurocámara...




Entretanto, mil gracias por el viaje y por la estupenda gente que allí coincidimos.

Gracias especialmente a Alberto Mélida... Ya sabes, hay que repetir la expedición más pronto que tarde.